
Pérdida de gusto tras la COVID: hallan la causa molecular en las papilas gustativas
- curecompass
- 5 marzo, 2026
- Actualidad, Salud
- Chemical Senses, COVID, Gusto, Olfato, Pérdida del gusto, PLCβ2, Thomas Finger, University of Colorado Anschutz
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Científicos identificaron un defecto específico en las células gustativas de pacientes con COVID prolongada: niveles reducidos de la proteína PLCβ2 en las papilas gustativas, lo que debilita la señal del gusto y ofrece una explicación biológica para quienes siguen sin recuperar sabores más de un año después de la infección.
Cambios en el ARN mensajero y en la arquitectura de las papilas
El trabajo, publicado en la revista Chemical Senses, analizó biopsias de papilas gustativas de 20 personas con alteraciones persistentes del gusto más de un año después de haber tenido COVID‑19. En esas muestras, los investigadores detectaron niveles disminuidos de ARN mensajero encargado de producir PLC beta2 (PLCβ2), una proteína clave en la transducción del gusto.
“La PLC beta2 actúa como un amplificador molecular dentro de las células gustativas”, explicó Thomas Finger, profesor de la Universidad de Colorado Anschutz y coautor del estudio. “Fortalece la señal antes de que se transmita al cerebro. Cuando los niveles se reducen, la señal gustativa se debilita”. Además de este cambio molecular, en algunos pacientes se observaron alteraciones estructurales en las papilas gustativas al examen microscópico, con papilas desorganizadas y células positivas para PLCβ2 aisladas en el epitelio.
Sabores dulces, amargos y umami, los más afectados
El equipo comprobó que la pérdida del gusto en el contexto de COVID prolongada afecta sobre todo a las calidades mediadas por la vía de PLCβ2: dulce, amargo y umami. En los test sensoriales, la ausencia total o la detección muy reducida de estos sabores fue significativamente más frecuente que la de los sabores salado y ácido. Esto se correlacionó con la menor expresión de PLCβ2 y de otros genes asociados, como Tas1R3, en las biopsias.
De manera consistente, Finger subrayó que “las células gustativas que detectan sabores salados y ácidos no dependen de esta proteína, lo que puede explicar por qué esos gustos se ven menos afectados”. La histología mostró que, en general, la estructura de los corpúsculos gustativos y su inervación se mantiene, aunque con focos de desorganización, lo que sugiere una alteración funcional más que una destrucción masiva de la periferia gustativa.
Hacia terapias dirigidas para el gusto en COVID prolongada
El hallazgo aporta la primera evidencia directa que vincula los cambios percibidos por los pacientes con anomalías mensurables dentro de las células del gusto. Al identificar a PLCβ2 como un “punto débil” de la vía de señalización, se abre la posibilidad de diseñar terapias dirigidas, ya sea modulando su expresión o potenciando rutas alternativas, siempre que futuros estudios confirmen si esta disfunción molecular es reversible.
Para los sistemas de salud, incluida América Latina, donde la COVID prolongada sigue generando consultas por síntomas sensoriales persistentes, contar con un mecanismo biológico concreto para la pérdida del gusto puede facilitar el desarrollo de ensayos clínicos específicos y, a mediano plazo, impulsar líneas de investigación traslacional en neurociencias y otorrinolaringología, con impacto directo en el abordaje de las secuelas posvirales en el segmento de salud neurosensorial.



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