Es la política: Pfizer advierte que revisará inversiones en Alemania por la nueva política de precios

Albert Bourla, CEO de Pfizer, envió una carta al canciller alemán Friedrich Merz en la que advirtió que el laboratorio está revisando “el momento, el alcance y la priorización futura” de sus inversiones en Alemania, en rechazo al paquete de recorte de gasto sanitario que incluye topes a los precios de medicamentos y que ya llevó a Eli Lilly y Boehringer Ingelheim a frenar proyectos por más de U$S 3.300 millones.
Como sucedió históricamente en la Argentina (la incertidumbre política siempre fue reina), ahora también sucede en Europa y en países que alguna vez fueron modelo por su rigurosidad administrativa, política y económica. La pelea por el precio de los medicamentos en Europa acaba de sumar un nuevo capítulo, esta vez con Alemania en el centro.
En una carta fechada el 9 de junio y dirigida al canciller Friedrich Merz, Albert Bourla informó que Pfizer está revaluando sus planes en el país a partir de las propuestas oficiales para limitar el crecimiento del gasto en el sistema de seguro de salud obligatorio.
El documento, al que tuvo acceso Reuters y que fue adelantado por el diario económico Handelsblatt, se inscribe en una escalada de tensión entre la gran industria farmacéutica y los gobiernos europeos, acelerada por el impacto de la política de “nación más favorecida” impulsada por Donald Trump en Estados Unidos.
Bourla sostuvo que las medidas planteadas “ponen en cuestión la previsibilidad que requiere la industria farmacéutica para las decisiones de inversión a largo plazo”.

“Como resultado, estamos revisando nuestros compromisos externos, así como el momento, el alcance y la priorización futura de ciertas inversiones planificadas en Alemania”, señaló el CEO, sin detallar montos ni proyectos específicos.
De Lilly a Boehringer: un mensaje de miles de millones trasladados
La advertencia de Pfizer llega apenas una semana después de que Eli Lilly anunciara que reducirá a la mitad su inversión prevista de €2.300 millones (unos U$S 2.680 millones) en una planta en Alzey, Renania‑Palatinado.
Según detalló su CEO, Dave Ricks, la porción recortada —equivalente a más de U$S 1.500 millones— se redirigirá a Pennsylvania o a un nuevo sitio, dejando en el país una inversión ya ejecutada por encima de €1.000 millones y la creación de 500 empleos, frente a los 1.000 originalmente planeados.
En paralelo, Boehringer Ingelheim decidió cancelar planes de inversión por €900 millones en Alemania entre 2027 y 2030, cifra que incluía la ampliación de laboratorios y edificios de investigación.
La compañía familiar explicó que las condiciones locales, y en particular “las intervenciones previstas del gobierno alemán en el gasto farmacéutico del seguro de salud obligatorio”, ya no brindan el horizonte necesario para comprometer ese capital.
En conjunto, las decisiones de Lilly y Boehringer implican retirar o posponer más de €3.200 millones (cerca de U$S 3.400 millones) de inversiones planeadas, y constituyen una señal de advertencia para otros grupos globales.
La ley de ahorro en salud y el efecto “nación más favorecida”
El trasfondo es el proyecto de ley alemán para estabilizar las contribuciones al seguro de salud (GKV‑Beitragssatzstabilisierungsgesetz), que combina aumentos en las contribuciones, reducción de subsidios federales y un paquete de medidas de contención de costos farmacéuticos.
Entre ellas se incluye un “rebate dinámico” adicional sobre los medicamentos protegidos por patente, que podría generar hasta €1.900 millones de ahorro en 2027. La industria argumenta que estos esquemas erosionan aún más los márgenes en un contexto en el que ya se comprometieron a bajar precios en Estados Unidos.

Pfizer y Lilly figuran entre los 17 grandes laboratorios que firmaron con la Casa Blanca acuerdos para alinear precios de medicamentos recetados en EE.UU. con los de otros países desarrollados, a cambio de exenciones arancelarias. Esa estrategia, conocida como política de precios de “nación más favorecida”, presiona a las farmacéuticas a obtener precios más altos en Europa si quieren conservar ingresos en el mercado estadounidense.
La combinación de recortes locales y referencias internacionales genera un “efecto tijera”: si Europa paga menos y EE.UU. vincula sus precios a los europeos, el incentivo para invertir o lanzar nuevos productos en el continente se reduce de forma sustancial.
Advertencias crecientes: menos lanzamientos si no suben los precios
No solo las compañías estadounidenses levantaron la voz. En meses recientes, ejecutivos de AstraZeneca y Roche advirtieron que podrían no lanzar algunas de sus futuras terapias innovadoras en Europa si los gobiernos no aceptan pagar más que en el pasado.
El argumento común: con acuerdos a la baja en Estados Unidos, cada euro perdido en el Viejo Continente se multiplica en los balances globales.
El 22 de abril, Bourla y más de 30 CEOs de grandes farmacéuticas enviaron una carta conjunta a Merz solicitando una “reunión urgente, presencial o virtual, en los próximos días” para discutir el impacto del proyecto alemán.
Según fuentes del sector citadas por Reuters, esa misiva no recibió respuesta formal del gobierno.

Qué está en juego para Alemania y para el mapa global de inversiones
Para la industria, el punto central es la previsibilidad regulatoria. La carta de Bourla insiste en que las nuevas medidas “cuestionan la previsibilidad requerida para las decisiones de inversión a largo plazo de la industria farmacéutica”, un factor clave para plantas de producción, centros de I+D y empleos altamente calificados.
Alemania, tradicional imán para inversiones en química y farma, corre el riesgo de perder proyectos frente a Estados Unidos y otros países que combinan políticas de precios más flexibles con incentivos fiscales y programas de apoyo a la manufactura de alto valor agregado.
En un contexto de recortes en salud y renegociación global de precios, la reacción de Pfizer, Lilly y Boehringer será observada de cerca por el resto del sector, y podría acelerar una reasignación de capital hacia mercados considerados más atractivos para la producción de medicamentos innovadores y biotecnológicos, con impacto directo en la capacidad de Europa —y de sus socios comerciales— para acceder rápido a nuevas terapias.