Fármacos GLP-1 son asociados con menor riesgo de adicciones a alcohol, nicotina y opioides

Un estudio en más de 600.000 veteranos con diabetes tipo 2 mostró que quienes usan GLP‑1 como Ozempic, Wegovy o Saxenda tienen menor riesgo de desarrollar adicciones y menos hospitalizaciones, sobredosis y muertes por consumo de sustancias.

Un estudio con más de 600.000 veteranos de EE.UU. con diabetes tipo 2, publicado en The BMJ, encontró que quienes recibían fármacos GLP‑1 como semaglutida (Ozempic, Wegovy) o liraglutida (Saxenda) tuvieron entre 14% y 25% menos riesgo de desarrollar trastornos por consumo de sustancias y una reducción de hasta 50% en muertes por causas relacionadas con drogas frente a pacientes tratados con inhibidores SGLT2.

Un “gran hallazgo” en más de 600.000 veteranos

El trabajo, liderado por el epidemiólogo clínico Ziyad Al‑Aly, de la Washington University en Misuri, analizó hasta tres años de historias clínicas electrónicas de más de 600.000 veteranos del sistema de salud del Departamento de Asuntos de Veteranos de EE.UU. con diabetes tipo 2. Los investigadores dividieron la cohorte entre personas con y sin trastornos por consumo de sustancias (SUD, por sus siglas en inglés) previos y compararon sus desenlaces según recibieran un agonista del receptor GLP‑1 o un inhibidor SGLT2 como tratamiento antidiabético.

Más de la mitad de los pacientes tratados con GLP‑1 usaban semaglutida —principio activo de Ozempic y Wegovy— y alrededor del 22% recibía liraglutida, de la que Saxenda es un ejemplo. En el grupo sin antecedentes de adicción, el uso de GLP‑1 se asoció con un 14% menos riesgo de desarrollar cualquier trastorno por consumo de sustancias frente a los SGLT2, con reducciones específicas de 14% para cannabis, 18% para alcohol, 20% para cocaína, 20% para nicotina y 25% para opioides.

Esto es una gran revelación”, afirmó Al‑Aly. “Apunta a que estas diversas adicciones comparten un mecanismo biológico común que es tratable con fármacos GLP‑1”.

Menos hospitalizaciones, sobredosis y muertes en pacientes con adicciones previas

En los veteranos que ya tenían un trastorno por uso de sustancias al inicio, iniciar un GLP‑1 se asoció con beneficios aún más marcados. En el seguimiento a tres años, estos pacientes tuvieron un 25% menos probabilidad de ser hospitalizados por problemas vinculados a su adicción, un 40% menos riesgo de sufrir una sobredosis y un 50% menos riesgo de morir por causas relacionadas con drogas, en comparación con quienes recibían un inhibidor SGLT2.

El análisis también mostró caídas relevantes en eventos graves: otras fuentes que describen el mismo trabajo reportan descensos del orden del 26‑31% en internaciones y visitas a guardia por SUD, y reducciones significativas en ideación o intentos suicidas en usuarios de GLP‑1, en línea con la ausencia de evidencia de un vínculo causal entre estos fármacos y el riesgo de suicidio evaluado por agencias como la EMA y la FDA.

Para Al‑Aly, si futuros ensayos confirman estos resultados, “a largo plazo esto podría cambiar el tratamiento de las adicciones, pasando de apuntar a una sustancia por vez a dirigirnos al craving mismo”. La hipótesis de su equipo es que los GLP‑1 atraviesan la barrera hematoencefálica, modulan la señalización de dopamina en circuitos de recompensa y reducen el impulso de consumo; estudios previos en monos verdes africanos mostraron que animales tratados con semaglutida bebían menos alcohol que sus pares sin el fármaco.

Limitaciones, prudencia y próximos pasos para la industria y los reguladores

Los autores reconocen varias limitaciones: la cohorte estaba dominada por hombres mayores y blancos, aunque los resultados en mujeres fueron consistentes con el conjunto; además, no se pudieron descartar sesgos residuales por factores de estilo de vida o nivel socioeconómico. Aun así, consideran que el diseño del estudio y los métodos de análisis dan robustez a las asociaciones observadas.

Marie Spreckley, investigadora en prevención de diabetes y trastornos metabólicos de la Universidad de Cambridge, calificó los hallazgos como “biológicamente plausibles” pero pidió cautela: “Los resultados deben interpretarse como generadores de hipótesis”. Y subrayó: “Se necesitarían ensayos aleatorizados que evalúen específicamente resultados relacionados con sustancias antes de que estos medicamentos puedan considerarse tratamientos para trastornos por uso de sustancias. Los tratamientos basados en evidencia que ya existen siguen siendo esenciales”.

Para la industria farmacéutica y los sistemas de salud, un posible nuevo uso de los GLP‑1 en el campo de las adicciones —si los ensayos clínicos lo confirman— podría redefinir el posicionamiento de los grandes laboratorios que hoy lideran el mercado de obesidad y diabetes y abrir un segmento de alto impacto sanitario y económico en el abordaje transversal de trastornos por consumo de alcohol, nicotina y opioides.

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