The Lancet, Johnson & Johnson y el talco: admiten que un texto pagado pudo influir en cáncer y regulaciones durante 50 años

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The Lancet se retractó de un comentario anónimo de 1977 que defendía la seguridad del talco cosmético de Johnson & Johnson frente al riesgo de asbesto, y admitió que fue escrito por un consultor remunerado de la farmacéutica, mientras recuerda medio siglo de resistencia regulatoria y litigios millonarios en torno a este producto.

Durante casi medio siglo, un breve comentario anónimo publicado en 1977 en The Lancet fue citado para sostener que el talco cosmético —incluido el popular talco de Johnson & Johnson— no representaba un riesgo relevante de cáncer ni de enfermedad pulmonar para los consumidores.

Hoy, la misma revista admite que ese texto, lejos de ser una opinión editorial independiente, fue redactado por un consultor pagado por la compañía y utilizado para frenar intentos regulatorios sobre el asbesto en el talco y para defenderse en tribunales.

En paralelo, The Lancet repasa cómo la industria cosmética y farmacéutica presionó durante décadas contra normas más estrictas, incluso cuando la FDA de Estados Unidos llegó a proponer un esquema robusto de testeo de asbesto que luego terminó retirando en 2025.

La retractación de The Lancet y el rol de Johnson & Johnson

En su nota más reciente, The Lancet recuerda que en 1977 publicó un comentario anónimo que concluía que no había necesidad de regular el talco cosmético por asbesto, porque la industria en EE.UU. y el Reino Unido habría garantizado productos “prácticamente libres” de fibras. Ahora la revista señala que “documentos recientemente publicados muestran que el comentario de The Lancet fue escrito por un consultor remunerado de Johnson & Johnson, uno de los principales fabricantes mundiales de productos cosméticos de talco”.

La propia revista admite que “este comentario anónimo se ha utilizado para justificar la comercialización continua del talco cosmético durante casi medio siglo” y que fue presentado por abogados defensores “como prueba de que la comunidad médica consideraba que el talco cosmético era seguro” en su momento. En su revisión histórica, The Lancet sostiene que “durante el casi medio siglo transcurrido desde la publicación del comentario […] millones de hombres, mujeres y niños han estado expuestos al talco cosmético contaminado, un material que podría haber causado un número incalculable de casos de asbestosis, mesotelioma y cáncer de pulmón”.

La identidad del autor también quedó expuesta: según la revista, el texto no fue escrito por sus editores sino por Francis J. C. Roe, “un reconocido investigador del cáncer y consultor remunerado no reconocido de Johnson & Johnson”. The Lancet cita un memorando interno de la época en el que Gavin Hildrick‑Smith, entonces director médico de Johnson & Johnson, destacaba la importancia de esa exoneración: “se espera que este editorial en una revista de distribución mundial ayude a disipar las inquietudes de funcionarios gubernamentales, médicos y público en general respecto al riesgo para la salud que representa el talco cosmético”.

Medio siglo de batalla regulatoria por el asbesto en el talco

The Lancet recuerda que “desde principios de la década de 1970, cuando se planteó por primera vez la amenaza del amianto en el talco cosmético, la industria cosmética se ha opuesto a los esfuerzos por regularlo presionando al gobierno estadounidense, realizando campañas de relaciones públicas dirigidas a los consumidores y utilizando la ciencia y a los científicos para obstaculizar las iniciativas regulatorias”.

La medición de bajos niveles de exposición al amianto resultaba crítica para las compañías por dos motivos. En primer lugar, “los polvos para bebés y corporales, junto con muchos cosméticos, se encontraban entre sus productos más rentables y populares”, y se sabía al menos desde la década de 1930 que buena parte del talco extraído contenía partículas asbestiformes, ya que “varias formas de amianto y talco se extraían a menudo en las mismas formaciones geológicas”. En segundo lugar, para los años 60 se comprendió que “incluso las cantidades más pequeñas de amianto podían causar mesotelioma, cáncer de pulmón y asbestosis”, por lo que el riesgo dejaba de limitarse a mineros y procesadores y alcanzaba a usuarios de productos terminados.

La FDA intentó regular el asbesto en el talco cosmético por primera vez en los 70, impulsando metodologías de medición y estándares para garantizar que el talco “prácticamente no contuviera amianto”. Pero esa propuesta derivó en una disputa prolongada entre la agencia y los fabricantes acerca de si la regulación debía ser federal o si bastaba con la autorregulación. Según The Lancet, la industria “recibió un gran impulso” cuando la revista publicó en 1977 el comentario anónimo que minimizaba el riesgo y cuestionaba la necesidad de intervención estatal.

De la propuesta de 2024 a la marcha atrás de 2025 en la FDA

Décadas después, la historia volvió a girar en torno al mismo eje. The Lancet señala que “en diciembre de 2024, la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) publicó una propuesta de reglamento sobre las pruebas para detectar la presencia de asbesto en el talco cosmético, lo que habría representado un gran avance para la salud pública”. Esa metodología, explica la revista, habría dado garantías a los consumidores de que el talco presente en diversos productos cosméticos estaba libre de contaminación.

Sin embargo, el 28 de noviembre de 2025, la FDA retiró esa propuesta. En su aviso oficial, la agencia citó la necesidad de “reconsiderar la mejor forma de abordar” el tema, la complejidad técnica de las pruebas, diferencias con otras definiciones regulatorias de asbesto y el riesgo de generar efectos colaterales sobre medicamentos y productos sanitarios que usan talco. Para The Lancet, esa marcha atrás interrumpe lo que podría haber sido “un importante avance en el esfuerzo de casi medio siglo por eliminar una fuente clave de enfermedades relacionadas con el asbesto que afectan a generaciones”.

Talco, litigios multimillonarios y el retiro global de Johnson & Johnson

Mientras las agencias debatían estándares, el frente judicial se cargaba de presión. The Lancet subraya que “desde la década de 1970, se han presentado numerosas demandas multimillonarias por la muerte de mujeres a causa del cáncer de ovario y de hombres y mujeres a causa del mesotelioma”, en las que el comentario de 1977 fue utilizado como evidencia central de seguridad. Uno de los casos emblemáticos fue el de Jackie Fox, fallecida en 2015, cuyo juicio derivó en un fallo millonario contra Johnson & Johnson y puso en el centro del debate el uso prolongado del talco para higiene íntima femenina.

Al mismo tiempo, se acumularon evidencias históricas y documentos internos que daban cuenta de que Johnson & Johnson conocía desde hacía décadas la posible presencia de asbesto en algunos lotes de talco y su potencial vínculo con cáncer. La controversia y el peso financiero de los litigios llevaron finalmente al laboratorio a retirar su talco de los mercados del mundo, mientras avanzan acuerdos y procesos judiciales relacionados con miles de demandantes.

En su retractación, The Lancet reconoce que aquel comentario de 1977 “influyó tanto en evitar la regulación federal del asbesto en el talco cosmético en la década de 1970 como en demandas más recientes que buscan responsabilizar a los fabricantes de cosméticos” por enfermedades y muertes, una admisión que reabre el debate sobre la independencia editorial, el uso de consultores pagados y la captura corporativa del discurso científico en un segmento, el de los productos de cuidado personal con impacto sanitario, que sigue bajo fuerte escrutinio por parte de reguladores, jueces y la industria farmacéutica global.

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