Un riñón de cerdo modificado mantuvo a un paciente sin diálisis durante 271 días

Tim Andrews en el Massachusetts General Hospital

Tim Andrews, de 66 años, recibió en Estados Unidos un riñón de cerdo con 69 modificaciones genéticas. El órgano funcionó nueve meses como puente hasta un trasplante humano, un récord reportado en The Lancet.

Un riñón proveniente de una cerda Yucatán miniatura llamada Wilma permitió que Tim Andrews (en la imagen principal), un paciente estadounidense de 66 años con enfermedad renal terminal, permaneciera libre de diálisis durante 271 días. El procedimiento, realizado por el equipo de Mass General Brigham en enero de 2025, marcó la mayor supervivencia sin diálisis documentada tras un xenotrasplante de riñón porcino en una persona viva y, según los investigadores, el primer caso mundial en el que este tipo de órgano actuó como puente efectivo hacia un posterior trasplante renal humano.

Andrews padecía insuficiencia renal terminal causada por diabetes tipo 2. Su situación previa era crítica: tenía apenas un 9% de posibilidades de recibir un riñón humano en los siguientes cinco años, frente a un riesgo superior al 40% de morir o ser retirado de la lista de espera. En ese contexto, el xenotrasplante ofreció una alternativa transitoria para evitar la diálisis mientras aguardaba la disponibilidad de un donante humano.

El caso fue publicado en la revista médica The Lancet y vuelve a poner en el centro del debate sanitario la capacidad de los órganos de cerdo genéticamente modificados para reducir, al menos de manera parcial, la brecha entre la demanda de trasplantes y la oferta de órganos humanos.

Un órgano con 69 modificaciones genéticas

Antes de la intervención, Wilma recibió 69 modificaciones en su genoma. Parte de esas alteraciones se orientó a reducir riesgos vinculados con virus que podrían representar una amenaza para los seres humanos; otras buscaron mejorar la compatibilidad inmunológica del órgano y disminuir las probabilidades de rechazo.

Los cirujanos trasplantaron el riñón en Massachusetts General Hospital el 25 de enero de 2025. El objetivo no era reemplazar definitivamente la necesidad de un órgano humano, sino funcionar como una solución de transición para un paciente con pocas opciones y alto riesgo clínico.

Para Andrews, el cambio fue tangible en su vida cotidiana. Describió el trasplante como un “milagro” y relató: “Estaba vivo, y hacía mucho tiempo que no me sentía así”. Durante el período sin diálisis pudo cocinar, pasar la aspiradora y realizar caminatas largas junto a su perro, Cupcake.

El récord de 271 días sin diálisis

El riñón porcino mantuvo su función durante nueve meses, o 271 días, antes de que comenzara a fallar. El equipo de Mass General Brigham señaló que se trata del período más prolongado sin diálisis alcanzado después de un xenotrasplante de riñón de cerdo en un ser humano vivo.

El antecedente inmediato mostraba las limitaciones todavía existentes en este campo. El primer trasplante de riñón de cerdo en una persona viva, realizado en 2024, concluyó a los 52 días tras la muerte del paciente por problemas cardíacos no relacionados con el órgano trasplantado. Además, The Lancet indicó que hasta ahora no se habían documentado supervivencias de xenoinjertos superiores a dos meses.

La evolución de Andrews extendió de manera significativa ese umbral. Sin embargo, aproximadamente seis meses después del trasplante comenzaron a registrarse daños en los vasos sanguíneos del riñón porcino. El deterioro avanzó hasta causar el fallo del órgano, que fue retirado a los nueve meses de la cirugía.

Del xenotrasplante al riñón humano

Luego de pasar varios meses nuevamente en diálisis, Andrews recibió un riñón de un donante humano fallecido. Durante los seis meses de seguimiento posteriores, ese órgano funcionó correctamente.

Un aspecto central del caso fue que no se detectaron nuevos anticuerpos contra tejido humano. Ese hallazgo indicó que la exposición al riñón porcino no dificultó el funcionamiento exitoso del posterior trasplante humano. Tampoco se identificaron virus porcinos ni otros patógenos de origen porcino en ningún momento del proceso.

Para Leonardo Riella, del Center for Transplantation Sciences y de la División de Nefrología de Mass General Brigham, la escasez de órganos sigue siendo el principal problema estructural del área. “La escasez de órganos es la mayor crisis que tenemos hoy en trasplantes”, afirmó.

El especialista remarcó que el trasplante es la mejor alternativa para la supervivencia y la calidad de vida de pacientes con enfermedad renal terminal, pero que no existen suficientes órganos humanos disponibles en los plazos requeridos. “Sabemos que la mejor opción de tratamiento para pacientes con enfermedad renal terminal que han desarrollado insuficiencia renal es el trasplante, pero simplemente no tenemos suficientes órganos humanos para trasplantar a tiempo”, sostuvo.

Una plataforma de transición bajo evaluación

La hipótesis de Mass General Brigham es que el xenotrasplante pueda utilizarse inicialmente como una herramienta de transición: retirar temporalmente a los pacientes de diálisis mientras esperan un riñón humano compatible. Más adelante, si se confirma la seguridad y durabilidad a largo plazo, el enfoque podría evaluarse como una terapia definitiva.

“Nuestra visión es que el xenotrasplante podría ayudar a abordar esta brecha, inicialmente como un puente para sacar a los pacientes de diálisis mientras esperan un riñón humano de donante y, potencialmente, a medida que establezcamos seguridad y durabilidad a largo plazo, como una terapia de destino por derecho propio”, explicó Riella.

Los investigadores advirtieron, no obstante, que se trata de un único paciente y que no existió un grupo de comparación. También señalaron que el resultado estuvo condicionado por una selección cuidadosa del caso y por cuidados especializados e intensivos que podrían no estar disponibles en otros centros de salud.

El próximo paso requerirá nuevos ensayos clínicos, incluido el tipo de estudio en el que participó Andrews. “Los pacientes son los verdaderos pioneros”, dijo Riella. “Al dar un paso adelante y estar dispuestos a participar en estos estudios tempranos, están haciendo avanzar la ciencia. Sin su confianza y valentía, no podríamos hacer lo que hacemos”.

El caso amplía la evidencia sobre el potencial del xenotrasplante renal como respuesta transitoria a la escasez de órganos, uno de los principales desafíos clínicos, tecnológicos y organizacionales del sistema de trasplantes.

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