
Timing Oncológico: la hora en que se aplica la inmunoterapia podría sumar casi un año de vida
- curecompass
- 18 febrero, 2026
- I+D, Medicina
- Cáncer, Cáncer de Pulmón, CAR‑T, Christoph Scheiermann, inmunoterapia, Nature Medicine, oncología, Portada, Université de Geneve, Winship Cancer Institute, Zach Buchwald
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Un ensayo aleatorizado en 210 pacientes con cáncer de pulmón de células no pequeñas mostró que quienes recibieron su primera inmunoterapia antes de las 15:00 tuvieron una supervivencia libre de progresión de 11,3 meses versus 5,7 meses y vivieron casi un año más que quienes comenzaron después, lo que pone al reloj biológico en el centro de la oncología de precisión.
En oncología ya no solo importa qué fármaco se administra, sino también cuándo. Un estudio publicado en Nature Medicine sugiere que el momento del día en que se inicia la inmunoterapia podría marcar diferencias clínicamente relevantes en la evolución del cáncer. En pacientes con cáncer de pulmón de células no pequeñas tratados con inhibidores de PD‑1, recibir las primeras infusiones antes de las 3 de la tarde se asoció con casi el doble de tiempo sin progresión y casi un año adicional de supervivencia frente a quienes comenzaron el mismo tratamiento más tarde ese día.
El hallazgo llega en un contexto de creciente interés por la cronobiología –la ciencia que estudia los ritmos circadianos– y su impacto en el sistema inmunológico, la respuesta a vacunas, el riesgo quirúrgico e incluso la eficacia de terapias avanzadas como la CAR‑T. Para sistemas de salud como el argentino, donde la inmunoterapia ya forma parte de los esquemas de tratamiento de varios tumores, este tipo de evidencia abre una pregunta incómoda pero inevitable: ¿deberíamos empezar a programar la quimioterapia y la inmunoterapia mirando el reloj biológico, además de la agenda del hospital?
El estudio en cáncer de pulmón: mañana versus tarde, mismo fármaco, resultados muy distintos
El trabajo, liderado por investigadores en China y publicado esta semana en Nature Medicine, incluyó a 210 pacientes con diagnóstico de cáncer de pulmón de células no pequeñas. Todos recibieron el mismo tipo de inmunoterapia para potenciar su sistema inmune contra el tumor; la única diferencia fue el horario de la primera ronda de tratamiento: la mitad fue asignada aleatoriamente a recibir la infusión antes de las 15:00, y la otra mitad, después de las 15:00. El corte se eligió porque estudios previos sugerían que la actividad inmunitaria puede desacelerarse entre las 14 y las 15 horas.
Tras un seguimiento de más de 28 meses, los efectos sobre la progresión del cáncer y la supervivencia fueron llamativos. Los pacientes del grupo “temprano” permanecieron sin progresión tumoral durante un promedio de 11,3 meses, frente a 5,7 meses en el grupo que inició tratamiento más tarde ese mismo día, es decir, casi el doble de tiempo de supervivencia libre de progresión. En términos de supervivencia global, el grupo temprano vivió casi un año más en promedio que el grupo tardío. Al final del estudio, aproximadamente el 45% de los 105 pacientes del grupo temprano seguían vivos, frente a alrededor del 15% en el grupo tardío.
Los análisis de sangre aportaron una pista inmunológica: quienes recibieron el tratamiento por la mañana mostraron más células inmunes capaces de matar células cancerosas que aquellos tratados más tarde, lo que encaja con la idea de que el sistema inmune tiene “ventanas horarias” de máxima actividad.
Por qué el reloj biológico importa: células T más activas por la mañana y el primer “encuentro” con el fármaco
Los ritmos circadianos regulan funciones como la liberación de hormonas, el hambre, el sueño, la temperatura corporal, la glucemia y la presión arterial. Debajo del reloj maestro, alojado en el hipotálamo, operan docenas de relojes periféricos en células y tejidos. En los últimos años, varios grupos demostraron que el sistema inmunológico es especialmente sensible al tiempo: la respuesta a vacunas, el riesgo de eventos adversos luego de una cirugía cardíaca o la eficacia de terapias celulares parecen depender, al menos en parte, de la hora del día.
Mucho antes de probar la hipótesis en humanos, el coautor Christoph Scheiermann, de la Universidad de Ginebra, realizó experimentos en ratones para mapear los relojes del sistema inmune. Esos estudios mostraron que las células T —glóbulos blancos especializados en reconocer y eliminar amenazas como el cáncer— son más activas por la mañana y que su entrada y salida de los tumores sigue un patrón horario. “En el cáncer, las células T se agotan. Simplemente dejan de funcionar tan bien. El cáncer ha desarrollado formas de suprimir la respuesta inmunitaria”, explicó el oncólogo Zach Buchwald, del Winship Cancer Institute de la Universidad Emory, que no participó en el ensayo, al describir por qué restaurar esa actividad es clave.
Las inmunoterapias utilizadas en el estudio son inhibidores de PD‑1, fármacos que bloquean una interacción que las células tumorales usan para “desactivar” a las células T. La hipótesis de trabajo es sencilla de formular, aunque compleja de demostrar: “La teoría predominante es que, por la mañana, hay más células T físicamente en el tumor. Por lo tanto, si el fármaco aparece, hay más células T allí para reaccionar y comenzar a destruir las células cancerosas”, señaló Scheiermann, quien está realizando más estudios para entender la biología de estos efectos en humanos.
Un dato llamativo del ensayo es que el momento de la primera exposición a la inmunoterapia parece ser mucho más determinante que el de las dosis posteriores, cuyo horario no se asoció a diferencias tan claras, por razones que todavía no se comprenden del todo.
“La magnitud del efecto es difícil de creer”: entusiasmo, escepticismo y nuevos ensayos en marcha
Aunque muchos expertos ven estos resultados como una oportunidad, los abordan con prudencia. Los datos son “excepcionalmente convincentes”, dijo el oncólogo Zach Buchwald, de Emory, quien no participó en el trabajo. “Si se tratara de un fármaco nuevo, serían aclamados por todos como si hubieran descubierto algo revolucionario”.
Al mismo tiempo, varios especialistas subrayan que la magnitud del efecto —casi duplicar la supervivencia libre de progresión y sumar alrededor de un año de vida solo cambiando la hora de la primera infusión— exige confirmación independiente. “Este es posiblemente el hallazgo más controvertido en inmunooncología. La magnitud del efecto es difícil de creer. Aunque los ensayos controlados aleatorizados son difíciles de NO creer. Necesitamos un esfuerzo coordinado… para investigar esto”, escribió en X el oncólogo de mama Paolo Tarantino, del Dana‑Farber Cancer Institute y Harvard Medical School.
El propio Scheiermann admite que la sorpresa fue grande incluso para el equipo: “Es realmente dramático que veamos esto con tanta fuerza en los pacientes”, afirmó, y se mostró de acuerdo “con todos los que cuestionan esto, en que es necesario replicarlo en otras cohortes, en otros continentes”.
Al menos un estudio confirmatorio ya está en marcha. Buchwald y sus colegas están reclutando pacientes para un ensayo aleatorizado similar que probará la “teoría del tiempo” en la inmunoterapia para melanoma, con la intención de incluir a 100 pacientes entre el Winship Cancer Institute de Emory y el Massachusetts General Hospital en Boston.
Más allá de la inmunoterapia: quimioterapia, CAR‑T y cirugías que también parecen depender del horario
El trabajo no surge en el vacío. Evidencias previas ya habían sugerido que el horario importa en otros contextos clínicos. Un estudio observacional encontró que la cirugía de reemplazo valvular cardíaco era menos riesgosa cuando se realizaba por la tarde; otra investigación mostró que la eficacia y los efectos secundarios de vacunas podían variar según la hora del día en que se administraban.
En el terreno de las terapias avanzadas, el neumonólogo Jeffrey Haspel, de la Universidad de Washington en St. Louis, observó que la terapia CAR‑T —células T especialmente programadas para combatir leucemias y linfomas— “parece ser más eficaz y tener menos efectos secundarios cuando se administra por la mañana”. “Cada capa del sistema inmunitario parece tener un ritmo biológico”, afirmó Haspel, que no participó en el ensayo de cáncer de pulmón pero sigue de cerca su impacto potencial. “El primer encuentro entre el tumor, el fármaco y la célula T, esa situación de primer contacto, puede ser realmente muy importante para el éxito a largo plazo”.
Un estudio de 2021, por su parte, evaluó 126 medicamentos oncológicos y encontró que la mitad combatía el cáncer con mayor eficacia en ciertos momentos del día, según la neurobióloga Amita Seghal, directora del Instituto de Cronobiología y Sueño de la Universidad de Pensilvania, que calificó el nuevo trabajo como “emocionante”.
¿Vale la pena reorganizar la agenda oncológica? Las implicancias para hospitales y sistemas de salud
Más allá del laboratorio y las curvas de supervivencia, el estudio plantea un desafío logístico. Programar la atención de pacientes oncológicos ya es complejo en términos de turnos, recursos humanos y capacidad de los hospitales. “Si se va a reorganizar el proceso de atención, ¿realmente vale la pena el esfuerzo? ¿Vale la pena programar citas en horarios específicos por el beneficio que el paciente podría obtener?”, se preguntó Haspel. “Lo interesante es que estas inmunoterapias contra el cáncer parecen tener el mismo efecto en cuanto a la programación matutina”.
Para centros oncológicos de Argentina y América Latina que ya utilizan inhibidores de PD‑1 y otras inmunoterapias en pulmón, melanoma, riñón y otros tumores, la cronoterapia podría transformarse en un eje más de la medicina personalizada, junto con la selección de biomarcadores, el ajuste de dosis y la combinación de fármacos. Si futuros ensayos confirman que iniciar la inmunoterapia por la mañana mejora de forma robusta la supervivencia, los sistemas de salud y la industria farmacéutica tendrán que considerar no solo qué drogas incorporan a sus vademécums, sino también cómo integran el factor tiempo en la organización de los servicios de oncología, desde la planificación de sillones de infusión hasta la evaluación de costo‑efectividad de terapias que, sin cambiar de molécula, podrían volverse mucho más valiosas si se aplican en el momento biológico adecuado.


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