CONICET y Gisens Biotech desarrollan un test digital portátil para diagnosticar hepatitis E

Un equipo del CONICET, junto a la startup Gisens Biotech, creó un dispositivo portátil con chip de grafeno y algoritmos de inteligencia artificial capaz de detectar hepatitis E con sensibilidad y especificidad cercanas al 100%, a partir de una simple gota de sangre capilar.

La Red ViroSensAr y un biosensor pensado para enfermedades desatendidas

El avance surge de la Red ViroSensAr, una plataforma creada hace poco más de dos años para desarrollar biosensores rápidos y portátiles frente a infecciones virales desatendidas. En diciembre de 2025, la red publicó en ACS Sensors el desarrollo de un kit de diagnóstico digital para hepatitis E, una enfermedad emergente en Argentina transmitida principalmente por agua contaminada y que suele estar subdiagnosticada. “Como el sentido de la red tiene que ver con la detección en nuestro país de enfermedades desatendidas y de importancia sanitaria, el trabajo mancomunado de las partes involucradas derivó en el interés por la hepatitis E”, explicó Omar Azzaroni, investigador del CONICET en el INIFTA y coordinador de ViroSensAr.

Además del INIFTA (CONICET‑UNLP), la plataforma incluye al INQUIMAE (CONICET‑UBA) y al INSIBIO (CONICET‑UNT), y se completa con Gisens Biotech, startup de bioelectrónica y nanotecnología originaria de La Plata y con una sede en Estados Unidos. El dispositivo integra un chip sensor de grafeno desarrollado en este marco, que busca ofrecer una alternativa portátil, rápida y digital para el diagnóstico de infecciones virales.

Nanoanticuerpos de camélidos y grafeno: la base tecnológica del nuevo chip

El desarrollo actual se apoya en un trabajo previo, publicado en octubre de 2025 en Biosensors and Bioelectronics, donde los mismos grupos reportaron la incorporación de nanoanticuerpos en circuitos integrados de grafeno. Estos nanoanticuerpos, derivados de camélidos como llamas, alpacas o vicuñas, son “diez veces más pequeños” que los anticuerpos convencionales de otros mamíferos, lo que les permite penetrar mejor tejidos y los convierte en una herramienta terapéutica y diagnóstica versátil. En este caso, fueron generados en el INSIBIO y diseñados específicamente para hepatitis E, ya que reconocen el antígeno ORF2, principal marcador del virus.

“Por primera vez pudimos integrar esos nanoanticuerpos sobre la superficie de chips sensores que, en lugar de ser de silicio como los que utiliza la electrónica moderna, por ejemplo en computadoras o teléfonos inteligentes, son de grafeno, un material derivado del grafito que es cien veces más duro que el acero y mejor conductor eléctrico que el cobre”, detalló Esteban Piccinini, investigador del CONICET en el INIFTA y uno de los autores de ambos trabajos. Y subrayó que esta combinación “permite una detección rápida, digital y portátil”. Piccinini, referente en el área, recibió en 2023 el premio MIT Innovators Under 35 Award, otorgado por la Revista de Tecnología del MIT a jóvenes innovadores menores de 35 años.

Machine learning para llevar la precisión diagnóstica a casi el 100%

El siguiente paso, descrito en el trabajo de ACS Sensors, fue sumar inteligencia artificial al biosensor. “El paso siguiente fue la incorporación de machine learning al dispositivo para optimizar la precisión de las pruebas diagnósticas”, continuó Piccinini. El algoritmo de aprendizaje automático fue desarrollado por Gisens Biotech y puesto a disposición de los equipos científicos, que lo integraron al sistema de lectura del chip.

“El test original pasó de una sensibilidad del 89 por ciento y una especificidad del 69 por ciento a casi un 100 por ciento en ambos valores una vez que se lo complementó con esta técnica”, destacó el investigador. Y remarcó un punto clave para la escalabilidad tecnológica: “Al ser un lenguaje digital, además, esta mejora tiene un costo prácticamente nulo si se lo compara con lo que podría costar hacer modificaciones al hardware, en este caso a un chip”.

Hepatitis E: subdiagnóstico, zoonosis y la ventaja de un test capilar portátil

Según la Organización Mundial de la Salud, en los últimos años se han registrado casi 20 millones de casos de hepatitis E aguda en el mundo, la forma más común de la enfermedad, que suele remitir sola en dos a seis semanas pero puede volverse crónica o evolucionar a hepatitis fulminante con alta mortalidad.

Aunque la infección se observa globalmente, su prevalencia es mayor en regiones de África, Asia y Centroamérica. Argentina se considera un país de baja endemia, pero en la última década se reportaron casos en las regiones centro y norte, y la Sociedad Argentina de Infectología estima un fuerte subdiagnóstico, con la mayoría de los casos sin detectar.

En el país se ha documentado circulación de variantes zoonóticas del virus, es decir, que se transmiten de animales a humanos. Este contagio se ha reportado por consumo de carne de cerdo mal cocida y también por la presencia de roedores. El diagnóstico actual no está estandarizado y requiere pruebas analíticas muy específicas que busquen anticuerpos contra el virus, ya que por los síntomas no puede distinguirse de otras hepatitis o infecciones que también causan ictericia. El nuevo test digital, al pasar de requerir sangre venosa a sangre capilar —obtenida con un pequeño pinchazo en la yema del dedo—, promete simplificar la toma de muestra y reducir la necesidad de personal altamente especializado. “Esta simplificación va a permitir realizar diagnósticos en puntos de testeos chicos o sitios rurales, prescindiendo además de personal altamente especializado, no siempre disponible fuera de los grandes centros de salud”, añadió Piccinini.

De resultado cualitativo a medición cuantitativa: impacto en el seguimiento clínico

Otra ventaja clave del dispositivo respecto de los tests en uso es la calidad de la información que entrega. No solo discrimina entre resultado negativo y positivo, sino que aporta un valor cuantitativo de antígeno dentro del grupo positivo, dato que los test convencionales no brindan. Esto permite conocer la concentración exacta del marcador viral en sangre, un elemento crítico en infecciones que, como la hepatitis E, pueden volverse crónicas y prolongarse durante seis meses o más.

“Estos pacientes se tratan con fármacos durante mucho tiempo, y conocer sus niveles de carga viral resulta esencial para corroborar si el tratamiento está siendo efectivo o no, y si es necesario cambiar las drogas”, explicó el investigador. En un contexto de creciente interés global por dispositivos point‑of‑care, biochips de grafeno y soluciones basadas en inteligencia artificial, el desarrollo conjunto entre CONICET y Gisens Biotech para hepatitis E posiciona al ecosistema científico‑tecnológico argentino en un segmento de alto potencial dentro del mercado de diagnósticos digitales para enfermedades infecciosas emergentes y desatendidas.

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