
Párkinson: cómo el intestino puede anticiparse a la enfermedad y a nuevos tratamientos
- curecompass
- 26 febrero, 2026
- I+D, Medicina
- Parkinson, Portada, University College London
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Un estudio publicado en Nature por el Instituto de Investigación de Demencia del Reino Unido en el University College London (UCL) identificó a los macrófagos intestinales como piezas clave en la propagación de la proteína tóxica alfa-sinucleína desde el intestino al cerebro en la enfermedad de Parkinson.
Los investigadores de la entidad de investigación inglesa mostraron en ratones que reducir estas células inmunes disminuye la carga de proteínas patológicas en el cerebro y mejora los síntomas motores, lo que sugiere una vía terapéutica para intervenir mucho antes de que aparezcan los daños neuronales característicos.
Del intestino al cerebro: el rol de los macrófagos intestinales
Desde hace años se sabe que una de las primeras áreas cerebrales afectadas en el párkinson es el núcleo motor dorsal del nervio vago, que conecta directamente con el intestino, y que décadas antes de los síntomas motores muchos pacientes presentan estreñimiento y células T reactivas frente a la alfa-sinucleína. El nuevo trabajo en ratones profundiza en este eje intestino-cerebro y “identifica un papel clave para los macrófagos intestinales” como mediadores de la propagación de la proteína.
Los autores demostraron que estos macrófagos ingerían alfa-sinucleína mal plegada y comenzaban a mostrar signos de disfunción en sus lisosomas, los orgánulos encargados de degradar desechos celulares. Cuando los científicos redujeron el número de macrófagos intestinales, la propagación de proteínas tóxicas a lo largo del eje intestino-cerebro se atenuó y los animales exhibieron mejor desempeño motor. Esto apunta a que las células inmunes en la pared intestinal no son solo “barrenderos” pasivos, sino actores activos en la progresión de la sinucleinopatía.
Experimentos con alfa-sinucleína humana derivada de pacientes
Para acercarse al escenario humano, el equipo aisló alfa-sinucleína mal plegada del cerebro de personas fallecidas con párkinson y la inyectó en pequeñas cantidades en el intestino delgado de ratones. A partir de allí siguieron cómo la proteína tóxica se propagaba desde el sistema nervioso entérico al cerebro, acumulándose en el tronco encefálico y en neuronas dopaminérgicas de la sustancia negra, zonas clave en el control del movimiento.
El trabajo mostró también que los macrófagos intestinales enviaban señales a las células T, parte de la inmunidad adaptativa, que viajan desde el intestino hasta el cerebro. Cuando se redujo previamente la población de macrófagos intestinales y se inyectó alfa-sinucleína en el intestino, “se observaron niveles reducidos de alfa-sinucleína tóxica en el cerebro, en comparación con los controles sanos”, y menos daño neuronal y síntomas motores más leves.
“Las células inmunitarias no son meros espectadores”
“Nuestro estudio demuestra que las células inmunitarias no son meros espectadores en el párkinson, sino que estos macrófagos intestinales responden, aunque de forma disfuncional”, señaló la Dra. Soyon Hong, coautora principal y jefa de grupo del Instituto de Investigación de la Demencia del Reino Unido en la UCL. Para la investigadora, estas células pueden actuar como una puerta de entrada inadvertida para la difusión de alfa-sinucleína a lo largo del eje intestino-cerebro.
“Esto nos brinda la oportunidad de reflexionar sobre cómo podemos potenciar la función del sistema inmunitario y de estas células, para que respondan correctamente y contribuyan a ralentizar o detener la propagación de la enfermedad”, añadió Hong al presentar los resultados. La estrategia, según el equipo, podría consistir en modular la actividad de los macrófagos o bloquear el tráfico de células T “instruidas por el intestino” hacia el cerebro, reduciendo así el impacto neurodegenerativo.
Hacia biomarcadores inmunes y nuevas dianas farmacológicas
Los investigadores planean analizar en mayor detalle cómo el sistema inmunitario intestinal afecta negativamente al cerebro y si esos mecanismos pueden aprovecharse como nuevas dianas farmacológicas. También prevén estudiar cómo utilizar marcadores de inflamación en sangre como herramienta de diagnóstico temprano, aprovechando el hecho de que las alteraciones inmunes y gastrointestinales pueden aparecer décadas antes de los síntomas motores clásicos del párkinson.
Al arrojar luz sobre el papel de los macrófagos intestinales en la propagación de la alfa-sinucleína, este trabajo refuerza el modelo de párkinson de “origen intestinal” y abre un campo fértil para el desarrollo de terapias inmunomoduladoras y biomarcadores precoces que interesan tanto a la industria farmacéutica como a los sistemas de salud orientados a intervenir en fases muy tempranas de las enfermedades neurodegenerativas.



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