Estudio de la vacuna COVID-19 bloqueado por el CDC se publica en JAMA: estima un 55% de eficacia contra hospitalización

Un estudio sobre la vacuna COVID-19 2025‑2026, cofirmado por científicos de los CDC y originalmente vetado para su publicación en el boletín oficial de la agencia, fue publicado el 23 de junio en JAMA Network Open y estima que la vacunación redujo en 55% el riesgo de hospitalización y en 50% las consultas en guardias y emergencias por COVID‑19.
Un trabajo que pasó del MMWR a JAMA Network Open
El trabajo, liderado por la epidemióloga de los CDC Ruth Link‑Gelles junto a investigadores de Westat, Kaiser Permanente y otros sistemas de salud integrantes de la Virtual SARS‑CoV‑2, Influenza, and Other respiratory viruses Network, analiza adultos atendidos en guardias, unidades de emergencias y hospitales de esa red entre el 3 de septiembre y el 31 de diciembre de 2025.
Los autores señalan que “los adultos pueden reducir su probabilidad de resultados graves asociados a COVID‑19 si obtienen la vacunación COVID‑19 2025‑2026”, enfatizando que la protección estimada se suma a la inmunidad ya existente por infecciones previas o dosis anteriores. El diseño del estudio es observacional, de tipo “test‑negative”, es decir, compara el estado de vacunación de quienes consultan con síntomas compatibles y testean positivo para COVID‑19 frente a quienes testean negativo.
El trabajo estaba inicialmente destinado a aparecer en el Morbidity and Mortality Weekly Report (MMWR), la publicación científica central de los CDC, pero fue retirado por decisión del director interino del organismo, Dr. Jay Bhattacharya, y finalmente encontró salida en la revista de la Asociación Médica Estadounidense.

55% menos hospitalizaciones y 50% menos visitas a emergencias
En total, el análisis incluyó 85.725 personas que acudieron a guardias y servicios de urgencias en la red con cuadros compatibles con COVID‑19 a finales de 2025. De ellas, solo el 4,5% tuvo test positivo para el virus. Entre los positivos, 206 personas (5%) habían recibido una vacuna COVID‑19 2025‑2026 en las semanas previas; entre los negativos, esa proporción ascendía al 12%. Esa diferencia se tradujo en una “eficacia estimada del 50%” de la vacunación contra las consultas en emergencias y guardias asociadas a COVID‑19.
Para hospitalizaciones, el estudio examinó 26.073 internaciones por enfermedad tipo COVID‑19. Allí, 60 de los 1.022 pacientes con test positivo (6%) habían sido vacunados recientemente, frente a 3.080 de los 25.051 negativos (12%). Con el mismo método, los investigadores estimaron una “eficacia del 55%” contra hospitalización asociada a COVID‑19. Entre mayores de 65 años, las cifras fueron similares: 48% de protección contra visitas a guardias y urgencias y 53% contra internaciones.
El estudio reconoce varias limitaciones, entre ellas la posible “clasificación errónea del estado de vacunación” de algunos pacientes y el hecho de que los resultados corresponden a los primeros meses posteriores a la dosis, sin evaluar el comportamiento de la protección a más largo plazo. También declara potenciales conflictos de interés de parte de autores que recibieron becas o subsidios de fabricantes de vacunas COVID‑19 como Pfizer y Moderna.

La controversia por el diseño “test‑negative” y la respuesta de la comunidad científica
La decisión de Bhattacharya de bloquear la publicación en MMWR se basó, según él mismo explicó, en cuestionamientos al diseño del estudio. “El trabajo utiliza un diseño de test negativo que no producirá una estimación no sesgada de la eficacia (y es imposible decir hacia qué lado irá el sesgo)”, argumentó en su momento.
Desde el Departamento de Salud y Servicios Humanos, agencia madre de los CDC, un portavoz defendió el enfoque general de la institución: “Los CDC protegen la salud pública proporcionando información precisa, transparente y confiable. Esto requiere aplicar los más altos estándares de rigor científico, especialmente cuando los hallazgos pueden influir en decisiones clínicas como la inmunización. Participamos en el debate científico sobre cómo medir de la mejor manera la eficacia de las vacunas en todas las publicaciones de los CDC”.
En un editorial que acompaña el artículo en JAMA Network Open, Natalie Dean, profesora asociada de bioestadística y bioinformática en la Escuela de Salud Pública Rollins de la Universidad de Emory, reconoció que el diseño test‑negative “tiene limitaciones”, pero defendió su uso: sostuvo que puede ofrecer estimaciones válidas porque los pacientes que testean negativo “pueden aproximar a la población subyacente de la que surgieron los casos de COVID‑19, permitiendo a los investigadores estimar la eficacia de la vacuna sin establecer un denominador completo”.
Dean recordó que este diseño se utiliza “desde hace décadas” para monitorear la eficacia de las vacunas contra la gripe en la Red de Efectividad de la Vacuna Antigripal de Estados Unidos y en otros contextos.

Riesgos de sesgo y debate metodológico
Durante un evento convocado por los propios CDC para debatir el método, Martin Kulldorff, asesor del Departamento de Salud y Servicios Humanos, alertó que, en algunos escenarios, la elección del grupo control puede introducir sesgos difíciles de corregir. Explicó que si se utiliza como comparación a personas que llegan al hospital con una infección distinta de COVID‑19, “podría ser que provengan de una población más frágil”, más sensible a infecciones y por eso más fuertemente recomendada a vacunarse.
“Podría ser que aquellos que llegan al hospital por otra enfermedad infecciosa sean más frágiles y, por lo tanto, tengan una probabilidad diferente de haber sido vacunados. No tiene nada que ver con si la vacuna te protege contra el COVID o no. Solo crea el sesgo. Y el sesgo puede ir en cualquier dirección”, señaló.
En ese cruce entre criterios metodológicos, presiones políticas y necesidad de datos claros para orientar recomendaciones, el paso del estudio desde el circuito interno del CDC al ámbito de una revista revisada por pares como JAMA Network Open le da visibilidad formal a cifras que, al menos en el corto plazo posvacunación, sugieren que las dosis COVID‑19 2025‑2026 siguen aportando una reducción significativa en el riesgo de internación y de consultas por cuadros graves, un dato que incide de manera directa en la planificación de campañas, en la demanda de vacunas y en las proyecciones de la industria farmacéutica que abastece este segmento.