“Propo fest”, propofol y fentanilo: la muerte de un anestesiólogo reabre la discusión sobre desvío de drogas hospitalarias

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La muerte de Alejandro Zalazar, anestesiólogo de 29 años hallado sin vida en su departamento de Palermo con una vía endovenosa colocada y ampollas de anestésicos a su alrededor, derivó en una investigación judicial por posible sobredosis de propofol y fentanilo y destapó una presunta red de robo y uso recreativo de drogas de uso exclusivo hospitalario, con foco en el Hospital Italiano.

Un residente muerto, una vía en el pie y ampollas “fácilmente rastreables”

La comunidad médica de Argentina vive un estado de conmoción por un hecho policial que interpela a las instituciones médicas y hospitalarias desde hace varias semanas cuando se comenzó a rumorear sobre la sospechosa muerte de un miembro de la comunidad.

Alejandro Zalazar, conocido como “Alito” entre sus colegas, era residente del Hospital Rivadavia y realizaba una rotación pediátrica en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez; el día de su muerte debía presentarse a trabajar en la Fundación Favaloro, pero nunca llegó. Su hermana, que no podía contactarlo desde el día anterior, llamó al 911 y la policía lo encontró tendido en el piso de su habitación, sin signos vitales, “con una vía conectada en el pie derecho” y rodeado de “inyecciones y elementos descartables”.

No había signos de violencia ni ingreso forzado, y desde el inicio la hipótesis principal fue una sobredosis de propofol y fentanilo, dos anestésicos intravenosos de uso hospitalario. Fuentes judiciales señalaron que las ampollas halladas serían “fácilmente rastreables” por su composición y etiquetado, y que extrajudicialmente se mencionó al Hospital Italiano como posible origen, extremo que aún requiere confirmación pericial: la trazabilidad de lotes está ordenada, pero no fue incorporada en su totalidad al expediente.

La causa por la muerte de Zalazar está a cargo del fiscal Eduardo Cubría (Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional Nº 6) junto al Juzgado Nº 60, interinamente conducido por el juez Santiago Bignone, con pericias toxicológicas, análisis de su teléfono, levantamiento de huellas y reconstrucción de sus últimos contactos como ejes de trabajo.

Audios, “viajes controlados” y una supuesta red de robo y fiestas entre médicos

Paralelamente, un audio de WhatsApp de siete minutos, que se viralizó entre profesionales de la salud porteños, describió una trama más amplia: presunto robo sistemático de propofol y fentanilo del Hospital Italiano por parte de médicos para organizar “fiestas del propofol” o “viajes controlados” en las que se usaban bombas de infusión —también robadas— para llevar a los participantes a estados de apnea bajo ventilación manual (“ambuceo”) a cargo de otro colega.

Según ese relato, no incorporado aún formalmente a la causa, el circuito incluiría sustracción de ampollas, redistribución entre profesionales de distintos centros y eventos privados donde se combinaban sedación profunda y, en al menos una denuncia, abuso sexual en contexto de consumo. El impacto del escándalo derivó en la renuncia de un anestesiólogo de planta del Hospital Italiano y en la licencia de otra médica, señalados internamente por desvío de anestésicos de acción rápida.

“No sé si estas fiestas son históricas, pero lo que sí es histórico es el consumo de propofol. De hecho, Michael Jackson murió por consumo de propofol. Es un anestésico de rápida acción que provoca una sedación profunda en muy poco tiempo”, explicó a Clarín el médico toxicólogo Francisco Dadic, presidente de la Fundación Argentina de Toxicología. El especialista recordó que en la práctica hospitalaria “la mayoría de los pacientes dicen ‘qué bueno lo que me dieron’” tras una videocolonoscopía o una intubación, porque el fármaco induce un “dormir placentero”, y detalló que suele utilizarse en combinación con opioides como el fentanilo.

El Hospital Italiano admite robo de estupefacientes y revisa su circuito de control

Tras las primeras publicaciones periodísticas, el Hospital Italiano de Buenos Aires emitió un comunicado en el que confirmó “robo de estupefacientes” en el área de anestesiología, informó que realizó “la correspondiente denuncia ante las autoridades competentes” y aseguró que “ninguna de las personas involucradas se encuentra desempeñando funciones en la institución” mientras avanza la investigación.

“En relación a la situación de robo de estupefacientes difundida recientemente, el Hospital Italiano informa que tomó todas las medidas necesarias para analizar lo sucedido, actuar con las personas involucradas y generar procedimientos para prevenir a futuro”, señaló el centro de salud. En una comunicación interna a su personal, agregó que, a partir de una denuncia interna, se dio aviso inmediato a la Dirección y se inició “una revisión integral del circuito de gestión, control y seguridad de los estupefacientes, con el objetivo de reforzar los mecanismos de supervisión y prevenir situaciones de esta naturaleza a futuro”.

La institución también indicó que trabaja junto a la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires (AAARBA) “para abordar este tipo de problemáticas, que han sido reportadas también en otras instituciones del sistema de salud, y que requieren una respuesta coordinada”. Desde el Ministerio de Salud de la Ciudad de Buenos Aires, en tanto, admitieron estar al tanto de los hechos “por trascendidos”, pero aclararon que los protocolos locales “se activan a raíz de denuncias, por ejemplo de faltantes de insumos, y por ahora eso no sucedió en el sistema”.

Cómo se desvían anestésicos críticos y por qué los controles siguen siendo vulnerables

Dadic describió los puntos ciegos del circuito de medicamentos controlados: “La sustracción de ampollas ocurre. Hace muchos años se intentan reforzar los mecanismos para que esto no suceda; por ejemplo, mediante el uso de doble receta para fármacos específicos como propofol o fentanilo, que pueden derivar en un consumo problemático”. Ese doble aval —firma del médico que prescribe y de un jefe o director— habilita el retiro desde farmacia hospitalaria, pero no elimina del todo la posibilidad de desvíos.

“Puede ser que uno diga ‘preciso cinco ampollas’ y después administre tres, a propósito o porque la intervención lo requiere de ese modo. Por distintas razones pueden sobrar ampollas y ahí se puede generar la sustracción”, advirtió. Sobre los llamados “viajes controlados”, precisó que el concepto es más habitual en el uso recreativo de alucinógenos, pero que el empleo de propofol o fentanilo en contextos sociales “no es frecuente, pero tampoco diría que es tan inusual; buscaría un punto medio”.

En el plano clínico, el toxicólogo recordó que el propofol es un sedante “gabaérgico” de acción ultra rápida, empleado para inducción anestésica, videocolonoscopías e intubación orotraqueal, donde se busca, de forma controlada, un breve “paro respiratorio” para colocar el tubo. El fentanilo, por su parte, actúa como opioide potente y suele sostener la depresión respiratoria o el control del dolor en combinación con el propofol, lo que en manos no entrenadas, fuera del ámbito hospitalario y sin monitoreo, puede ser letal.

Una investigación que trasciende un caso y obliga a revisar protocolos en todo el sistema

La muerte de Zalazar no solo impulsó una causa penal específica, sino que derivó en renuncias, licencias y denuncias cruzadas que ahora están bajo análisis de la fiscalía Nº 47, a cargo de Marcelo Solimine, quien pidió al juez Mariano Iturralde unificar expedientes previos vinculados al posible robo y redistribución de anestésicos en el sistema porteño. La resolución sobre qué juzgado seguirá la investigación definirá el marco institucional para avanzar sobre responsabilidades individuales y fallas estructurales de control.

En un sector donde el acceso a fármacos de alta potencia forma parte del trabajo cotidiano y los mecanismos de supervisión siguen mostrando grietas, el caso expone la necesidad de reforzar trazabilidad, auditorías y programas de apoyo frente al consumo problemático entre profesionales de la salud, un frente sensible que cruza gestión hospitalaria, regulación de estupefacientes y cultura institucional en la medicina argentina.

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