Comité del Congreso de EE.UU. investiga ensayos clínicos de Merck y AbbVie en China por riesgos de seguridad

El Comité Selecto de la Cámara de Representantes sobre China abrió investigaciones de seguridad nacional sobre Merck, AbbVie y otras tres farmacéuticas estadounidenses por su participación en ensayos clínicos en China, incluidos estudios en Xinjiang y hospitales militares, en un contexto de creciente inquietud por el uso potencial de esos datos para fortalecer capacidades militares del país asiático.
La ofensiva legislativa está liderada por el representante republicano John Moolenaar, de Michigan, quien envió cartas a Merck y AbbVie solicitando, antes del 17 de julio, información detallada sobre sus procesos de debida diligencia, protección de datos y estándares aplicados en centros de ensayo en China, “en particular” en la región de Xinjiang y en hospitales vinculados a las fuerzas armadas.
Además de Merck y AbbVie, el comité remitió cartas similares a Eli Lilly, Pfizer y Bristol Myers Squibb, señal de que el foco va más allá de dos compañías para abarcar a buena parte de la gran industria farmacéutica estadounidense que ensaya en territorio chino.reuters+1
Qué decidió el regulador y a quién afecta
Aunque no se trata de una autoridad regulatoria sanitaria sino de un comité legislativo de seguridad nacional, la decisión de abrir investigaciones introduce nuevas exigencias para las cinco compañías implicadas.

Moolenaar busca determinar si ensayos clínicos realizados en China han contribuido, de manera directa o indirecta, a “alimentar la capacidad militar del país comunista”, lo que coloca bajo la lupa proyectos de investigación que hasta ahora se veían principalmente desde la óptica científica o comercial.news.futunn+1
Las cartas recuerdan que Xinjiang es “el epicentro del ‘genocidio’ de Pekín contra los uigures y otras minorías étnicas y religiosas” y citan trabajos de investigadores chinos que documentan fallas en la obtención de “consentimiento informado” de participantes en ensayos.
También señalan que, aunque la Ley de Prevención del Trabajo Forzado de los Uigures de 2021 no aborda específicamente los ensayos clínicos, sí marca buenas prácticas para garantizar que operaciones no involucren trabajo forzado, extendiendo esa lógica a la ética de la investigación.dol+1
Motivos de la medida y antecedentes
En sus misivas, el comité afirma que, “mediante una combinación de reformas regulatorias, subsidios estatales y (en el mejor de los casos) ética cuestionable, China se ha convertido en el lugar más barato y rápido del mundo para realizar ensayos humanos de fármacos en fases tempranas”.
Un estudio citado por los legisladores muestra que, para 2024, la participación de EE.UU. en programas globales de desarrollo temprano de medicamentos cayó a alrededor del 37% desde el 48% en 2015, mientras que la de China saltó a más del 32% desde apenas 8% en ese periodo.
El informe de la Comisión de Seguridad Nacional sobre Biotecnología Emergente, publicado en diciembre de 2025, advertía que “China ha construido de manera sistemática un ecosistema biotecnológico verticalmente integrado que ahora está en posición privilegiada para desafiar el liderazgo de EE.UU.”.

En paralelo, los laboratorios globales firmaron un récord de U$S 138.000 millones en acuerdos de licenciamiento de medicamentos experimentales chinos en 2025, lo que refleja hasta qué punto la innovación local se ha vuelto estratégica para las farmacéuticas occidentales.
Consecuencias para los laboratorios y el sistema de salud
Las cartas a los CEOs de AbbVie y Merck aclaran que “no hay evidencia” de que cualquiera de las dos compañías “haya incurrido en actividad ilegal o irregular”, pero advierten que realizar ensayos en China “expone a las empresas estadounidenses a riesgos éticos y de seguridad”.
El comité detalla que Merck, con sede en Nueva Jersey, ha patrocinado o colaborado en 224 estudios clínicos en China desde 2005, incluidos al menos 31 ensayos en Xinjiang y 40 en centros médicos y hospitales afiliados al ejército chino. AbbVie, con base en Illinois, ha estado involucrada en más de 100 estudios clínicos en China desde 2007, con al menos 17 sitios en Xinjiang y 16 en centros militares.
“Realizar esta investigación en hospitales militares de la República Popular China pone la propiedad intelectual biotecnológica de punta de las empresas estadounidenses en riesgo potencial de ser transferida al ejército chino”, alertan los legisladores.
La reacción en los mercados fue inmediata: las acciones de Lilly, Pfizer, Merck y Bristol Myers cayeron cerca de 2%, mientras que AbbVie retrocedió 1% en las primeras operaciones del día, mostrando la sensibilidad de los inversores frente a las implicancias de seguridad nacional.
Las compañías respondieron con mensajes centrados en la ética y el cumplimiento. Merck aseguró que la seguridad de los pacientes y la integridad ética son prioridades de su programa de investigación clínica y que sigue todas las guías globales; AbbVie y Pfizer declinaron comentar más allá de confirmar recepción de la carta; Lilly dijo que “está revisando cuidadosamente” el documento, mientras que Bristol no respondió al pedido de comentario.
Desde la embajada china en Washington, un vocero replicó que “no hay nada creíble” en la acción del comité y que China se opone a la politización de temas comerciales y tecnológicos.
Nuevas barreras legales: Biotech Investment Act y Biosecure Act
Las investigaciones sobre Merck y AbbVie se suman a un entramado regulatorio cada vez más estricto para la colaboración biotecnológica con China. Moolenaar impulsa el Biotech Investment National Security Act, que propone modificar la Comprehensive Outbound Investment National Security Act aprobada el año pasado para añadir la biotecnología a la lista de tecnologías sujetas a revisión de seguridad nacional en operaciones de licenciamiento, joint ventures y aportes de capital desde Estados Unidos hacia China.healthcarelifesciences.

Además, la Biosecure Act, promulgada por el presidente Donald Trump en diciembre de 2025 como parte de la Ley de Autorización de Defensa Nacional para el año fiscal 2026, restringe la contratación y los otorgamientos de fondos federales a empresas catalogadas como “compañías biotecnológicas de preocupación”.
La norma impide a las agencias ejecutivas comprar equipamiento o servicios biotecnológicos de esas compañías, celebrar o renovar contratos con entidades que los utilicen en proyectos financiados por el gobierno, y destinar préstamos o subvenciones a la adquisición de esos productos, con un periodo de transición de hasta cinco años para contratos preexistentes.
En conjunto, las investigaciones del comité y el nuevo marco legal apuntan a reconfigurar las reglas del juego para los grandes laboratorios que han visto en China un lugar “más barato y rápido” para ensayos humanos tempranos, obligándolos a ponderar con más cuidado el balance entre eficiencia operativa, ética de investigación y riesgos de transferencia de datos sensibles en un entorno geopolítico crecientemente tenso.