Demencia: un estudio reciente mostró que personas con sobrepeso tienen menor riesgo de muerte y no saben por qué

El análisis de 4.523 personas halló una reducción de riesgo de hasta 27% frente a pacientes con IMC normal. Los investigadores aclaran que no implica recomendar aumento de peso y piden profundizar el estudio nutricional.
Las personas con demencia que tenían sobrepeso u obesidad al momento del diagnóstico mostraron un menor riesgo de muerte que aquellas con índice de masa corporal (IMC) considerado normal, según un estudio publicado en Journal of Alzheimer’s Disease. El hallazgo, basado en datos de 4.523 participantes seguidos en Estados Unidos, plantea un interrogante relevante para la atención clínica: el peso en el momento del diagnóstico podría actuar como una señal pronóstica, aunque los mecanismos biológicos detrás de la asociación todavía no están claros.
El estudio no sostiene que las personas con demencia deban aumentar de peso ni que la obesidad funcione como un tratamiento. La autora principal, Virginia Chang, Profesora asociado de Ciencias Sociales y del Comportamiento de la Escuela de Salud Pública Global de la Universidad de Nueva York, remarcó que la investigación fue observacional y no fue diseñada para responder si ganar peso mejora la supervivencia. La lectura clínica se concentra, en cambio, en el seguimiento de la pérdida involuntaria de peso, el estado nutricional y la preservación de masa corporal durante la evolución de la enfermedad.

Diseño del estudio y población incluida
La investigación utilizó información del Health and Retirement Study recopilada entre 1998 y 2022. Los autores analizaron a 4.523 personas que no tenían demencia al ingresar al estudio y que posteriormente recibieron ese diagnóstico.
El análisis ajustó los resultados por variables como otras enfermedades crónicas, tabaquismo y factores demográficos. También evaluó posibles fuentes de sesgo que podrían distorsionar la asociación entre peso y mortalidad: la pérdida de peso vinculada con la enfermedad, el sesgo de colisionador —un error estadístico derivado de estudiar solo a quienes desarrollaron demencia— y el sesgo de supervivencia.
Los investigadores concluyeron que esos factores no explicaban por completo la asociación observada. Aun así, el diseño observacional identifica relaciones estadísticas, no prueba que el IMC elevado sea la causa de una mayor supervivencia.
Resultados según índice de masa corporal
Los pacientes con un IMC de 30 a 34,9 al diagnóstico —rango definido en el estudio como obesidad clase 1— registraron un riesgo de muerte 27% menor frente a quienes tenían un IMC normal.
Para las personas con IMC entre 25 y 29,9, correspondiente a sobrepeso, la reducción observada del riesgo fue de 16%. Entre quienes tenían obesidad clase 2 o 3, definida como un IMC de 35 o más, el riesgo de muerte fue 22% menor que en el grupo de IMC normal.

Los autores señalaron que el peso en el momento de recibir el diagnóstico se comporta como una “señal pronóstica significativa”. Sin embargo, no lograron establecer por qué el sobrepeso y la obesidad se asociaron con una menor mortalidad dentro de esta cohorte.
Pérdida de peso y salud nutricional
Una explicación posible se vincula con la pérdida de peso que puede preceder y acompañar a la demencia. Cambios cerebrales que afectan la motivación central para comer, junto con dificultades para alimentarse de manera autónoma, pueden deteriorar la ingesta nutricional a medida que avanza la enfermedad.
En ese contexto, una mayor reserva corporal —que puede incluir energía disponible y masa muscular— podría brindar una ventaja frente a la pérdida de peso y el deterioro nutricional. Esta hipótesis ayuda a interpretar la asociación, pero todavía requiere investigación adicional.
Estudios previos mostraron que la pérdida de peso asociada con demencia puede comenzar una década o más antes del diagnóstico, acelerarse en los años previos y continuar después. Por eso, una persona que llega al diagnóstico con bajo peso o con un IMC normal puede haber atravesado previamente una pérdida involuntaria de peso relacionada con el proceso neurodegenerativo.

Qué no debe interpretarse
La obesidad se asocia, en general, con peores resultados de salud. Además, investigaciones anteriores mostraron que la obesidad entre los 35 y 65 años puede aumentar alrededor de 30% el riesgo de desarrollar demencia. Ese escenario es distinto del que examina este nuevo estudio, centrado en la supervivencia después de recibir el diagnóstico.
“Esto no significa que los pacientes con demencia deban intentar tener sobrepeso u obesidad, porque nuestro estudio no fue diseñado para evaluar esa pregunta”, advirtió Chang.
La investigación refuerza la necesidad de incorporar una evaluación sistemática del peso, las reservas nutricionales y la evolución de la masa corporal en la atención de personas con demencia, sin convertir una asociación observacional en una recomendación para ganar peso.