
Herpes Zóster: un estudio revela envejecimiento biológico más lento en mayores vacunados
- curecompass
- 26 enero, 2026
- I+D, Medicina
- herpes zóster, Nature, Portada, The Journals of Gerontology, University of South California, USC, USC Leonard Davis School of Gerontology
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Un nuevo estudio observacional en más de 3.800 adultos de 70 años o más sugiere que la vacuna contra el herpes zóster no solo protege frente a la enfermedad y sus complicaciones, sino que también se asocia con un envejecimiento biológico más lento, con menos inflamación crónica y mejores indicadores moleculares de salud a largo plazo.
Los hallazgos, liderados por investigadores de la Universidad del Sur de California y publicados en The Journals of Gerontology, se suman a una creciente evidencia que vincula esta inmunización con menor riesgo de deterioro cognitivo y demencia, y reconfiguran el rol de las vacunas en las estrategias de envejecimiento saludable.
Qué midió el estudio y cómo cambia la mirada sobre la edad biológica
El trabajo, realizado por la Escuela de Gerontología Leonard Davis de la USC, analizó datos de 3.884 participantes de 70 años o más en 2016, evaluando su edad biológica mediante marcadores de inflamación, respuesta inmune, flujo sanguíneo, neurodegeneración y cambios epigenéticos y transcriptómicos que modifican la expresión de los genes.
Los investigadores hallaron que, en promedio, las personas vacunadas contra el herpes zóster presentaban niveles significativamente más bajos de inflamación, un envejecimiento epigenético y transcriptómico más lento y puntuaciones compuestas de envejecimiento biológico más bajas que quienes no habían recibido la vacuna. La vacunación también se asoció con mayores puntuaciones de inmunidad adaptativa, es decir, una respuesta más robusta frente a patógenos específicos tras la exposición o la vacunación.
“La implicancia de este trabajo es que las vacunas podrían estar modulando sistemas biológicos más allá de la prevención de infecciones agudas”, explicó Jung Ki Kim, autora principal. “Este estudio se suma a la evidencia emergente de que las vacunas podrían desempeñar un papel en la promoción de un envejecimiento saludable al modular sistemas biológicos más allá de la prevención de infecciones”, señaló.
El equipo hizo hincapié en la diferencia entre edad cronológica y edad biológica: esta última refleja el estado real de órganos y sistemas, y está influida por la inflamación, la función inmune y procesos moleculares que pueden ser modificados por el entorno, el estilo de vida y, según estos datos, también por ciertas vacunas.
Inflamación, “inflammaging” y beneficios que persisten en el tiempo
Uno de los ejes centrales del estudio fue la inflamación crónica de bajo grado, un fenómeno conocido como “inflammaging”, asociado a enfermedades cardiovasculares, fragilidad física y deterioro cognitivo en la vejez. Los vacunados mostraron una reducción de este “ruido inflamatorio” de fondo en comparación con los no vacunados.
“Al ayudar a reducir esta inflamación de fondo —posiblemente al evitar que el virus latente se reactive—, la vacuna podría estar apoyando un envejecimiento más saludable”, destacó Kim. La hipótesis es que, al prevenir la reactivación del virus varicela‑zóster (responsable tanto de la varicela como del herpes zóster), se atenúan episodios de inflamación sistémica que, repetidos en el tiempo, aceleran el desgaste biológico.
Los investigadores observaron además que estos efectos parecían mantenerse a lo largo del tiempo. Al analizar la distancia temporal entre la vacunación y la toma de muestras, encontraron que las mejoras en envejecimiento biológico eran más marcadas dentro de los tres años posteriores a la vacuna, pero que un enlentecimiento del envejecimiento persistía incluso en quienes se habían vacunado cuatro o más años antes de la evaluación. El trabajo remarca, sin embargo, que se necesitan estudios longitudinales para confirmar estos patrones y definir su impacto en la salud clínica a largo plazo.
Herpes zóster, riesgo de demencia y vacunas como herramienta de prevención
El herpes zóster, causado por la reactivación del virus varicela‑zóster latente, puede afectar hasta un tercio de los adultos a lo largo de la vida y su frecuencia aumenta de forma notable después de los 50 años, especialmente en personas con sistemas inmunes debilitados. La enfermedad es conocida por generar erupciones dolorosas y complicaciones como la neuralgia posherpética, un dolor neuropático persistente difícil de tratar.
Diversos trabajos previos ya habían sugerido que la vacuna contra el herpes zóster puede reducir la inflamación y modular procesos de envejecimiento. Estudios publicados en revistas como Nature y Cell vincularon la inmunización con menor riesgo de deterioro cognitivo y demencia. Uno de ellos, que siguió los historiales de más de 280.000 personas de entre 71 y 88 años sin demencia al inicio del programa de vacunación, mostró que quienes recibieron la vacuna tenían un 20% menos de probabilidades de desarrollar demencia en los siete años siguientes.
Un análisis posterior en Nature Medicine, basado en millones de historias clínicas y difundido por The Washington Post, documentó que las personas inmunizadas presentaban entre un 27% y un 33% menos riesgo de demencia en los tres años posteriores a la aplicación, con un efecto especialmente marcado en mujeres y adultos mayores. El artículo de Cell concluyó: “Nuestros hallazgos sugieren que la vacunación contra el herpes zóster con virus vivos atenuados previene o retrasa el deterioro cognitivo leve y la demencia, y ralentiza la evolución de la enfermedad en quienes ya viven con demencia”.
Estos datos, sumados al nuevo estudio sobre envejecimiento biológico, refuerzan la idea de que la vacunación en la edad adulta puede ser un instrumento clave no solo para prevenir enfermedades agudas, sino también para intervenir en los mecanismos biológicos del envejecimiento, con implicancias directas para agendas de salud pública, programas de inmunización y decisiones de cobertura en sistemas sanitarios y aseguradoras.
En un contexto de envejecimiento poblacional acelerado y alta carga de enfermedades crónicas y neurodegenerativas, la evidencia de que una vacuna ya disponible y recomendada para mayores de 50 años podría aportar beneficios adicionales sobre la inflamación, la edad biológica y el riesgo de demencia introduce un argumento de peso para que la industria farmacéutica, los pagadores y los sistemas de salud reevalúen el valor estratégico de las vacunas del herpes zóster dentro del mercado de la medicina preventiva en adultos mayores.



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