El intestino que envejece puede deteriorar la memoria: un estudio revela el rol del eje intestino ‑ cerebro

Un trabajo en ratones publicado en Nature mostró que cambios en el intestino ligados a la edad, impulsados por la bacteria Parabacteroides goldsteinii y sus ácidos grasos de cadena media, dañan el nervio vago y favorecen el deterioro de la memoria, mientras que fármacos como Saxenda (Novo Nordisk) lograron revertir ese declive cognitivo al reactivar la comunicación intestino‑cerebro.

Cómo el microbioma envejecido dispara inflamación y afecta al nervio vago

Los investigadores observaron que, con el envejecimiento, el tracto gastrointestinal empieza a producir moléculas que “apagaron” la actividad del nervio vago, principal vía de comunicación entre el intestino y el cerebro. En concreto, identificaron a la bacteria Parabacteroides goldsteinii como un microbio que se vuelve más abundante con la edad y produce ácidos grasos de cadena media (MCFAs, por sus siglas en inglés).

Niveles elevados de MCFAs activan células inmunes en el intestino, que comienzan a liberar moléculas inflamatorias. Una de ellas, la interleucina IL‑1β, “impairs the function of the vagus nerve”, interfiriendo con la señalización hacia el hipocampo, la región del cerebro donde se forman los recuerdos. En ratones con deterioro cognitivo asociado a la edad, la administración de un virus bacteriano capaz de inhibir la actividad de P. goldsteinii redujo los niveles de MCFAs y mejoró la memoria, según reportaron los autores.

Saxenda y la hormona CCK: estimular el nervio vago para revertir el declive cognitivo

Más allá de actuar sobre la bacteria, el equipo exploró si era posible “encender” de nuevo el nervio vago desde el lado del huésped. Descubrieron que estimular esa vía mediante la administración de la hormona digestiva colecistoquinina (CCK) o del fármaco GLP‑1 Saxenda, de Novo Nordisk, lograba revertir los déficits de memoria vinculados al envejecimiento en los ratones.

Saxenda es un agonista del receptor GLP‑1 utilizado en humanos para la reducción de peso y el control de la glucemia, pero en este modelo murino también actuó como modulador del eje intestino‑cerebro. La activación del nervio vago restableció la actividad del hipocampo y permitió a los animales envejeci-dos recuperar un desempeño cognitivo comparable al de ratones jóvenes en pruebas de memoria y aprendizaje espacial.

“Un control remoto para el cerebro”: lo que dijo el autor del estudio

“El grado de reversibilidad del deterioro cognitivo relacionado con la edad en los animales, simplemente alterando la comunicación intestino-cerebro, fue una sorpresa”, afirmó Christoph Thaiss, de Stanford Medicine, líder del trabajo, en un comunicado.

El investigador añadió: “Solemos pensar que el deterioro de la memoria es un proceso intrínseco al cerebro. Pero este estudio indica que podemos mejorar la formación de la memoria y la actividad cerebral cambiando la composición del tracto gastrointestinal, una especie de control remoto para el cerebro”.

El grupo de Thaiss describió un circuito en tres pasos hacia el deterioro cognitivo: primero, el envejecimiento intestinal y los cambios en el microbioma aumentan la producción de MCFAs; luego, las células inmunes del intestino responden con inflamación y liberación de IL‑1β; finalmente, esta cascada inflamatoria “estropea” la conexión del nervio vago con el hipocampo y acelera la pérdida de memoria.

Implicancias para el envejecimiento cerebral y la innovación en terapias digitales y farmacéuticas

Aunque los resultados provienen de modelos animales y no se pueden extrapolar de forma directa a humanos, el trabajo apunta a un nuevo frente para la investigación de tratamientos contra el deterioro cognitivo: el eje microbiota‑intestino‑cerebro.

La posibilidad de modular la memoria actuando sobre bacterias específicas como P. goldsteinii, sus metabolitos o la señalización del nervio vago abre un campo potencial para futuras terapias combinadas, que incluya desde estrategias probióticas y viroterapia dirigida hasta el reposicionamiento de fármacos GLP‑1 como Saxenda en el terreno de las neurociencias.

En un contexto donde la industria farmacéutica ya invierte miles de millones de dólares en medicamentos para obesidad y diabetes basados en GLP‑1, la evidencia de que estos compuestos también pueden modular el “control remoto” intestino‑cerebro sugiere nuevas oportunidades de negocio y colaboración entre biotecnológicas, laboratorios de neurociencia y empresas de salud digital interesadas en prevenir o retrasar el deterioro cognitivo asociado al envejecimiento.

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