Dueños de Elea compran el 79,7% de Cellera Farma por U$S 130 millones y pisan fuerte en Brasil

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Las familias Sigman, Sielecki y Gold tomaron casi el 80% de la brasileña Cellera Farma por unos U$S 130 millones, con el objetivo de usarla como plataforma para biosimilares, oncología y OTC en el mayor mercado farmacéutico de la región.

El mapa farmacéutico de América Latina acaba de sumar un nuevo jugador de escala regional con ADN argentino.
Los dueños del laboratorio Elea –las familias Sigman, Sielecki y Gold– cerraron la adquisición del 79,7% de Cellera Farma, una farmacéutica brasileña con fuerte presencia en medicamentos de prescripción y productos de consumo masivo (OTC), en una operación valuada en 650 millones de reales, unos U$S 130 millones.

La transacción implica el traspaso del control accionario que hasta ahora estaba en manos del fondo de private equity Principia, brazo de inversiones de Lanx Capital liderado por Marcelo Barbará, y quedó sujeta a la aprobación final del Consejo Administrativo de Defensa Económica (Cade), el organismo antimonopolio de Brasil.

Con esta jugada, Elea consolida una estrategia de internacionalización apoyada en su músculo financiero local y en la experiencia de Cellera en “gerenciar el ciclo de vida” de marcas maduras en la potente red de farmacias brasileñas, con la mira puesta en transformar al laboratorio argentino en un jugador de peso sudamericano en biosimilares, alta complejidad y productos de venta libre.

Quiénes compran: Sigman, Sielecki y Gold, el tridente detrás de Elea Phoenix

Elea –hoy consolidado institucionalmente como Elea Phoenix– está controlado por tres de las familias más influyentes del negocio farmacéutico y empresarial argentino: los Sigman, los Sielecki y los Gold.

En el caso de los multimillonarios Hugo Sigman y Silvia Gold, se trata de la pareja fundadora del Grupo Insud, el holding que articula su presencia global en farma, agronegocios, cultura y energía.

Sigman (médico psiquiatra) y Gold (doctora en Bioquímica) se exiliaron en España a fines de los años 70 y allí fundaron Chemo, comercializadora de principios activos que aprovechó los vacíos de patentes en Europa para crecer con rapidez.

Hoy, su brazo farmacéutico global es Insud Pharma, que incluye a Chemo, Exeltis y la biotecnológica mAbxience, pionera en anticuerpos monoclonales y conocida masivamente por la producción local del principio activo de la vacuna de AstraZeneca contra el Covid‑19. Bajo el paraguas de Insud también operan Garruchos y Biogénesis Bagó (vacunas y sanidad animal), la productora de cine K&S Films (Relatos Salvajes, El Clan, El Ángel), la editorial Capital Intelectual y la forestal Pomera, entre otros activos.

La familia Sielecki, por su parte, combina bajo perfil público con alto poder financiero.

El patriarca, Manuel Sielecki, creó los laboratorios Phoenix en los años 60 y los transformó en una de las marcas más respetadas del mercado argentino.

En 2010, la familia –ya con Daniel Sielecki al frente– vendió Phoenix a GlaxoSmithKline (GSK) por unos U$S 253 millones.

Siete años más tarde, en 2017, recompraron Phoenix a GSK por una cifra sensiblemente menor, esta vez asociados con Sigman y Gold, y la fusionaron con Elea, dando origen al gigante actual.

Los Sielecki también tienen historial en energía y petroquímica, con participaciones en Transportadora de Gas del Sur (TGS) a través de alianzas con otros grupos como el de Marcelo Mindlin.

El tercer pilar accionario es la rama Gold encabezada por Luis Alberto Gold, que comparte origen con Silvia Gold pero funciona como un frente societario diferenciado. Actúa como socio estratégico “silencioso” pero clave en las decisiones financieras de Elea, con foco en el core médico y la producción industrial de alta complejidad en el mercado local.

La alianza de estas tres familias convirtió a Elea en una verdadera “máquina de consolidación”, especializada en comprar cuando las multinacionales ajustan o se retiran: lo hizo con GSK/Phoenix, con las líneas de oncología de Celnova, con productos específicos de Teva y ahora con Cellera en Brasil.

Qué compran: una plataforma brasileña de rápido crecimiento, mucha deuda y marcas de peso

Cellera Farma nació formalmente en mayo de 2017 de la mano del fondo Principia Capital Partners, que junto al empresario farmacéutico brasileño Omilton Visconde Jr. adquirió activos de Delta Farmacêutica y parte de las líneas de la entonces Valeant (hoy Bausch & Lomb) en Brasil.

Poco después, sumaron Mip Brazil Farma –firma orientada al consumo masivo OTC y propiedad del propio Visconde Jr.– y terminaron de armar la estructura actual de Cellera.

La compañía factura alrededor de 650 millones de reales anuales (aproximadamente U$S 130 millones) y está catalogada como una farmacéutica mediana de rápido crecimiento.

Su base está en el Estado de San Pablo, con una planta moderna en Indaiatuba –con importante capacidad ociosa, clave para la expansión de producción de Elea–, oficinas corporativas en la capital paulista y centros de distribución en Itapevi (SP) y Serra (ES).

Una pieza central de la operación fue la renegociación de su deuda: el valor del paquete accionario de Cellera se había ajustado fuertemente en los últimos años, con una caída superior al 65% desde sus picos de valuación.
La venta a los socios de Elea se destrabó, en buena medida, por la absorción y renegociación de debentures por 196 millones de reales en manos del fondo de special situations Lumina, de Daniel Goldberg, que estaban próximos a vencer.

Más allá de la planta y la logística, el verdadero valor de Cellera reside en su reputación para gestionar el ciclo de vida de medicamentos.

La firma se especializó en tomar marcas que las grandes multinacionales ya no priorizan y revitalizarlas en el canal de farmacias brasileñas.

Entre sus productos insignia figura Tylex, analgésico opioide (combinación de paracetamol y codeína) que es la segunda marca más prescrita de su categoría en Brasil, con un 12% de participación.
También controla Pamelor, un antidepresivo maduro adquirido a Novartis, con alta fidelidad médica.

En 2020, Cellera dio un salto al firmar un contrato de distribución y comercialización exclusiva en Brasil para 12 medicamentos de Janssen, lo que le abrió la puerta a la alta complejidad y a tratamientos del Sistema Nervioso Central y Gastroenterología.
Además, mantiene acuerdos de promoción con farmacéuticas europeas: alianzas con Ferring para potenciar líneas biológicas y gastrointestinales (como Pentasa) y co‑marketing con Sanofi.

Para qué compran: plataforma llave en mano para biosimilares, oncología y OTC

El perfil de Cellera encaja con el ADN de Elea.

Los dueños del laboratorio argentino buscan una plataforma “llave en mano” que ya tenga aceitado el canal institucional y médico en Brasil para introducir su propio portfolio: biosimilares, productos oncológicos, biológicos y OTC de valor agregado fabricados en Argentina con una estructura de costos competitiva.

La operación de U$S 130 millones se apalanca en financiamiento propio, sin depender en exceso del crédito bancario local, gracias a la escala de Insud y a las espaldas financieras de los Sielecki y los Gold.

En paralelo, el grupo ya venía construyendo musculatura regional: por ejemplo, se quedó con la línea completa de oncología de Celnova por unos U$S 8 millones, incorporando 14 moléculas maduras destinadas al mercado de licitaciones públicas y alta complejidad.

Para Insud, la sinergia no es nueva.

La familia Sigman ya tiene plantas biotecnológicas y acuerdos de transferencia científica en Brasil vía mAbxience.
Pero tomar el control directo de una estructura industrial y comercial como la de Cellera los posiciona en otra liga: competir de igual a igual con multinacionales en toda Sudamérica.

El objetivo declarado a mediano plazo es ingresar nuevos productos y tecnologías médicas a través de Cellera y apuntar a generar 500 millones de reales adicionales en ingresos, sobre la base actual de 650 millones de reales anuales.

En un entorno donde la escala regional es casi condición de supervivencia para sostener los altos costos de investigación, desarrollo y producción, la compra de la mayoría accionaria de Cellera confirma que los laboratorios nacionales argentinos no solo resisten en el mercado interno: ya juegan como compradores globales, disputando espacios de mercado a las grandes farmacéuticas en el principal territorio de la industria en América Latina.

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