Precios Medicamentos

Farmacéuticas: tras acuerdos de precios en EE.UU. sube la presión en Europa y América Latina

Los acuerdos de la administración de Donald Trump para recortar precios de medicamentos en Estados Unidos a cambio de alivio arancelario abren una nueva batalla en 2026: los grandes laboratorios globales buscan ahora mejorar sus condiciones en Europa, donde los países pagan cerca de un tercio menos que EE.UU., mientras crecen las advertencias sobre posibles retrasos en el acceso a nuevos fármacos.

Del recorte en Estados Unidos al intento de recomposición en Europa

Tras aceptar rebajas de precios en Estados Unidos bajo presión de la Casa Blanca, las farmacéuticas globales encaran 2026 con un objetivo claro: obtener precios más altos para sus medicamentos recetados en Europa. Los acuerdos sellados el año pasado con el presidente Donald Trump ataron el lanzamiento de nuevos fármacos en EE.UU. a precios más alineados con los de otros países desarrollados.

Trump ha insistido en que “otros países ricos pagarán más por los medicamentos” para que las empresas puedan bajar los precios en el mercado estadounidense. En esa línea, Estados Unidos y el Reino Unido cerraron un acuerdo según el cual Londres recibe alivio arancelario a cambio de aumentar en un 25% el precio neto que paga por nuevos medicamentos estadounidenses.

El año pasado, 14 grandes farmacéuticas pactaron con la administración Trump reducir precios de algunos medicamentos vendidos a Medicaid y a pacientes que pagan en efectivo, y vincular los precios de lanzamiento de nuevos fármacos en EE.UU. a los valores que se pagan en otros países ricos. A cambio, recibieron tres años de exención frente a la amenaza de aranceles elevados sobre sus productos.

“Un retraso estructural muy significativo” en el acceso europeo

Las compañías ya anticipan que estas concesiones en Estados Unidos reavivarán la disputa en Europa. Varios inversores, un lobista y un ejecutivo farmacéutico advirtieron que negociaciones más duras podrían llevar a las empresas a retrasar el lanzamiento de nuevos medicamentos en algunas partes de Europa, con impacto directo en el acceso de los pacientes.

El tema será central en la Conferencia de Salud de JP Morgan en San Francisco, que comienza el 12 de enero y reúne cada año a ejecutivos y grandes inversores del sector. Desde la industria, Sebastian Guth, director de Operaciones de Bayer y miembro del directorio de PhRMA, sostuvo que los líderes europeos están abiertos a revisar políticas de precios, especialmente si eso garantiza un acceso más temprano a nuevos fármacos.

“Si analizamos los medicamentos innovadores lanzados y aprobados en los últimos 10 años, los estadounidenses tienen acceso al 80%, mientras que los europeos tienen acceso a menos del 50%”, afirmó Guth. Y subrayó: “Existe un retraso estructural muy significativo en Europa”. Ese diferencial se apoya en el poder de compra de los sistemas nacionales de salud europeos, que negocian precios, presionan a la baja y pueden demorar la incorporación de terapias a sus catálogos para conseguir mejores condiciones.

Europa, la política y el pulso de los mercados

Para los mercados, el impacto de los acuerdos de 2025 fue menos severo de lo temido inicialmente. Las acciones de la mayoría de los grandes laboratorios subieron tras los anuncios, ya que los inversores consideraron que los recortes se limitaban a un número acotado de medicamentos y valoraron la eliminación del riesgo arancelario.

“Los temores sobre los precios más pesimistas claramente no se están materializando”, sostuvo Linden Thomson, gestor senior de Candriam Asset Management. A pesar de años de controversias políticas, Thomson remarcó que los precios de lanzamiento en Estados Unidos no están bajando, y señaló que algunos productos nuevos llegan al mercado a valores “considerablemente más altos de lo que incluso Wall Street espera”, citando el caso de Inlexzo, de J&J, para un tipo de cáncer de vejiga, lanzado en septiembre con un precio de más de 1,5 millones de dólares por tratamiento.

Desde el lado de los fondos, Marshall Gordon, analista senior de ClearBridge Investments, advirtió que llevará tiempo que la presión sobre los políticos europeos se traduzca en mayores precios: “No se puede obligar a los europeos a gastar más de repente”, explicó. “Pero los acuerdos sí otorgan a las empresas poder de negociación”.

Algunas farmacéuticas, como AstraZeneca, Novartis y Sanofi, ya habían advertido que Europa corre el riesgo de perder acceso a nuevos medicamentos si los gobiernos no modifican la forma en que sus sistemas de salud evalúan y remuneran la innovación. La vocera de PhRMA, Sarah Ryan, destacó señales de avance: “Ya hemos visto progresos con el acuerdo entre Estados Unidos y el Reino Unido anunciado a finales del año pasado, y es alentador ver que la administración Trump continúa este trabajo con otras naciones para abordar el aprovechamiento indebido de la innovación estadounidense por parte de países extranjeros”.

Desde Londres, Gareth Powell, jefe de inversiones en salud de Polar Capital, planteó una estrategia más agresiva por parte de las compañías: “Las empresas podrían optar por lanzar algunos medicamentos nuevos en Estados Unidos y retrasar su venta en Europa”. Y agregó que “eso podría significar que, al menos durante un par de años hasta que termine la presidencia de Trump, estos productos simplemente no se lanzarán en Europa”.

En paralelo, las tensiones políticas añaden ruido. Un lobista de Washington que trabaja con laboratorios, bajo condición de anonimato, consideró poco probable que los gobiernos europeos hagan grandes concesiones a EE.UU. dada la acumulación de fricciones diplomáticas, como el reciente intento de Trump de “comprar Groenlandia”, territorio de Dinamarca, miembro de la OTAN. “No es que la administración Trump haya hecho un montón de cosas que hayan hecho felices a los europeos y los hayan hecho dispuestos a ser amables con él”, afirmó. “Él los está antagonizando”.

La pregunta por la Argentina: impacto indirecto y negociación de precios

Aunque la Argentina no forma parte de los acuerdos de precios y alivio arancelario que hoy reconfiguran la relación entre Washington, Londres y las capitales europeas, el movimiento global de las grandes farmacéuticas abre interrogantes sobre cómo se trasladarán esas estrategias a mercados regulados y con alta participación estatal en la financiación de medicamentos, como el sistema argentino.

En la práctica, los mismos laboratorios que buscan recuperar margen en Europa tras conceder rebajas en Estados Unidos también negocian en el país con el PAMI, las obras sociales y el sector privado, en un contexto de fuerte presión inflacionaria y restricciones presupuestarias. La tensión entre acceso, sustentabilidad del gasto y rentabilidad corporativa que hoy se libra en Bruselas y Londres anticipa debates similares en Buenos Aires, donde el punto de equilibrio entre precios, disponibilidad de innovaciones y capacidad de pago del sistema seguirá siendo uno de los ejes más sensibles de la agenda de salud y de la industria farmacéutica en los próximos años.

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