Cómo los inversores frenaron la megafusión de U$S 400.000 millones entre AstraZeneca y Bristol Myers Squibb

Las conversaciones avanzadas para crear la farmacéutica con mayores ingresos del mundo se desmoronaron tras el rechazo de accionistas. AstraZeneca cayó 9% en Bolsa ante el temor a sumar el “patent cliff” de Bristol Myers y perder foco en innovación.
Pascal Soriot llevaba años diciendo a los inversores que AstraZeneca no necesitaba una gran adquisición para alcanzar su meta de U$S 80.000 millones de ingresos anuales en 2030. Sin embargo, detrás de escena, el CEO de la farmacéutica británica negociaba una posible compra de Bristol Myers Squibb que habría creado un gigante valuado en alrededor de U$S 400.000 millones.
Las conversaciones entre ambas compañías se extendieron durante la primavera y el verano. Hacia comienzos de agosto, AstraZeneca y Bristol Myers discutían un acuerdo mayormente en acciones, con una prima para los accionistas de la compañía estadounidense y un componente relevante de efectivo que requería financiamiento de grandes bancos de inversión.
El proyecto era tan concreto que los equipos legales y financieros buscaban cerrar los detalles para anunciarlo a mediados de agosto. Pero la filtración de las tratativas detonó una reacción adversa en el mercado. El 3 de agosto, las acciones de AstraZeneca cayeron 9%, su peor rueda desde marzo de 2020, y el directorio ordenó terminar las discusiones.

Detalles del acuerdo y valuación
A fines de julio, AstraZeneca tenía una capitalización de mercado de £196.000 millones, equivalentes a U$S 264.000 millones, frente a U$S 133.000 millones de Bristol Myers Squibb. La operación combinada habría superado los U$S 100.000 millones en ingresos anuales y habría creado la farmacéutica con mayor facturación del mundo.
La escala del proyecto devolvía al sector a la era de las megafusiones de fines de los años noventa y principios de los 2000, que dio forma a buena parte de los actuales gigantes de la industria, entre ellos AstraZeneca, GSK, Merck y Pfizer. Sin embargo, los inversores interpretaron que esa lógica de consolidación ya no encaja con una compañía cuyo valor se apoya en crecimiento orgánico, una cartera oncológica profunda y una serie de hitos clínicos próximos.
Kosta Kleyman, inversor de salud en Columbia Threadneedle y accionista de ambas empresas, resumió la objeción central: “Esto parece una idea de una época pasada”. Y planteó: “¿Por qué AstraZeneca, que es vista como una empresa con crecimiento impresionante, querría comprar el precipicio de patentes de Bristol cuando podría estar adquiriendo biotechs prometedoras?”.
El costo de sumar el “patent cliff”
La principal alarma para los accionistas de AstraZeneca fue el riesgo de absorber una compañía expuesta a una fuerte pérdida de exclusividad. Cerca de la mitad de los ingresos de Bristol Myers quedaría bajo amenaza de vencimientos de patentes desde 2028.
El caso más sensible es Eliquis, el anticoagulante estrella de Bristol Myers, que enfrentará competencia de genéricos a partir de 2028. Para AstraZeneca, el problema no era solo financiar una operación multimillonaria, sino incorporar ingresos futuros potencialmente decrecientes en un momento en que su propia estrategia depende de sostener expansión de ventas, innovación y productividad de I+D.
La desconfianza se alimentó además de un antecedente sectorial. Bristol Myers compró Celgene por U$S 74.000 millones en 2019, una operación que generó fuerte oposición de accionistas y no produjo los retornos que parte del mercado esperaba.

Lukas Leu, portfolio manager de ATG Healthcare Investments y accionista de AstraZeneca, fue categórico: “A mis ojos, esto habría sido un error”. Agregó que Soriot ya dejó su legado y que “no hay necesidad de algo grande como esto”.
Riesgo regulatorio y choque oncológico
La transacción también habría enfrentado una revisión antimonopolio compleja. AstraZeneca y Bristol Myers tienen negocios de oncología amplios, consolidados y con activos relevantes en múltiples segmentos terapéuticos.
Los inversores anticipaban que los reguladores probablemente exigirían desprendimientos de productos o programas de desarrollo, lo que podría reducir parte de las sinergias comerciales y científicas que justificaban la unión. Además, integrar dos organizaciones de esta escala suele tensionar la productividad de investigación, incluso cuando los ahorros financieros parecen evidentes.
Evangelos Assimakos, director senior de inversiones en Rathbones, advirtió: “Las sinergias financieras son relativamente fáciles de modelar, pero la historia sugiere que el desafío más difícil es preservar la innovación científica y la productividad de investigación mientras se integran dos organizaciones de este tamaño”.
La operación implicaba, además, una mayor exposición de AstraZeneca a Estados Unidos, el principal mercado de Bristol Myers. Eso reavivó preocupaciones políticas en Reino Unido: funcionarios de Whitehall temían que una fusión terminara desplazando el centro de gravedad de una de las principales compañías británicas hacia el mercado estadounidense.
La estrategia de Soriot y el objetivo de U$S 80.000 millones
Soriot asumió la dirección de AstraZeneca hace casi 15 años y su gestión estuvo marcada por grandes decisiones corporativas. Poco después de llegar, rechazó una oferta de compra de £69.000 millones de Pfizer y prometió transformar una empresa rezagada en un competidor global de innovación.
La estrategia se apoyó en acuerdos y compras relevantes, como la alianza con Daiichi Sankyo para un medicamento oncológico y la adquisición de Alexion Pharmaceuticals por U$S 39.000 millones. AstraZeneca superó su objetivo anterior de U$S 45.000 millones en ingresos para 2023 y luego fijó una nueva meta de U$S 80.000 millones para 2030.

La compañía facturó U$S 58.700 millones el año pasado y muchos analistas creen que puede alcanzar el objetivo sin una megafusión. El problema, para los inversores, no era la falta de ambición, sino el temor de que una operación con Bristol Myers desviara recursos, aumentara la exposición a pérdidas de patentes e introdujera riesgo de integración en un pipeline que ya es uno de los más profundos de la industria.
El rechazo al acuerdo deja una señal para el mercado farmacéutico: los accionistas parecen preferir adquisiciones selectivas de biotechs y activos innovadores antes que una vuelta a las fusiones masivas. Para AstraZeneca, la presión ahora será demostrar que su cartera propia, sus alianzas y su estrategia oncológica pueden sostener el camino hacia U$S 80.000 millones sin necesidad de comprar una compañía con un vencimiento de patentes tan próximo.
Fuente: Reuters, Yahoo Finance, Financial Times