«Efecto Trump» en el mercado del vapeo: el auge del sello «Made in America» para esquivar aranceles y controles

Ante las restricciones de la administración Trump contra los dispositivos chinos, la industria de los cigarrillos electrónicos —valuada en U$S 12.000 millones— vira su estrategia hacia el marketing nacionalista. Al menos ocho nuevas marcas han adoptado insignias estadounidenses para evitar la incautación de productos no autorizados en la frontera.
El mercado de vapeadores en Estados Unidos, históricamente dominado por la producción masiva proveniente de China, está atravesando una metamorfosis táctica impulsada por la presión geopolítica y arancelaria. En lo que analistas y ejecutivos del sector definen como una reacción directa a la ofensiva del presidente Donald Trump contra las marcas sin licencia, ha surgido una oleada de productos que exhiben credenciales «Made in America». Esta tendencia busca blindar a los dispositivos frente a las políticas de importación más severas y el escrutinio de las autoridades aduaneras, que han puesto el foco especialmente en las etiquetas de origen asiático.
Estados Unidos se consolida como el principal mercado mundial para estos dispositivos. Según estimaciones de British American Tobacco (BAT), el sector alcanzó un valor de aproximadamente U$S 12.000 millones en 2024. Sin embargo, la gran mayoría de estos productos carece de la autorización formal de la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos), operando en un terreno gris regulatorio. Desde octubre del año pasado, al menos ocho nuevas marcas han aparecido en las góndolas estadounidenses resaltando su supuesta identidad local.
A pesar de las banderas y sellos de «fabricado en EE.UU.», los registros comerciales revelan una realidad más compleja: aunque algunas firmas son controladas por capitales estadounidenses, al menos dos de estas marcas pertenecen a empresas con base en China o Hong Kong. El objetivo, según Pallav Mittal, analista de Barclays, es que estas etiquetas tengan menos probabilidades de «llamar la atención» de los funcionarios de aduanas que buscan activamente vapeadores chinos no autorizados en la frontera.
Estrategias de camuflaje ante la ofensiva de RFK Jr. y Pam Bondi
La administración Trump ha endurecido el discurso y las acciones contra los dispositivos ilegales, señalando a China como el principal responsable del flujo de productos «peligrosos». En recientes operativos de incautación, el Secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., y la ex Fiscal General, Pam Bondi, afirmaron que China se beneficia del vertido de estos dispositivos en suelo americano.
Esta presión ha generado movimientos curiosos en la industria:
- Maxus Star: Su sitio web proclama «Vape American» y muestra dispositivos decorados con barras y estrellas junto a un sello de «construido en EE.UU.». No obstante, la marca es propiedad de Rivermountain (H.K.) Tech, con sede en Hong Kong, vinculada al fabricante chino Freemax.
- OneTank: Incluye en su empaque una bandera estadounidense y la frase «made in USA». Los registros indican que está controlada por representantes de Shenzhen Onevape Technology.
Incluso empresas locales están ajustando sus operaciones. Charlie’s Holdings Inc, una firma estadounidense pequeña, inauguró en diciembre su primera fábrica en EE. UU. para el llenado de e-liquids, intentando mitigar las interrupciones en la cadena de suministro asociadas a la importación de dispositivos terminados. Sin embargo, en sus informes anuales reconocen que sus dispositivos desechables siguen siendo producidos por un socio fabricante en China.
Un mercado ilegal del 70% que resiste la regulación
El impacto de este cambio de marketing podría ralentizar la transición hacia el mercado legal que las grandes tabacaleras esperaban. Actualmente, los vapeadores sin licencia representan cerca del 70% de las ventas en EE.UU. En contraste, la FDA solo ha otorgado licencias de comercialización a 41 dispositivos específicos.
Tadeu Marroco, CEO de BAT, señaló que esta tendencia es parte de un movimiento para «eludir» las regulaciones estatales y federales. Según Marroco, a medida que la administración aumenta la aplicación de la ley, los competidores «se vuelven más creativos».
A pesar de la retórica nacionalista, los datos comerciales sugieren que la dependencia de la manufactura asiática sigue siendo estructural. En 2025, las exportaciones de vapeadores desde China hacia EE.UU. superaron los U$S 4.000 millones, sin mostrar signos de retroceso en el volumen total.
El desafío de la fiscalización fronteriza
Para los expertos, el uso de sellos estadounidenses es una apuesta por la confusión burocrática. Steve Xu, profesor de la Universidad de Waterloo, sugiere que algunos fabricantes podrían estar aumentando el uso de líquidos para vapeo fabricados en EE.UU. simplemente para reducir los costos arancelarios, sin necesariamente trasladar toda la producción.
Por su parte, la FDA ha sido tajante: vender vapeadores no autorizados es ilegal independientemente de dónde se fabriquen. No obstante, mientras el consumo de productos con el sello «Made in America» siga creciendo impulsado por la narrativa gubernamental de rechazo a lo importado, la fiscalización en los puntos de venta y fronteras enfrentará un nuevo laberinto de marcas con identidad duplicada.
La creatividad de los fabricantes ilegales para mimetizarse con el entorno político actual sugiere que el mercado de vapeo continuará siendo un terreno de disputa donde la tecnología, la salud pública y la guerra comercial se entrelazan de forma inseparable.