Omega-3 y dolor neuropático: un equipo argentino abre una nueva vía analgésica

Carlos Laino Universidad de la Rioja

Un grupo de científicos de la Universidad Nacional de La Rioja, liderado por el bioquímico y farmacólogo Carlos Laino, demostró en un modelo preclínico que el aceite de pescado enriquecido con ácidos grasos omega-3 puede reducir de forma marcada el dolor neuropático periférico y favorecer la recuperación del nervio ciático, y ahora busca financiamiento para avanzar a estudios clínicos y a una combinación con morfina que permitiría reducir dosis de opioides en cirugías.

En la práctica clínica, el dolor neuropático periférico es un problema tan frecuente como frustrante. Puede aparecer en los pies de una persona con diabetes, como secuela de infecciones como el herpes zóster, en pacientes con VIH, artritis reumatoidea, lupus o esclerosis múltiple, luego de un ACV, tras un accidente automovilístico que daña un nervio, en el contexto de ciertos tratamientos oncológicos o incluso después de una amputación, bajo la forma de “dolor fantasma”. En todos los casos, el denominador común es el mismo: un dolor persistente, difícil de tratar y con fuerte impacto en la calidad de vida.

“En realidad, es el llamado dolor neuropático periférico, condición que sufre entre el 7% y el 10% de la población mundial y que tiene una naturaleza debilitante y frustrante”, explicó Carlos Laino (en la imagen principal), director del Instituto de Biotecnología de la UNLaR, al presentar su trabajo sobre los omega‑3. El estudio, realizado en ratas con lesión del nervio ciático, fue publicado en el Journal of Pharmacy and Pharmacology de la Royal Pharmaceutical Society bajo el título “Efectos beneficiosos del aceite de pescado enriquecido con ácidos grasos omega‑3 en el desarrollo y mantenimiento del dolor neuropático”.

Cómo actúa el omega‑3 sobre el dolor neuropático

El grupo de La Rioja se propuso evaluar si un aceite de pescado concentrado en EPA y DHA —los principales omega‑3 marinos, presentes en salmónidos, sardinas y anchoas— podía modificar la evolución del dolor neuropático y la recuperación del nervio lesionado. Para eso utilizaron un modelo clásico de lesión por constricción crónica del nervio ciático en ratas, registrando dos manifestaciones clave: la alodinia mecánica (dolor ante estímulos que no deberían doler, como el roce de una toalla o una sábana) y la hiperalgesia térmica (respuesta exagerada al frío o al calor).

Laino resumió así el cuadro clínico que intentan emular: la alodinia mecánica es “el dolor provocado por un estímulo que normalmente no debería causarlo. Por ejemplo, el roce de la ropa, el contacto con una sábana. Un tipo de hipersensibilidad”. La hiperalgesia térmica, en tanto, es “una respuesta de dolor exagerada o amplificada ante estímulos asociados al frío o al calor, que en una persona sana provocarían poco o ningún dolor”. A esto se suma el daño neuronal, cuando “se altera o daña un nervio y transmite cualquier señal que normalmente no transmitiría”.

En el modelo experimental, las ratas con lesión del ciático recibieron por vía oral aceite de pescado enriquecido con omega‑3 a dosis de 0,36 o 0,72 g/kg por día, o bien solución salina como control, durante 21 días. Los investigadores midieron la sensibilidad al calor y al estímulo mecánico en días 3, 7, 14 y 21. Los resultados fueron contundentes: la dosis más alta de omega‑3 “revirtió la hiperalgesia térmica y redujo de manera significativa la alodinia mecánica”.

Además del alivio sintomático, el tratamiento con omega‑3 “promovió la recuperación del índice funcional del ciático y restauró la densidad y la morfología axonal, sin formación de neuromas en los nervios lesionados tras 21 días”, un dato que sugiere un efecto regenerativo, no solo analgésico. Laino lo sintetizó en una entrevista radial: “Lo que más nos sorprendió fue observar que no solamente mejoraban los síntomas asociados al dolor neuropático, sino que además se producía una regeneración del nervio lesionado. Eso para nosotros fue algo realmente fantástico”.

Los límites de los tratamientos actuales y el lugar del omega‑3

Hoy, el dolor neuropático periférico se trata habitualmente con antidepresivos y anticonvulsivantes, fármacos que han mostrado cierta eficacia pero con un techo bajo. “El primer problema es la baja eficacia. Hay estudios que dicen que menos del 50% de los pacientes logra un alivio realmente satisfactorio ante este tipo de dolor”, señaló Laino. El segundo problema es “la presencia de efectos adversos. Hay estudios que dicen que el 80% de las personas que reciben estos medicamentos experimentan al menos un efecto adverso, por ejemplo somnolencia, mareos y náuseas”.

“Faltaba una alternativa de tratamiento”, planteó el investigador. El omega‑3, que ya contaba con evidencia robusta como antiinflamatorio cardiovascular, parecía un candidato razonable para explorar un rol analgésico más allá de la inflamación. La hipótesis, ahora respaldada por datos en animales, es que la acción de estos ácidos grasos sobre membranas neuronales, mediadores inflamatorios y vías de señalización del dolor podría modular tanto la percepción periférica del dolor como la capacidad de los nervios de regenerarse.

Laino remarcó, no obstante, que “aunque los resultados son muy alentadores, todavía es prematuro definir dosis terapéuticas para pacientes con dolor neuropático hasta que concluyan los estudios clínicos en humanos”. Por ahora, su recomendación es de sentido común: incorporar pescado graso a la alimentación “al menos una vez por semana” y, en el plano de la ciencia, preparar el salto de los modelos experimentales a ensayos controlados en pacientes.

Una combinación con morfina para reducir opioides en cirugía

En paralelo a este trabajo, el equipo de La Rioja tiene muy avanzado lo que Laino llama un estudio “pariente”: la combinación de omega‑3 con morfina para analgesia en el contexto quirúrgico. Años atrás, el grupo había demostrado en modelos animales que la suplementación con omega‑3 potenciaba el efecto analgésico de la morfina, permitía usar dosis más bajas del opioide, atenuaba el desarrollo de tolerancia y reducían efectos adversos típicos como la constipación y la depresión respiratoria.

En base a esos resultados, ahora preparan un ensayo clínico fase 2, doble ciego, con 40 pacientes sometidos a cirugía de vesícula, una intervención en la que el uso de morfina está estandarizado. “A fines de junio, esperamos hacer el estudio de fase 2, doble ciego, con 40 pacientes. La mitad recibirá placebo y la otra mitad, esa combinación antes, durante y después de la cirugía de vesícula”, adelantó Laino. “Los pacientes recibirán menos morfina y, en su lugar, omega‑3”, resumió.

La lógica del protocolo, registrado como un ensayo aleatorizado en ClinicalTrials.gov, es evaluar si la suplementación perioperatoria con omega‑3 permite mantener un buen control del dolor con una carga total menor de opioides, reduciendo así el riesgo de efectos adversos y de exposición innecesaria a analgésicos con potencial adictivo. En un mundo que mira con atención la crisis de opioides, cualquier estrategia que permita bajar dosis sin perder eficacia analgésica despierta interés tanto clínico como regulatorio.

Ciencia pública, socios privados y el desafío de escalar

Como ocurre con buena parte de la investigación biomédica en Argentina, el siguiente paso no depende solo de la evidencia científica sino también de la capacidad de financiación y de articulación con la industria. “Pero nos falta un socio. Existe una vía de financiamiento del Gobierno nacional, pero precisás un socio privado al que le pueda interesar tu propuesta”, explicó Laino, al describir las gestiones con laboratorios locales. “Hablamos con un par de laboratorios nacionales. Uno descartó la propuesta y el otro lo está pensando”, contó.

Aunque considera que “el subsidio es bueno”, advirtió que “el Conicet, con esta gestión, está mucho más cerrado”. Y graficó: “Con esta lucecita de subsidios que hay, uno se quiere prender, pero no es fácil. Quizás no está mal, porque así tu proyecto puede hacer el puente. El tema es que las farmacéuticas a veces son estructuradas. Hay que admitir que, desde la pandemia, la industria nacional se empezó a animar mucho más que antes a probar cosas nuevas, realmente. Pero todavía falta mucho”.

En un escenario donde el dolor crónico neuropático seguirá en alza por el envejecimiento poblacional, la diabetes y la supervivencia a tratamientos oncológicos, el hallazgo de un efecto analgésico y regenerativo de los omega‑3 en modelos experimentales, sumado a la posibilidad de combinarlos con opioides para reducir dosis, abre una ventana de oportunidad para que la industria farmacéutica local y regional explore formulaciones, ensayos y alianzas que podrían diferenciar su oferta en un mercado de analgésicos hoy dominado por moléculas con baja eficacia y alta carga de efectos adversos.

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