Ozempic, Wegovy y Mounjaro: dejar de tomarlos provocaría recuperar lo perdido en apenas 2 años

Una revisión de 37 estudios con más de 9.000 personas concluyó que quienes interrumpen medicamentos para la obesidad tienden a recuperar en menos de 21 meses los 8,3 kilos perdidos en promedio, perdiendo también en 18 meses los beneficios sobre corazón, colesterol y presión arterial, lo que llevó a expertos a exigir planes específicos para la “ola” de pacientes que abandonará estos tratamientos.

Un “rebote” rápido: qué encontró el nuevo análisis

El trabajo, publicado en la revista BMJ, analizó datos de más de 9.000 personas provenientes de 37 estudios que evaluaron qué ocurre cuando se suspenden los fármacos antiobesidad. En promedio, los participantes habían tomado los medicamentos durante 39 semanas y fueron seguidos otras 32 semanas, a partir de lo cual los investigadores extrapolaron qué sucedería con más tiempo de evolución.

Los resultados mostraron que, durante el tratamiento, los pacientes perdieron en promedio 8,3 kg, pero las proyecciones indicaron que volverían a su peso original en menos de 21 meses tras dejar la medicación. Además, los beneficios sobre el corazón, los niveles de colesterol y la presión arterial desaparecerían aproximadamente a los 18 meses de suspendido el fármaco.

“El aumento de peso es común y rápido”: qué dicen los investigadores

La coautora del estudio, Susan Jebb, científica en nutrición en salud pública de la Universidad de Oxford, sintetizó el hallazgo central: “Lo que hemos mostrado en este análisis es que el aumento de peso después de la medicación es común y es rápido”. Y añadió que “la obesidad es una condición crónica y recurrente, y está muy claro que algún tipo de intervención debe continuar si queremos mantener los beneficios de estos tratamientos”.

El trabajo también comparó la evolución de los pacientes que tomaron fármacos con aquellos que participaron en programas conductuales (cambios en dieta y actividad física), y observó que tanto la pérdida de peso como la recuperación se dieron más rápido en el grupo tratado con medicamentos. Los autores reconocieron limitaciones, como el alto riesgo de sesgo en casi un tercio de los ensayos y posibles diferencias entre las poblaciones de los estudios farmacológicos y los de intervención conductual.

Un desafío para sistemas de salud ante una “ola masiva” de altas

Expertos independientes señalaron que los datos son coherentes con la visión emergente sobre las fortalezas y límites de estos medicamentos. Adam Collins, profesor asociado de nutrición en la Universidad de Surrey, advirtió que la investigación pone en evidencia el reto de sostener los resultados en “la ola masiva de personas que probablemente dejarán estos fármacos en los próximos meses y años”.

Por su parte, Naveed Sattar, profesor de medicina cardiometabólica en la Universidad de Glasgow, defendió el rol de estas terapias: afirmó que los medicamentos para pérdida de peso son “esenciales” para muchas personas con índices de masa corporal muy altos. Sin embargo, remarcó que “este trabajo aún no puede decirnos si el uso a corto plazo ofrece beneficios duraderos para los órganos, pero es plausible que estar más liviano durante dos o tres años gracias al uso temporal de estos fármacos podría ayudar a frenar el daño en las articulaciones, el corazón y los riñones”.

Pérdida de músculo y carencias nutricionales: el otro lado del boom farmacológico

En paralelo, un segundo trabajo publicado en Obesity Reviews alertó sobre el riesgo de deficiencias nutricionales y pérdida de masa muscular en usuarios de estos medicamentos que no reciben asesoramiento dietético adecuado. Evidencias recopiladas por investigadores del University College London (UCL) y la Universidad de Cambridge sugieren que hasta el 40% del peso perdido con estas terapias podría corresponder a masa magra, incluyendo músculo.

El Servicio Nacional de Salud británico (NHS) incorpora, en sus programas con fármacos para la obesidad, componentes de dieta equilibrada y aumento de la actividad física; pero la inmensa mayoría de los usuarios compra estos medicamentos en el ámbito privado, sin apoyo nutricional estructurado.

La científica de Cambridge Marie Spreckley, quien lideró este análisis, advirtió: “Si el cuidado nutricional no se integra junto con el tratamiento, existe el riesgo de reemplazar un conjunto de problemas de salud por otro, mediante deficiencias nutricionales prevenibles y una pérdida de masa muscular en gran medida evitable”.

En un mercado global que proyecta ingresos multibillonarios para los fármacos antiobesidad, estos hallazgos reafirman que la sostenibilidad clínica y económica de Ozempic, Wegovy, Mounjaro y sus competidores dependerá tanto de la duración del tratamiento como de la integración con programas de nutrición y actividad física dentro de los sistemas de salud y la práctica privada.

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