
Nuevos tratamientos emergentes para la ansiedad y las altas tasas de recaídas
- curecompass
- 16 marzo, 2026
- I+D, Medicina
- ansiedad, ashwagandha, CBD, COVID-19, Farmacoterapia, Fobia social, Global Burden of Disease 2019, L‑teanina, Neuromodulación, Pánico, Portada, Psicoterapia, salud mental, The BMJ
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Una revisión publicada en The BMJ describe una batería de tratamientos emergentes para los trastornos de ansiedad —desde psicoterapias basadas en la recompensa hasta neuromodulación, fármacos novedosos y suplementos naturales como ashwagandha y L‑teanina— que buscan complementar a la TCC y los ISRS ante altas tasas de falta de respuesta y recaída.
La ansiedad, una carga creciente y poco tratada
Los autores recuerdan que los trastornos de ansiedad —que incluyen ansiedad generalizada, pánico, fobia social, agorafobia, fobias específicas, mutismo selectivo y ansiedad por separación, entre otros— se caracterizan por miedo, ansiedad o evitación excesivos ante peligros percibidos, externos o internos, con deterioro funcional durante al menos seis meses en adultos. También describen cuadros inducidos por sustancias o secundarios a otras condiciones médicas, así como categorías “especificadas” y “no especificadas” cuando no se cumplen todos los criterios diagnósticos.
La mayoría de los trastornos de ansiedad comienzan en la infancia, adolescencia o adultez temprana y tienden a ser crónicos si no se tratan. Son casi el doble de frecuentes en mujeres que en hombres, a menudo preceden o coexisten con depresión y consumo de sustancias, y se asocian con enfermedades cardiovasculares, gastrointestinales, pulmonares, dolor crónico y migraña.
Datos del estudio Global Burden of Disease 2019 muestran un aumento de la incidencia global del 47,19% (de 31,13 a 45,82 millones de casos entre 1990 y 2019), y se estima que la pandemia de COVID‑19 elevó en 25,6% la prevalencia total en 2020. Pese a esta carga, solo alrededor del 25% de las personas diagnosticadas recibe tratamiento, en parte por falta de profesionales, barreras económicas, tiempo limitado y estigma, lo que impulsa el auge de soluciones digitales.
De la TCC y los ISRS a terapias digitales y chatbots
Como tratamientos de primera línea, la revisión repasa la evidencia para TCC y farmacoterapia. Los ISRS e IRSN muestran tamaños de efecto frente a placebo (d de Cohen) de 0,23‑0,60 y 0,50‑0,53 respectivamente en ansiedad social, ansiedad generalizada y pánico. Las benzodiacepinas logran efectos de 0,63‑0,87 pero con riesgos de tolerancia, uso indebido, dependencia y sobredosis. Los tricíclicos tienen una eficacia comparable a los ISRS (d≈0,74) a costa de más efectos adversos; otros fármacos off‑label incluyen pregabalina (d≈0,55), gabapentina, hidroxicina (d≈0,79), betabloqueantes como propranolol, mirtazapina, antipsicóticos atípicos y buspirona.
En psicoterapia, la TCC es la más respaldada, con tamaños de efecto g de Hedges que van aproximadamente de 0,07 a 0,40 en ansiedad generalizada, 0,22‑0,35 en pánico, 0,34‑0,60 en ansiedad social y 0,49‑0,72 en fobia específica frente a controles activos o listas de espera. A 12 meses, los efectos se mantienen para ansiedad generalizada (g≈0,22) y social (g≈0,42), pero no para pánico ni agorafobia. También cuentan con apoyo la terapia interpersonal, la psicodinámica centrada en pánico, la terapia de aceptación y compromiso (g≈0,52), la reducción de estrés basada en mindfulness y las técnicas de relajación (g≈0,62), además de la modificación del sesgo cognitivo y el ejercicio físico, con reducciones pequeñas a moderadas de síntomas.
La revisión destaca que la escasez de especialistas y otras barreras han impulsado la salud mental digital: las terapias online —sobre todo TCC digital— muestran resultados comparables a la TCC presencial y buena aceptación, con indicios de mayor efecto cuando hay apoyo humano (coaches, terapeutas, gestores), especialmente si es sincrónico y más intensivo. La “terapia con chatbot” basada en IA produce reducciones pequeñas en ansiedad (g≈0,19) en el corto plazo, pero aún está poco estudiada como vehículo robusto de TCC ni en usos prolongados.
Psicoterapias emergentes: apuntar al sistema de recompensa y a las conductas de seguridad
La revisión se centra luego en tratamientos independientes novedosos. Entre las psicoterapias emergentes, destacan las basadas en la recompensa, como el Positive Affect Treatment (PAT) y el Positive Activity/Positivity Amplification (AMP). Parten de que la anhedonia y la desregulación del procesamiento de recompensa son rasgos centrales de ansiedad y depresión, mientras que las intervenciones tradicionales han sido más eficaces en reducir emociones negativas (g≈‑0,90) que en aumentar positivas (g≈0,27).
PAT se propone incrementar: (i) la anticipación y respuesta a la recompensa, (ii) el aprendizaje de recompensa mediante ejercicios personalizados como imaginar y “saborear” experiencias positivas alcanzadas por activación conductual, (iii) la atención a aspectos positivos, la imaginación de resultados favorables y la atribución de resultados positivos a uno mismo, y (iv) estrategias basadas en mindfulness para cultivar positividad, como gratitud, generosidad y bondad amorosa. AMP comparte el foco en mejorar el procesamiento de recompensa a través de técnicas como aumentar la exposición y respuesta a eventos positivos (saborear, recordar, compartir experiencias agradables), fomentar la gratitud y promover actos prosociales y amables hacia otros.
Otras líneas psicoterapéuticas innovadoras que revisa el artículo incluyen estrategias de reducción de “conductas de seguridad” (esos pequeños comportamientos o apoyos externos que las personas usan para enfrentarse a situaciones temidas, pero que perpetúan la ansiedad) y técnicas centradas en la intolerancia a la incertidumbre, diseñadas para potenciar el efecto de la terapia de exposición en distintos trastornos de ansiedad.
Neuromodulación, fármacos experimentales y suplementos naturales
Entre los tratamientos biomédicos emergentes, la revisión cita:
- Técnicas de neuromodulación no invasiva, como la estimulación magnética transcraneal (EMT) y la estimulación transcraneal de corriente continua (ETCC), con estudios preliminares que apuntan a reducciones de síntomas en subgrupos de pacientes resistentes, aunque la heterogeneidad de protocolos y la falta de ECA de gran tamaño aún limitan su adopción generalizada.
- Una técnica de “mejora de la interocepción” llamada flotación‑REST, que consiste en sesiones de flotación en tanques con estimulación ambiental reducida para modular la percepción corporal y la regulación emocional, con resultados iniciales alentadores en ansiedad alta.
- Agentes farmacológicos en desarrollo, como la maritupirdina, un compuesto que tendría dianas neurobiológicas distintas a los ISRS/IRSN y que se encuentra en fases tempranas de ensayo para síntomas ansiosos.
- Suplementos naturales, entre ellos ashwagandha y L‑teanina, con evidencias preliminares de beneficio ansiolítico en estudios de pequeña escala: la revisión los incluye como opciones complementarias, subrayando la necesidad de más ensayos robustos y de regulación clara en su uso clínico.
El cannabidiol (CBD) aparece en ambos planos: como tratamiento individual y como potenciador de terapias, especialmente de la exposición, aunque los resultados aún son mixtos y dependen de dosis, formulación y diagnóstico.
Hacia terapias que potencian la exposición y estrategias combinadas más inteligentes
La revisión dedica un apartado a nuevas estrategias para optimizar la terapia de exposición, pilar de la TCC para fobias, pánico y ansiedad social. Incluye enfoques conductuales basados en el modelo de “recuperación inhibitoria”, que busca consolidar memorias de seguridad en lugar de solo extinguir respuestas de miedo, así como “experimentos conductuales” específicos para la intolerancia a la incertidumbre, orientados a entrenar al paciente a tolerar mejor lo impredecible.
También revisa el uso de fármacos como la D‑cicloserina y la escopolamina como potenciadores de la exposición, con resultados heterogéneos que hacen necesario afinar la selección de pacientes, dosis y ventanas temporales de administración. En conjunto, estos abordajes apuntan a lograr cambios más rápidos y duraderos, algo especialmente relevante si se tiene en cuenta que, en la práctica real, muchos tratamientos se extienden por meses o años, con riesgo de abandono.
En un escenario donde la incidencia global de los trastornos de ansiedad crece, la capacidad instalada de salud mental es limitada y el mercado de psicofármacos enfrenta demandas de innovación, el pipeline de psicoterapias basadas en recompensa, neuromodulación, fármacos experimentales y plataformas digitales con IA configura un nuevo frente de desarrollo para la industria y los sistemas de salud que buscan tratamientos más personalizados, escalables y eficaces para la ansiedad.



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