Europa tarda casi 600 días en nuevos fármacos, pero cada euro invertido genera € 5,67 en beneficios, alerta la EFPIA

La Federación Europea de Industrias y Asociaciones Farmacéuticas (EFPIA) advirtió que el acceso de los pacientes europeos a nuevos medicamentos empeora, con una espera media de 597 días desde la aprobación hasta la disponibilidad, mientras un estudio que encargó concluye que cada euro invertido en fármacos innovadores genera €5,67 en beneficios económicos y sociales, incluyendo €38.000 millones en productividad laboral y fuertes ahorros hospitalarios entre 2014 y 2022.
En un momento en que los gobiernos europeos endurecen controles de gasto sanitario y presionan a la baja los precios de los medicamentos, la gran industria farmacéutica del continente decidió contraatacar con números.
La EFPIA publicó este lunes un análisis que busca demostrar que la inversión en medicamentos innovadores no solo salva vidas y reduce internaciones, sino que también devuelve múltiples veces lo que cuesta a los sistemas de salud, a las empresas y a las economías nacionales.
En paralelo, la entidad advierte que, pese a esos beneficios, el tiempo de acceso a nuevas terapias se ha alargado, y que Europa perdió casi una cuarta parte de su porción del gasto global en I+D farmacéutica en las últimas dos décadas, lo que la vuelve menos atractiva para nuevas inversiones.

Un retorno de €5,67 por cada euro en medicamentos innovadores
El estudio, encargado por la EFPIA al instituto alemán WifOR y al economista de Columbia University Frank Lichtenberg, analizó el impacto de los medicamentos innovadores para cáncer, diabetes y enfermedades respiratorias en 29 países europeos entre 2014 y 2022. La principal conclusión es contundente: “cada euro gastado en nuevos medicamentos generó €5,67 en beneficios”, una cifra que contempla menor uso de recursos hospitalarios y mayor productividad en la fuerza laboral, entre otros factores.
En términos absolutos, la investigación estimó que los fármacos más nuevos se asociaron con “1,83 millones de años de vida menos perdidos antes de los 85 años y 20,9 millones de días de hospitalización menos”, equivalente a “liberar más de 57.000 camas de hospital durante un año”.
A eso se suman “€38.000 millones en ganancias de productividad de la fuerza laboral, €19.000 millones en ahorros en actividades como cuidados informales y €9.000 millones en reducción de costos hospitalarios”. En conjunto, la EFPIA afirma que la innovación farmacéutica generó €66.180 millones en beneficios socioeconómicos en los países analizados.
Con estos datos, la entidad busca reforzar un mensaje que viene repitiendo en Bruselas y en las capitales europeas: el gasto en fármacos innovadores debería verse “como una inversión y no como un costo de corto plazo”. Detrás de esa frase hay una batalla política concreta: cómo se valoran los nuevos medicamentos en los procesos de evaluación de tecnologías sanitarias y cómo se fijan los techos de precio y los recortes (clawbacks) que muchos países aplican a la industria.

Acceso más lento: de 504 a 597 días para que el fármaco llegue al paciente
En contraste con los beneficios cuantificados, la EFPIA subraya que el acceso a esos medicamentos se está demorando más. Datos propios de la federación muestran que, una vez que un fármaco recibe autorización en Europa, “ahora se tarda una media de 597 días en que esté disponible para los pacientes”, frente a un promedio de 504 días en 2019.
En la práctica, esto significa que pasan casi dos años entre el visto bueno regulatorio y el momento en que una persona puede efectivamente recibir el tratamiento, después de los procesos nacionales de precio y reembolso. La industria atribuye esa demora a negociaciones más duras, techos de gasto más estrictos y crecientes exigencias de evidencia “del mundo real”, que, según argumenta, terminan por desalentar el lanzamiento temprano en algunos mercados.
La EFPIA también alertó que, en los últimos veinte años, Europa “ha perdido casi una cuarta parte de su cuota de la inversión farmacéutica global en I+D”, desplazada por regiones que ofrecen marcos regulatorios más rápidos y condiciones económicas más previsibles para el desarrollo clínico. Para las grandes farmacéuticas, este punto es crítico: menos I+D en territorio europeo implica menos ensayos clínicos locales, menos empleos de alta calificación y una menor capacidad de influencia en la agenda global de innovación.
Presión por precios y lanzamientos postergados ante la política de Trump
La advertencia llega en medio de una escalada de tensión entre las multinacionales del sector y varias capitales europeas por los precios de los medicamentos. En un despacho previo, Reuters recordó que los laboratorios “han incrementado la presión sobre los gobiernos europeos por la fijación de precios, advirtiendo que controles de costos más estrictos podrían hacer que la región sea menos atractiva para la inversión y retrasar el acceso a nuevos tratamientos”.
El contexto se complica aún más con el impacto extrarregional de la política de precios de Estados Unidos. Algunas compañías están “retrasando lanzamientos europeos” mientras evalúan cómo “los precios más bajos en Europa afectarán los ingresos en EE.UU. a la luz de la política de equiparación de precios del presidente Donald Trump para reducir costos a los pacientes estadounidenses”. Si un precio bajo en Europa termina arrastrando a la baja el precio de referencia en el mercado norteamericano, la ecuación de negocio global cambia y, en muchos casos, no cierra.

Para los pacientes, ese juego de ajedrez se traduce en menos disponibilidad temprana de novedades terapéuticas en oncología, enfermedades metabólicas o respiratorias. Para los sistemas de salud, supone la tensión permanente entre contener el gasto en el corto plazo y capturar los beneficios de largo plazo que, según la EFPIA, generan estos medicamentos en forma de menos internaciones, más años de vida y mayor productividad.
Una industria que reclama cambiar la narrativa sobre el gasto en medicamentos
A la luz de este informe, la EFPIA insiste en que los gobiernos europeos “deben dejar de mirar el gasto en medicamentos innovadores solo como un costo” y pasar a considerarlo “una inversión en salud y crecimiento”. Entre las medidas que propone el sector están acelerar los procesos de fijación de precios y reembolso, reformar la evaluación de tecnologías sanitarias para capturar mejor los beneficios sociales y económicos más amplios y revisar los mecanismos de recortes automáticos a la industria en contextos de sobre-ejecución presupuestaria.
El debate no es menor: mientras Estados Unidos sigue concentrando una porción creciente del gasto mundial en I+D farmacéutica y China acelera en biotecnología, Europa corre el riesgo de consolidarse como un mercado de adopción tardía, con menor peso en la definición de la próxima generación de terapias.
En ese escenario, la capacidad de sostener un flujo competitivo de innovación y de garantizar al mismo tiempo un acceso razonablemente rápido y equitativo a esos fármacos será uno de los factores que definan el posicionamiento de la industria farmacéutica europea en el tablero global de la próxima década.