Lilly, Pfizer, AbbVie y gigantes farmacéuticos blindan su producción en EE.UU. con más de U$S 500.000 millones

inversiones salud

Las principales farmacéuticas globales, entre ellas Eli Lilly, Pfizer, AstraZeneca, Roche, AbbVie y Merck, comprometieron cerca de U$S 500.000 millones en inversiones en Estados Unidos para expandir plantas, reforzar I+D y reducir riesgos de la cadena de suministro, en muchos casos en el marco de acuerdos con la administración de Donald Trump para moderar precios y sortear aranceles.

La reconfiguración del mapa productivo farmacéutico global tiene hoy un epicentro claro: Estados Unidos.

Aprovechando incentivos regulatorios, acuerdos directos con la Casa Blanca y la presión de nuevos esquemas de aranceles selectivos, los grandes laboratorios están acelerando un giro “U.S.-céntrico” que apunta a asegurar capacidad de manufactura, fortalecer investigación y, al mismo tiempo, ofrecer garantías a inversores y gobiernos sobre el abastecimiento de medicamentos estratégicos.

Entre plantas nuevas, ampliaciones y hubs de I+D, el monto comprometido por compañías como Eli Lilly, Pfizer, Johnson & Johnson, Roche, AstraZeneca, Novartis, Sanofi, Merck, Amgen, AbbVie, Gilead o CSL supera ya los U$S 500.000 millones, con proyectos que se extenderán hasta 2030 y que empiezan a redefinir también las oportunidades para proveedores de biotecnología, dispositivos y servicios de salud.

Pfizer, GSK y el giro negociado con la Casa Blanca

Pfizer selló el 30 de septiembre un acuerdo directo con el presidente Donald Trump para invertir U$S 70.000 millones en investigación y desarrollo y manufactura doméstica en Estados Unidos. A cambio, la compañía obtuvo un período de gracia de tres años en el que sus productos quedan exentos de los aranceles dirigidos específicamente al sector farmacéutico.

Desde Londres, GSK se movió en la misma dirección. La farmacéutica anunció que planea invertir U$S 30.000 millones en I+D y en infraestructura de cadena de suministro en Estados Unidos durante cinco años, un paquete que combina expansión de laboratorios y refuerzo de plantas clave para asegurar stock ante eventuales tensiones comerciales.

Eli Lilly, J&J y la nueva ola de mega‑plantas

Eli Lilly es uno de los jugadores más agresivos en el despliegue de capacidad industrial en suelo norteamericano.
Trump adelantó en enero que la empresa planea construir seis plantas en Estados Unidos.

Lilly ya había comunicado el año pasado que planeaba invertir al menos U$S 27.000 millones para levantar cuatro plantas en el país, con el objetivo de ampliar producción y reforzar las cadenas de suministro médicas. Hasta ahora, la farmacéutica detalló tres de esos proyectos, ubicados en Alabama, Virginia y Texas.

En enero, Lilly informó además que construirá una planta farmacéutica de U$S 3.500 millones en Pensilvania, su cuarto nuevo sitio, como parte del esfuerzo para expandir la producción estadounidense y fortalecer las cadenas de suministro médicas.

Johnson & Johnson también pisa el acelerador. La compañía prevé incrementar en 25% sus inversiones en Estados Unidos, hasta totalizar U$S 55.000 millones en los próximos cuatro años.

Entre los proyectos, planea construir cuatro plantas, incluyendo una en Wilson, Carolina del Norte, y otra en el sitio de manufactura que la japonesa Fujifilm Biotechnologies tiene en Holly Springs, también en Carolina del Norte, en un horizonte de diez años.

En junio, J&J informó que ya invirtió alrededor de U$S 1.000 millones en Jacksonville, Florida, para fortalecer la manufactura estadounidense de su negocio de cuidado ocular. Según la empresa, la nueva instalación estará totalmente operativa en 2028.

Roche, AstraZeneca, Novartis y Sanofi: el músculo europeo se ancla en EE.UU.

Roche comunicó en abril del año pasado que invertirá U$S 50.000 millones en Estados Unidos durante los próximos cinco años. Un mes más tarde, anunció una inversión adicional de U$S 550 millones para expandir su hub de manufactura de diagnóstico en Indianápolis. La expansión abarcará Indiana, Pensilvania, Massachusetts y California, y creará más de 12.000 empleos.

En enero, la suiza indicó que más que duplicará su inversión en la planta de fabricación de medicamentos en Holly Springs, Carolina del Norte, hasta aproximadamente U$S 2.000 millones, desde los más de U$S 700 millones anunciados en mayo de 2025.

AstraZeneca, por su parte, se comprometió a invertir U$S 50.000 millones en manufactura en Estados Unidos para 2030.
El paquete financiará una nueva planta de sustancias farmacológicas en Virginia —su mayor inversión global en un único sitio— y expansiones en Maryland, Massachusetts, California, Indiana y Texas.

La compañía ya inició transferencias tecnológicas y gestiona inventarios en 2025 para minimizar cualquier impacto de aranceles, y sus ejecutivos anticiparon que ese impacto sería “muy de corto plazo”.

Novartis planea desembolsar U$S 23.000 millones para construir y ampliar 10 instalaciones en Estados Unidos en los próximos cinco años. El plan incluye levantar seis nuevas plantas de manufactura y expandir su centro de I+D en San Diego, lo que se espera genere más de 1.000 puestos de trabajo.

Sanofi se sumó con un compromiso de al menos U$S 20.000 millones en Estados Unidos hasta 2030, destinado a reforzar manufactura e investigación. La francesa prevé ampliar su capacidad de producción a través de inversiones directas en sus propias plantas y de alianzas con otros fabricantes domésticos.

Su director financiero, François Roger, señaló en julio que los aranceles potenciales tendrían un impacto limitado en 2025, dado que la compañía ya tiene inventario asegurado en el país.

Merck, Amgen, AbbVie y Gilead: más biológicos, oncología y empleo

Merck también protagoniza un salto de escala. La farmacéutica comenzó la construcción de una planta farmacéutica de U$S 3.000 millones en Virginia, como parte de su inversión superior a U$S 70.000 millones para expandir la manufactura doméstica y la I+D.

Además, invertirá U$S 1.000 millones en una nueva planta en Delaware para fabricar biológicos y el medicamento oncológico Keytruda, con el objetivo de incrementar la producción en Estados Unidos y crear más de 4.500 empleos.
La compañía también inauguró una instalación de U$S 1.000 millones en su sitio de Carolina del Norte en marzo.

En el segmento veterinario, la unidad de salud animal de Merck destinará U$S 895 millones a expandir su centro de manufactura e investigación en Kansas, como parte de una inversión más amplia de U$S 9.000 millones en Estados Unidos hasta 2028. El CEO Robert Davis anticipó en julio que el impacto de los aranceles potenciales en 2025 sería mínimo, y que la firma se mantiene bien posicionada gracias a la gestión de inventarios y al traslado de manufactura a suelo estadounidense.

Amgen, otro peso pesado de la biotecnología, planea invertir U$S 900 millones para expandir su planta biotecnológica de Ohio, lo que llevará su inversión total en ese estado a U$S 1.400 millones y sumará 750 empleos. En diciembre, la compañía comprometió U$S 1.000 millones para construir una segunda planta en Holly Springs, Carolina del Norte.

En septiembre, Amgen informó que invertirá más de U$S 600 millones para levantar un nuevo centro de I+D en su sede de Thousand Oaks, California. La farmacéutica también anunció que destinará U$S 650 millones a expandir la fabricación de medicamentos en su planta de Juncos, Puerto Rico, lo que se espera cree cerca de 750 puestos de trabajo.

Además, invertirá U$S 300 millones adicionales en su red de manufactura en Estados Unidos, ampliando su instalación de biológicos en Puerto Rico y apoyando cientos de empleos de construcción.

AbbVie, con base en Estados Unidos, comunicó en enero que comprometió U$S 100.000 millones en la próxima década para I+D en el país, como parte de un acuerdo de tres años con la administración Trump para reducir los precios de los medicamentos. La compañía cuenta con 11 plantas de manufactura en Estados Unidos y afirmó que está “bastante aislada” del impacto de aranceles este año gracias a acciones de gestión de inventarios.

En febrero, detalló que planea invertir U$S 380 millones para construir dos instalaciones de manufactura en su campus de North Chicago, Illinois, destinadas a apoyar la producción de medicamentos para neurociencia y obesidad.

Gilead Sciences anunció este año U$S 11.000 millones en nuevas inversiones en Estados Unidos para sumar capacidad de manufactura e investigación, elevando su compromiso total a U$S 32.000 millones. En septiembre, la empresa señaló que inició la construcción de un hub de desarrollo y manufactura farmacéutica en su sede de Foster City, California, además de estar desarrollando otros dos sitios.

Biogen, Cipla, Novo Nordisk y CSL: más capacidad para biológicos y terapias complejas

Biogen destinará U$S 2.000 millones adicionales a sus plantas de manufactura en Carolina del Norte, incorporando capacidad para terapias dirigidas al gen y automatización. La compañía cuenta con siete fábricas en ese estado, con una octava prevista para entrar en operación a fines de 2025.

La india Cipla está expandiendo su huella productiva en Estados Unidos con inversiones en capacidad para productos respiratorios complejos en sus instalaciones avanzadas de Fall River, Massachusetts, y Central Islip, Nueva York.

Desde Dinamarca, Novo Nordisk destacó en agosto que su fuerte base de manufactura en Estados Unidos la posiciona bien frente al desafío de los aranceles, y se describió como “muy centrada en Estados Unidos y enfocada en Estados Unidos”, sin detallar montos específicos en este contexto.

La australiana CSL anunció en noviembre que invertirá U$S 1.500 millones en Estados Unidos para producir terapias derivadas de plasma, ampliando su presencia en el país en los próximos cinco años. En marzo, comunicó la expansión de su planta de terapias de plasma en Kankakee, Illinois, que se espera esté operativa en 2031.

En conjunto, este paquete de inversiones abre una nueva etapa para la manufactura y la I+D farmacéutica en Estados Unidos, con impacto directo en empleo calificado, capacidad de producción de biológicos y terapias avanzadas y en la forma en que se configurará la competencia global por contratos, precios y acceso a medicamentos en los principales mercados de salud.

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