Novartis cierra una planta en Alemania y recorta 220 puestos mientras reordena su mapa industrial

NOVARTIS

Novartis anunció que cerrará para fines de 2028 su planta de producción en Wehr, Alemania, dedicada a la fabricación de comprimidos y cápsulas, una decisión que implicará el recorte de unos 220 puestos de trabajo y que la compañía atribuye a la “falta de competitividad” del sitio.

Un sitio “no competitivo” que deja de producir comprimidos y cápsulas

La farmacéutica suiza informó que el establecimiento de Wehr, en el sur de Alemania, “ya no es competitivo”, por lo que avanzará con un cierre programado hacia finales de 2028 que afectará a alrededor de 220 empleados. La planta se especializa en la producción de tabletas y cápsulas, un segmento donde la presión de precios, la competencia global y la optimización de costos vienen forzando a las multinacionales a concentrar operaciones en menos sitios de mayor escala.

En un correo enviado a Reuters, Novartis aclaró que el cierre de Wehr “no está relacionado” con su reciente estrategia de aumentar inversiones en manufactura en Estados Unidos ante las amenazas de nuevos aranceles a los medicamentos, ni con las medidas de contención del gasto sanitario que Alemania viene implementando desde 2023. La compañía agregó que “permanece comprometida con Alemania como localización”, donde también está desarrollando nuevas capacidades de producción, incluida una planta para terapias radioligandas en Halle, Sajonia‑Anhalt.

Reordenamiento global: más inversión en EE.UU. y presión regulatoria en Europa

La decisión sobre Wehr se da en paralelo a un fuerte giro inversor hacia Estados Unidos. En 2025, Novartis anunció un plan para destinar U$S 23.000 millones en cinco años a la construcción y expansión de diez plantas en ese país —seis nuevas fábricas y la ampliación de tres existentes— y a la creación de un hub de I+D en San Diego, en respuesta a la presión arancelaria de la administración Trump.

“Estados Unidos es un mercado prioritario para Novartis”, señaló entonces la compañía, al destacar que con estas inversiones espera “contar con capacidad de manufactura en EE.UU. para todas sus plataformas tecnológicas centrales”. El movimiento se alinea con la tendencia de otras grandes farmacéuticas, como Eli Lilly y Merck, de relocalizar parte de su capacidad productiva clave en territorio estadounidense.

En Europa, en cambio, el contexto regulatorio se vuelve más exigente. El CEO de AstraZeneca advirtió recientemente que Alemania “corre el riesgo de quedarse sin algunos medicamentos nuevos” si mantiene su política de contención del gasto en fármacos y descuentos más agresivos sobre productos patentados, en el marco de la reforma del sistema de seguro de salud. Aunque Novartis insistió en que el cierre de Wehr no está ligado a estas medidas, el caso refleja las tensiones crecientes entre la necesidad de los gobiernos de limitar el gasto farmacéutico y las decisiones de las multinacionales sobre dónde producir, invertir y mantener empleo.

En un mercado global donde los costos de manufactura, las cadenas de suministro y las políticas de precios se cruzan con la geopolítica y los incentivos industriales, el repliegue de Novartis en Alemania y su apuesta de U$S 23.000 millones en capacidad productiva en Estados Unidos son una señal más de cómo los grandes laboratorios están reconfigurando su huella fabril, con impactos directos en empleo calificado, disponibilidad de medicamentos y poder de negociación de los sistemas de salud en cada región.

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