Nobel de Medicina 2026: Deisseroth, Hegemann y Nagel, premiados por la optogenética que controla neuronas con luz

El galardón reconoce el desarrollo de una técnica capaz de activar o silenciar células nerviosas individuales. Los tres científicos compartirán 12 millones de coronas suecas, unos U$S 1,2 millones.
Karl Deisseroth, de Estados Unidos, y los científicos alemanes Peter Hegemann y Georg Nagel recibieron el Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2026 por sus descubrimientos sobre canales iónicos activados por luz y optogenética. La tecnología permite encender o apagar, mediante pulsos de luz, la actividad de células nerviosas individuales en un cerebro vivo, una capacidad que transformó la investigación en neurociencias y abre vías de estudio para trastornos neurológicos y psiquiátricos.
El premio, otorgado por la Asamblea Nobel del Instituto Karolinska, será compartido en partes iguales y está dotado con 12 millones de coronas suecas, equivalentes a aproximadamente U$S 1,2 millones. El reconocimiento distingue una cadena de hallazgos que comenzó en un alga unicelular y terminó por aportar una herramienta precisa para investigar cómo circuitos específicos del cerebro intervienen en memorias, emociones, conductas y enfermedades.

De un alga a una neurona
El punto de partida fue Chlamydomonas, un alga unicelular capaz de desplazarse hacia la luz. A comienzos de los años 2000, Hegemann y Nagel identificaron en este organismo la canalrodopsina, una proteína que funciona como canal iónico sensible a la luz: al recibir iluminación azul, abre un canal que permite el flujo de iones y genera una señal eléctrica.
En 2003, ambos científicos demostraron que la canalrodopsina-2 podía introducirse en células humanas para generar impulsos eléctricos controlados por luz. Dos años más tarde, Deisseroth incorporó el gen que codifica esa proteína en neuronas de rata y comprobó que un pulso de luz azul activaba señales nerviosas en milisegundos.
La técnica fue denominada optogenética en 2006. En 2007, el equipo de Deisseroth consiguió que el interruptor controlado por luz funcionara en cerebros de ratones vivos: activó un tipo específico de neuronas de la corteza motora y controló los movimientos de sus bigotes. También utilizó el método para despertar ratones dormidos, confirmando el papel de determinadas células nerviosas en la regulación de la vigilia.
Un cambio para las neurociencias
La optogenética permite intervenir sobre tipos celulares y circuitos definidos con una precisión temporal de milisegundos. De ese modo, los investigadores pueden pasar de observar correlaciones entre actividad cerebral y comportamiento a probar relaciones causales: qué neuronas y conexiones son necesarias para una respuesta, una emoción o una función fisiológica determinada.

“Este método hace posible activar o desactivar la actividad de células nerviosas individuales en un cerebro vivo”, explicó Thomas Perlmann, secretario general de la Asamblea Nobel del Instituto Karolinska. Anna Wedell, integrante del Comité Nobel de Fisiología o Medicina, sostuvo: “Por primera vez podemos empezar a comprender cómo el cerebro procesa información y cómo interactúan las diferentes neuronas en todo el cerebro”.
La herramienta ya se emplea para estudiar circuitos vinculados con dolor, comportamiento social, sed, alimentación, recompensa, atención, memoria, ritmos circadianos y fiebre. En modelos animales, también permite investigar mecanismos relacionados con esquizofrenia, Alzheimer, Parkinson, epilepsia, adicción, ansiedad y depresión.
Del laboratorio a terapias potenciales
El impacto clínico directo de la optogenética aún está en desarrollo. Una de las líneas más avanzadas busca restaurar parcialmente la visión en personas con retinitis pigmentosa, una enfermedad progresiva que daña los fotorreceptores de la retina. El enfoque consiste en introducir en la retina una proteína sensible a la luz para que pueda responder nuevamente a estímulos luminosos.
La técnica también se investiga para mejorar los implantes cocleares. La hipótesis es que la estimulación óptica podría activar el nervio auditivo con mayor precisión que los dispositivos eléctricos actuales.

Entre los programas mencionados se encuentran una terapia para trastorno del espectro autista desarrollada por MapLight —empresa cofundada por Deisseroth— y un tratamiento de restauración visual para retinitis pigmentosa de Nanoscope. Ambos siguen lejos de una llegada generalizada a pacientes.
“En animales de laboratorio, logramos controlar emociones, crear recuerdos falsos o incluso recuperar recuerdos perdidos en modelos de enfermedad de Alzheimer”, señaló Manuel Valero, investigador del Hospital del Mar de Barcelona. Y añadió: “Quizás la gran promesa que todavía debe cumplir es precisamente una de sus promesas fundacionales: su capacidad para tratar enfermedades del cerebro humano”.
La distinción a Deisseroth, Hegemann y Nagel consolida a la optogenética como una plataforma central de investigación traslacional: una herramienta que ya redefinió la comprensión de los circuitos neuronales y que continúa avanzando hacia aplicaciones en oftalmología, neurología y salud mental.