Trasplantes de corazón récord: 130 cirugías en 2025, 180 pacientes en lista de espera y el llamado a sumar más donantes

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En 2025 se realizaron 130 trasplantes de corazón en Argentina, superando el promedio de una intervención cada tres días y marcando un récord histórico según datos del INCUCAI, pero aún hay unos 180 pacientes en lista de espera —25 en estado crítico— y los especialistas advierten que, pese a la Ley Justina, sigue siendo clave fortalecer la cultura de la donación.

En el país, hoy “una persona recibe un trasplante cardíaco cada tres días”, una frecuencia que refleja el crecimiento del sistema de procuración y trasplante. Durante 2025 se concretaron 130 trasplantes cardíacos, la cifra más alta registrada para este tipo de intervención.

Pero detrás de esos números hay otra cara: más de 9.500 personas figuran en lista de espera para algún trasplante, de las cuales alrededor del 75% aguarda un órgano y el resto, córneas y tejidos.

En el caso específico del corazón, cerca de 180 pacientes esperan un trasplante a nivel nacional y 25 se encuentran en situación de urgencia o emergencia, internados y dependientes de drogas endovenosas o soporte mecánico para sostener la función cardíaca.

“Aunque cada trasplante representa una vida salvada y una nueva oportunidad, la diferencia entre la cantidad de pacientes que esperan y los órganos disponibles continúa siendo una preocupación central”, remarca Mirta Diez, jefa del Servicio de insuficiencia cardíaca, hipertensión pulmonar y trasplante cardíaco del ICBA Instituto Cardiovascular.

Insuficiencia cardíaca avanzada: cuándo el trasplante es la única opción

El trasplante cardíaco se indica en cuadros graves que no responden a otros tratamientos, en general asociados a insuficiencia cardíaca avanzada. “En su estado avanzado es una enfermedad grave y progresiva, asociada a una elevada mortalidad. Aun con tratamiento médico óptimo, la mortalidad anual puede variar entre el 25% y el 45%, especialmente en los pacientes con formas más severas”, explica Diez.

Para muchos de ellos, “el trasplante cardíaco constituye una alternativa terapéutica capaz de prolongar y mejorar la calidad de vida”.

La especialista subraya el impacto humano de la espera: “Detrás de cada persona en lista de espera hay historias de enorme fortaleza humana, internaciones prolongadas, tratamientos complejos y un profundo impacto emocional tanto para los pacientes como para sus familias.

Esperar un órgano implica convivir diariamente con la incertidumbre, la fragilidad y la esperanza”. Al mismo tiempo, recuerda que “cada trasplante también es posible gracias a otra historia: la decisión de una persona y su familia que, en medio del dolor y el duelo, toma la decisión de donar”.

Ley Justina: donante presunto y el desafío de consolidar una sociedad donante

La legislación argentina establece, a través de la Ley 27.447, que toda persona mayor de 18 años es considerada donante de órganos y tejidos salvo que haya dejado constancia expresa de su oposición. Se la conoce como Ley Justina, en homenaje a Justina Lo Cane, una niña de 12 años que murió en 2017 mientras esperaba un corazón.

La norma, sancionada en 2018, “permitió avanzar en la concientización social y agilizar procesos vinculados a la donación y el trasplante”, aunque los especialistas enfatizan que “los procesos sociales llevan tiempo y es necesario acompañarlos a través de una difusión continua”.

Lucrecia María Burgos, integrante del mismo servicio del ICBA, pone la vara internacional: “Si analizamos datos internacionales de donación de órganos, España continúa siendo líder mundial, con tasas cercanas a los 50 donantes por millón de habitantes, mientras que Argentina presenta tasas aproximadas de 17 a 20 donantes por millón de habitantes”.

Aunque los datos nacionales muestran un crecimiento, “aún existe un amplio margen para seguir creciendo como sociedad donante y reducir la mortalidad de quienes esperan”. Para Burgos, “una sociedad que elige donar es una sociedad más solidaria, más justa y más equitativa que reconoce en la vida del otro un valor tan importante como la propia”.

Derribar mitos y conocer los derechos del paciente trasplantado

La donación sigue rodeada de temores y falsas creencias. “Uno de los tabúes más frecuentes es creer que si una persona es potencial donante, el equipo médico podría ‘hacer menos’ para salvarle la vida. Esto es completamente falso”, aclara Rocío Baro Vila, médica del staff de insuficiencia cardíaca, hipertensión pulmonar y trasplante del ICBA.

“El objetivo de los profesionales de la salud siempre es salvar la vida del paciente utilizando todos los recursos disponibles. La posibilidad de donación recién se considera cuando existe un diagnóstico irreversible y confirmado bajo criterios médicos y legales extremadamente estrictos”, añade.

Baro Vila destaca también los avances en el cuidado postrasplante: “Los avances en inmunosupresión, el seguimiento más preciso del rechazo, las técnicas quirúrgicas, el manejo de infecciones y el cuidado multidisciplinario cambiaron de manera significativa el pronóstico de los pacientes trasplantados.

Actualmente, la supervivencia es cada vez mayor y con buena calidad de vida”. “También mejoró el proceso completo alrededor del trasplante: la selección de donantes y receptores, la preservación de órganos y el acompañamiento clínico posterior”, lo que permitió transformar al trasplante “de una terapia ‘de rescate’ a una estrategia con resultados cada vez más previsibles y sostenidos en el tiempo”.

En paralelo, las personas trasplantadas cuentan con un marco de protección específico: la Ley 26.928 creó un régimen de protección integral que garantiza, entre otros beneficios, cobertura del 100% de los medicamentos y estudios relacionados con el trasplante, gratuidad en el transporte público nacional y una asignación mensual en caso de desempleo.

Para ejercer estos derechos es necesario tramitar una credencial emitida por el INCUCAI o el organismo provincial, cuyo formato fue actualizado en octubre de 2024 para incorporar un código QR validable en el sistema SINTRA.

Con técnicas quirúrgicas más seguras, inmunosupresores de nueva generación y un marco legal que agiliza la donación y protege al paciente trasplantado, el gran desafío para los próximos años será incrementar el número de donantes efectivos, porque de esa decisión social dependen tanto la planificación de los programas de trasplante como la posibilidad de que la industria de tecnologías médicas y farmacéuticas siga ampliando las opciones terapéuticas para la insuficiencia cardíaca avanzada en la Argentina y la región.

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