Ébola en Congo: más de 6.200 casos, 3.226 muertes, ataques al personal y crisis de respuesta sanitaria

El brote de ébola por la especie Bundibugyo en República Democrática del Congo suma 6.207 casos confirmados y 3.226 muertes. La desconfianza comunitaria, la violencia y la falta de recursos agravan el riesgo para médicos y enfermeros.
Médicos, enfermeros y voluntarios que responden al brote de ébola en el este de la República Democrática del Congo enfrentan una emergencia que excede al virus. Sin una vacuna o tratamiento efectivo probado contra la especie Bundibugyo, el personal sanitario trabaja bajo alto riesgo de infección, episodios de violencia, escasez de equipos de protección y, en algunos hospitales públicos, falta de pago de salarios. Menos de cuatro meses después de su declaración oficial, la epidemia ya dejó 3.226 muertes entre 6.207 casos confirmados, según el Ministerio de Salud congoleño.
La velocidad de expansión convirtió a este episodio en el más rápido y mortal registrado en el país desde que el ébola fue identificado por primera vez en 1976. El brote alcanzó seis de las 26 provincias de República Democrática del Congo y se extendió en un territorio equivalente al tamaño de Francia, mientras especialistas advierten que la cantidad real de infecciones podría superar ampliamente los registros oficiales.
Ataques y desconfianza contra los equipos sanitarios
La respuesta contra el ébola se desarrolla en un escenario de conflicto y desconfianza hacia los profesionales de salud. En redes sociales circulan etiquetas como “negocio del ébola” y “complot del ébola”, reflejo de la percepción de parte de la población, que considera que la epidemia es una fuente de ingresos para actores llegados desde Kinshasa o desde el exterior.
Durante un solo mes, equipos sanitarios fueron atacados en tres incidentes distintos ocurridos en tres días consecutivos. La Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) informó que 45 trabajadores de primera línea resultaron heridos en 76 incidentes de seguridad dirigidos contra personal de respuesta al ébola y otros trabajadores humanitarios en Ituri, Kivu del Norte y Kivu del Sur.
En una localidad fronteriza de Ituri, identificada como epicentro de la epidemia, una multitud atacó a un equipo de la Cruz Roja de Uganda. Un voluntario sufrió heridas graves y dos ambulancias resultaron dañadas luego de que fueran apedreadas.
“Las personas en primera línea están pagando el precio”, afirmó Balla Conde, gerente interino de operaciones de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. “La seguridad de los voluntarios es nuestra prioridad principal”.
Funerales, contagios y falta de protección
Varios trabajadores sanitarios relataron haber sido empujados o golpeados por familiares de pacientes. También se incendiaron centros de salud luego de que las instituciones se negaran a entregar los cuerpos de personas fallecidas.
Cuando un paciente con ébola muere, los hospitales intentan implementar entierros seguros. Esa práctica puede chocar con rituales funerarios tradicionales en los que los familiares lavan y besan el cuerpo, una situación especialmente riesgosa porque los cadáveres de personas fallecidas por ébola permanecen altamente infecciosos.
Al menos 43 trabajadores sanitarios murieron por ébola y otros 160 se infectaron, de acuerdo con Naciones Unidas. Sandrine Lusamba, coordinadora nacional de Sofepadi, una coalición de organizaciones de mujeres, describió la exposición inicial del personal: “El personal médico tocaba y lavaba a las personas enfermas con las manos desnudas, sin equipos de protección adecuados”.
Lusamba indicó que la disponibilidad de elementos de protección mejoró frente al comienzo de la epidemia en mayo, aunque persisten faltantes. “Tuvimos tres colegas enfermos y una dio positivo. Estuvo en cuarentena y, por algún milagro, sobrevivió, pero muchos otros trabajadores de salud murieron”, relató.
Casos reales y barreras para el rastreo
La combinación de violencia endémica, desplazamientos de población, recortes en la ayuda y debilidad del sistema sanitario complica la búsqueda de contactos y el diagnóstico. Especialistas consultados consideraron que las cifras reales de contagios podrían ser varias veces mayores que los datos confirmados.
Neil Ferguson, profesor de epidemiología del Imperial College London, estimó que el total de infecciones podría equivaler a tres veces la cifra oficial. “Una proporción elevada de los casos detectados ya murió, las denominadas muertes en la comunidad”, explicó.
Rasmus Bech Hansen, director ejecutivo de la empresa de análisis Airfinity, señaló que sus modelos estiman niveles de infección 4,7 veces superiores a los oficialmente notificados. “No sabemos exactamente con qué enfermedad estamos lidiando”, sostuvo, y advirtió que la falta de información dificulta establecer su letalidad, período de mayor contagiosidad y los mejores enfoques terapéuticos.
“Es urgente verificar las cifras”, agregó Hansen. “Necesitamos mejor rastreo de contactos y más pruebas para saber contra qué enfermedad nos enfrentamos”.
Vacunas y tratamientos en desarrollo
Aunque la vacuna existente fue desarrollada contra la especie Zaire del virus del ébola y no cuenta con eficacia demostrada para la variante Bundibugyo, la Organización Mundial de la Salud autorizó su uso entre trabajadores de primera línea. El mes pasado, República Democrática del Congo recibió 70.000 dosis de Ervebo, vacuna fabricada por la estadounidense Merck, y se prevé que 50.000 sean destinadas al personal de salud.
Pierre Boulet-Desbareau, jefe de misión de Médicos Sin Fronteras en Bunia, explicó que los equipos trabajan en condiciones particularmente complejas, tanto por la oposición comunitaria como por la naturaleza de la enfermedad. “En algunas ocasiones nuestros equipos sufren agresiones o ataques. Hace tres días, una unidad de aislamiento fue apedreada después de que un paciente murió y tuvimos que esperar a que las autoridades calmaran la situación”, afirmó.
Los trabajadores también esperan una vacuna específica contra Bundibugyo. La Universidad de Oxford inició en julio un ensayo de seguridad de una candidata dirigida a esa especie, aunque faltarán al menos varios meses para que pueda estar lista para un uso amplio. “Los niveles de exposición son altos incluso con equipos de protección y protocolos adecuados”, advirtió Boulet-Desbareau. “Cada semana tengo dos o tres personas infectadas y un colega murió recientemente”.
Mientras se desarrollan pruebas de antivirales y anticuerpos para evaluar si pueden reducir la mortalidad, la crisis de recursos persiste en los hospitales públicos. En Beni, Kivu del Norte, personal médico se declaró en huelga por salarios atrasados, una situación que añade barreras a la atención y a la confianza de las comunidades en el sistema de salud frente al brote de ébola.