Señal para los sistemas de salud: Reino Unido restringe el acceso a fármacos contra obesidad

Con cerca de 500.000 personas usando agonistas GLP‑1 como Wegovy y Mounjaro en el Reino Unido y un mercado global que podría llegar a U$S 115.000 millones en 2030, el regulador británico impone verificaciones presenciales de talla, peso e IMC y advierte que son “medicamentos poderosos” con riesgos que exigen controles más estrictos.

La irrupción de los agonistas del receptor GLP‑1 transformó el manejo de la obesidad y ya está reconfigurando las estrategias de salud pública a escala global. En el Reino Unido, cerca de medio millón de personas utilizan inyecciones para bajar de peso como Mounjaro y Wegovy, en un mercado que mueve miles de millones de libras y que los analistas proyectan hasta £85.000 millones para 2030 (unos U$S 115.000 millones).

Sobre ese telón de fondo, las autoridades sanitarias británicas comenzaron a frenar el entusiasmo: reconocen beneficios clínicos relevantes, pero advierten que se trata de “medicaciones poderosas”, con efectos adversos y riesgos serios, que no pueden usarse como atajo estético ni sin controles robustos.

Mientras tanto, los sistemas de salud —incluidos los de América Latina— observan con atención. La combinación de epidemia de sobrepeso y diabetes, terapias de alto costo y un mercado farmacéutico que crece a doble dígito obliga a definir reglas claras: quién accede, cómo se financian estos tratamientos y qué salvaguardas deben acompañar a unos medicamentos que ya se estudian no solo para obesidad y diabetes, sino también para adicciones, enfermedad cardiovascular y Alzheimer.


Eficacia y negocio: 15% menos de peso y un mercado que apunta a £ 85.000 millones

El boom de estos productos se explica, en parte, por su eficacia clínica. Según los datos citados, las personas que reciben inyecciones para bajar de peso “suelen perder alrededor de 15 por ciento de su peso corporal”. No se trata solo de la balanza: un estudio de la University College London (UCL) publicado el año pasado concluyó que estos fármacos de manejo del peso “podrían reducir en 20 por ciento el riesgo de infartos, ACV y muertes cardiovasculares”, un beneficio difícil de ignorar en pacientes con obesidad y alto riesgo cardiometabólico.

En paralelo, el negocio se acelera. Se estima que las ventas globales de fármacos de marca para obesidad alcanzaron £5.000 millones en 2023, y un informe de Morgan Stanley proyecta que el mercado podría multiplicarse más de 15 veces en los próximos años, hasta llegar a £85.000 millones para 2030. En ese contexto, Novo Nordisk, fabricante de Wegovy, vio cómo “sus ventas en obesidad aumentaron más de 50 por ciento en el último año”. El combo de alto impacto clínico y proyección económica explica por qué estas moléculas ya son el principal motor de crecimiento de varias big pharma.


El giro del regulador británico: verificaciones presenciales y freno a las recetas online

El crecimiento vertiginoso también dejó al descubierto el lado oscuro del boom: prescripciones laxas, uso fuera de indicación y plataformas digitales que vendían inyectables para adelgazar con cuestionarios mínimos y sin evaluación clínica robusta. En respuesta, el General Pharmaceutical Council (GPhC) —organismo que regula las farmacias en el Reino Unido— introdujo nuevas salvaguardas para restringir el acceso a estos fármacos.

A partir de ahora, “cualquiera que quiera acceder a estos medicamentos deberá tener su altura, peso e IMC verificados de manera independiente por profesionales de la salud”, una medida orientada a frenar las prescripciones online sin consulta presencial o por videollamada. La intención es atacar los abusos detectados en recetas emitidas solo con formularios en línea, “en algunos casos para personas con peso normal o con trastornos de la conducta alimentaria”, según alertas previas de asociaciones de farmacias.

Con esta decisión, los medicamentos como Wegovy y Mounjaro —agonistas del receptor GLP‑1— pasan a un régimen de control similar al de otros fármacos considerados de alto riesgo o propensos a mal uso, reforzando el rol del criterio médico y del farmacéutico antes de cada dispensación.


“No están pensados como una solución rápida”: la advertencia del NHS

La posición del sistema público británico quedó clara en la voz del director médico nacional de NHS England, sir Stephen Powis. En una entrevista con la BBC, fue tajante: aunque existe “una evidencia creciente de sus beneficios clínicos”, estos fármacos “son medicamentos poderosos que tienen efectos secundarios y complicaciones —y pueden, en ciertas circunstancias, ser peligrosos”.

Powis agregó una frase que marca la línea oficial y sintetiza el debate ético y sanitario: “Medicamentos como Ozempic y Wegovy solo deberían ser usados por personas a las que se les prescriben para obesidad o diabetes —no están pensados como una solución rápida”. La advertencia apunta al uso extensivo fuera de indicación como atajo estético, en personas que no cumplen criterios de obesidad o sin supervisión adecuada, un fenómeno que se ha visto en distintos mercados, alimentado por redes sociales y por el marketing de algunas plataformas de telemedicina.


Efectos adversos, pérdida de músculo y la delgada línea entre terapia crónica y producto “wellness”

En paralelo al entusiasmo, crecen los reportes de efectos adversos y preguntas sobre el perfil de seguridad a largo plazo. “Algunos usuarios experimentan náuseas, diarrea y fatiga”, efectos gastrointestinales esperados que pueden comprometer la adherencia y deteriorar la calidad de vida. Otros estudios clínicos han encontrado que “ciertos pacientes que toman estos medicamentos pierden masa muscular a una velocidad mucho mayor que quienes bajan de peso solo con dieta o ejercicio”, lo que abre interrogantes sobre su impacto en fragilidad, riesgo de caídas y salud metabólica futura, especialmente en adultos mayores.

El uso extensivo fuera de indicación, como “atajo” en personas sin obesidad o sin supervisión médica, preocupa tanto a clínicos como a reguladores. La facilidad de acceso vía plataformas digitales —“en algunos casos con cuestionarios mínimos y sin verificación robusta del IMC o del historial médico”— motivó la reacción del GPhC y reavivó el debate sobre el encuadre adecuado: ¿terapias crónicas para una enfermedad compleja o herramientas de “wellness” de consumo masivo?


Lo que viene: más indicaciones, más pacientes y la necesidad de marcos regulatorios sólidos

Los desarrollos que exploran el uso de estos fármacos para adicciones, enfermedad cardiovascular y Alzheimer suman una capa extra de complejidad. El mismo grupo de moléculas podría terminar siendo prescrito a poblaciones cada vez más amplias, en esquemas de uso prolongado, lo que exige “marcos regulatorios claros, sistemas de farmacovigilancia sólidos y guías clínicas actualizadas” capaces de acompañar su expansión más allá de la obesidad y la diabetes.

En un escenario donde el mercado global de fármacos para la obesidad crece a doble dígito y donde los sistemas de salud —incluidos los de América Latina y Argentina— enfrentan una epidemia de sobrepeso, diabetes y enfermedad cardiovascular, las decisiones regulatorias que hoy toma el Reino Unido sobre inyectables como Wegovy, Ozempic y Mounjaro tendrán un impacto directo tanto en la estrategia de las grandes farmacéuticas como en la forma en que clínicas, prepagas, obras sociales y autoridades sanitarias definan quién accede, cómo se financia y bajo qué condiciones se utilizan estas terapias de alto costo y alto impacto clínico en los próximos años.

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