Reino Unido recurre al antiviral japonés Avigan para blindar su respuesta al brote de hantavirus Andes

Mientras Europa sigue de cerca el brote de hantavirus, el Reino Unido decidió reforzar su arsenal terapéutico con un movimiento poco habitual: la Agencia de Seguridad Sanitaria británica (UKHSA) confirmó que recibió desde Japón cargamentos de favipiravir, el antiviral conocido como Avigan, para uso experimental en casos graves. Aún no existe aún protocolo clínico internacional.
Un antiviral de Japón a Londres para un virus patagónico
El envío de favipiravir llegó al Reino Unido el fin de semana, como parte de la respuesta al brote de hantavirus asociado al crucero MV Hondius, informó la UKHSA.
Ni las autoridades británicas ni las japonesas detallaron cuántas dosis fueron entregadas, pero el organismo aclaró que el objetivo es “reforzar las reservas de tratamiento”, no porque exista un riesgo inmediato de diseminación en la comunidad británica, sino para contar con una opción más en el manejo de casos graves.
El Hondius, epicentro del brote, atracó este lunes en el puerto de Róterdam, en Países Bajos, donde fueron desembarcados tripulantes y personal médico.

Hasta ahora, se registran 3 muertes, 8 casos confirmados y 2 casos probables vinculados al barco.
El virus responsable es el hantavirus Andes, una variante rara que se transmite principalmente por roedores, pero que —a diferencia de otras cepas— puede pasar de persona a persona en situaciones de contacto muy estrecho y prolongado.
No obstante, funcionarios de la Organización Mundial de la Salud (OMS) subrayaron que no han identificado cambios que hagan al virus más transmisible o más severo, y que el brote “no representa una amenaza de pandemia”.
Qué es favipiravir y por qué su uso sigue siendo experimental
Favipiravir es un antiviral desarrollado en Japón y comercializado allí por una unidad de Fujifilm bajo la marca Avigan.
En su país de origen, está autorizado como medicación de emergencia para cuadros de gripe nueva o reemergente.
Su mecanismo se basa en bloquear una enzima clave que muchos virus necesitan para multiplicarse.
El fármaco ganó notoriedad internacional durante la pandemia de COVID‑19, aunque Japón terminó descontinuando su desarrollo para esa indicación tras resultados clínicos dispares.

En el Reino Unido, favipiravir no está licenciado para ningún uso.
Aplicarlo frente a hantavirus implica, por definición, un uso experimental o “compasivo”, orientado sobre todo a pacientes con infección grave en etapas tempranas, según explicó Piet Maes, virólogo de la Universidad de Bruselas.
Maes señaló que, hasta ahora, “la evidencia proviene solo de estudios de laboratorio y en animales, sin datos sólidos de ensayos en humanos que demuestren que el fármaco funciona contra hantavirus”.
Por esa razón, aclaró, “no existe un protocolo clínico internacionalmente establecido que recomiende su uso rutinario” en esta enfermedad.
En la práctica, el estándar de cuidado para hantavirus sigue siendo el soporte clínico: reposo, hidratación y, en los casos más graves, asistencia respiratoria.
Por qué el Andes virus preocupa (pero no es el “nuevo COVID”)
El brote actual involucra al virus Andes, el único hantavirus conocido capaz de transmitirse entre personas, aunque en general solo lo hace después de contactos cercanos y prolongados, típicamente dentro del ámbito familiar.
El mecanismo principal de contagio sigue siendo la exposición a excretas de roedores infectados.
A diferencia de SARS‑CoV‑2 en 2020, los expertos insisten en que no hay señales de una transmisión eficiente por vía aérea a corta distancia en contextos comunitarios.
Funcionarios de la OMS reiteraron que no han visto cambios genéticos o clínicos que sugieran que el Andes virus se volvió más contagioso o más virulento, y que el evento no tiene características de amenaza pandémica.

Sin embargo, el hecho de que el brote esté asociado a un crucero internacional, con pasajeros y tripulantes que luego regresan a “unos 20 países” distintos, obliga a las autoridades de salud a prepararse para casos importados y posibles cadenas de contagio limitadas.
En ese marco se inscribe la decisión británica de aceptar stock de favipiravir: un gesto de prudencia más que una apuesta a un “fármaco milagroso”.
Señales para la industria farmacéutica y el negocio de antivirales
La maniobra del Reino Unido deja varias lecturas para la industria farmacéutica y de biotecnología.
Por un lado, confirma que el espacio de antivirales de amplio espectro para patógenos emergentes sigue abierto, especialmente en el terreno de los usos compasivos y las reservas estratégicas de emergencia.
Fujifilm ve reactivado el nombre de Avigan en un contexto distinto al de la COVID‑19, mientras compañías como NanoViricides, desarrolladores de antivirales “señuelo”, o biotechs con plataformas de moléculas pequeñas apuntan a posicionarse como proveedores de herramientas listas para ser testeadas en brotes de difícil manejo.
Por otro lado, la dependencia de evidencias preclínicas y la ausencia de protocolos internacionales refuerzan el mensaje de los organismos reguladores: los usos experimentales pueden tener un rol, pero no sustituyen la necesidad de ensayos clínicos bien diseñados que permitan transformar estos fármacos en verdaderas opciones estándar.
En un escenario en el que Europa busca fortalecer su autonomía frente a amenazas infecciosas importadas y América Latina convive desde hace décadas con virus como el Andes, movimientos como el envío de favipiravir desde Japón al Reino Unido anticipan un futuro mercado para antivirales destinados a zoonosis “de nicho”, donde la oportunidad estará en quienes logren combinar rapidez regulatoria, evidencia clínica robusta y acuerdos de suministro capaces de responder, sin improvisación, al próximo brote que salte de un crucero, una granja o un bosque remoto a las primeras planas.