
Cómo la “grasa beige” ayuda a mantener a raya la presión arterial y promueve nuevas terapias
- curecompass
- 17 enero, 2026
- I+D, Medicina, Tecnología
- obesidad, Paul Cohen, Portada, Presión Arterial, The Rockefeller University, Weslie R. and William H. Janeway Laboratory of Molecular Metabolism
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Un nuevo trabajo científico afirma que la pérdida de grasa beige —un tejido adiposo termogénico distinto a la grasa blanca— puede disparar la sensibilidad de los vasos sanguíneos a la angiotensina II y elevar la presión arterial, al activar una enzima clave llamada QSOX1; los hallazgos, abren la puerta a terapias más precisas contra la hipertensión basadas en el diálogo entre grasa y sistema vascular.
De la obesidad a la hipertensión: el rol oculto del tipo de grasa
Durante años se sabía que la obesidad aumenta el riesgo de hipertensión y enfermedad cardiovascular, pero no estaba claro qué había en la grasa que alteraba la función vascular. El nuevo estudio se enfocó en la grasa beige (en la imagen principal se ve una aorta de ratón con marcado inmunofluorescente, que enfatiza la estrecha conexión entre la vasculatura y la grasa), un tipo de tejido adiposo termogénico que ayuda al organismo a quemar energía, y que en ratones se parece al tejido adiposo marrón de los adultos humanos.
Basados en evidencias clínicas previas que mostraban que las personas con más grasa marrón tienen “menores probabilidades de hipertensión”, los investigadores crearon modelos de ratón incapaces de formar grasa beige para estudiar qué ocurre cuando este tejido se pierde. Encontraron que la ausencia de grasa beige aumenta la sensibilidad de los vasos sanguíneos a la angiotensina II, una de las hormonas vasoconstrictoras más potentes del organismo, y que bloquear una enzima implicada en el endurecimiento de los vasos puede restaurar una función vascular saludable.
“La presión arterial alta está fuertemente relacionada con la obesidad. Pero el mecanismo que vincula la grasa con la función de los vasos sanguíneos sigue siendo un misterio, especialmente la contribución de la grasa termogénica marrón y beige, una forma de tejido adiposo que produce calor y que está relacionada con una mejor salud cardiovascular.”
“Sabemos desde hace mucho tiempo que la obesidad eleva el riesgo de hipertensión y enfermedad cardiovascular, pero la biología subyacente nunca se había entendido del todo”, explicó Paul Cohen, director del Weslie R. and William H. Janeway Laboratory of Molecular Metabolism. “Ahora sabemos que no es solo la grasa en sí, sino el tipo de grasa —en este caso, la grasa beige— lo que influye en cómo funciona la vasculatura y regula la presión arterial de todo el cuerpo”, añadió.
“La pérdida de grasa beige termogénica libera la enzima QSOX1, que produce fibrosis de los vasos sanguíneos y aumenta la sensibilidad de los vasos a las señales que aumentan la presión arterial, lo que provoca hipertensión.“
Prdm16, pérdida de grasa beige y vasos más rígidos
Para aislar el efecto de la grasa beige, el equipo de Cohen diseñó ratones sanos en todos los aspectos, salvo por la pérdida completa de identidad de grasa beige. Mediante la eliminación del gen Prdm16 específicamente en los adipocitos, lograron que en estos animales el tejido adiposo pasara a comportarse como grasa blanca, sin cambios por obesidad ni inflamación que confundieran los resultados.
Lo que parecía un cambio sutil tuvo un impacto notable: la grasa que rodea los vasos sanguíneos comenzó a expresar marcadores de grasa blanca, incluyendo angiotensinógeno, precursor de una hormona que eleva la presión arterial. Los ratones mostraron presión arterial y presión arterial media elevadas, y el análisis tisular evidenció acumulación de tejido fibroso y rígido alrededor de los vasos. Al estudiar las arterias de estos animales, los científicos observaron una hipersensibilidad marcada a la angiotensina II.
“Nos sorprendió encontrar un remodelado tan drástico del tejido adiposo que recubre la vasculatura”, señaló Mascha Koenen, investigadora posdoctoral del laboratorio de Cohen. Estudios de secuenciación de ARN de núcleo único mostraron que, en ausencia de grasa beige, las células vasculares activaban un programa génico que favorece tejido fibroso y rígido, lo que hace a los vasos menos flexibles, obliga al corazón a bombear con más fuerza y eleva la presión arterial.
QSOX1: la enzima que conecta grasa beige y presión arterial
Para identificar el mensajero clave entre la grasa y el vaso sanguíneo, el equipo probó mediadores secretados por adipocitos deficientes en grasa beige y observó que el solo contacto de ese “fluido” con células vasculares activaba genes que promueven tejido fibroso. Al apoyarse en grandes bases de datos de expresión génica y proteica, los investigadores identificaron una enzima única, QSOX1, secretada por estos adipocitos y previamente vinculada al remodelado tisular en cáncer.
Descubrieron que la grasa beige normalmente mantiene QSOX1 “apagada”, pero cuando se pierde la identidad beige, la enzima se sobreproduce y dispara una cascada de eventos que culmina en hipertensión. Para confirmarlo, generaron ratones sin Prdm16 ni Qsox1: estos animales no tenían grasa beige, pero tampoco presentaban disfunción vascular, lo que apuntala a QSOX1 como pieza central del mecanismo.
En conjunto, los datos describen un eje de señalización independiente de la obesidad: la pérdida de grasa beige libera QSOX1, que a su vez promueve el remodelado dañino de los vasos y eleva la presión arterial. Además, en grandes cohortes clínicas, personas con mutaciones en PRDM16 —el mismo gen cuya pérdida activa QSOX1 en ratones— muestran presiones arteriales más altas, lo que indica que las observaciones en modelos animales se trasladan bien a humanos.
De la “traducción inversa” a futuras terapias dirigidas
El trabajo también es un ejemplo de “traducción inversa”, una estrategia habitual en médicos‑científicos como Cohen, que además atiende pacientes en Memorial Sloan Kettering. En este caso, utilizó modelos murinos para explicar un fenómeno observado en humanos: cómo ciertas características del tejido adiposo pueden modular el riesgo de hipertensión.
Los hallazgos avanzan la misión del laboratorio de Cohen de desentrañar los mecanismos celulares y moleculares que conectan la obesidad con enfermedades posteriores, aportando una nueva explicación mecanística para una condición asociada a exceso de peso. Se abren así varias líneas de investigación: estudiar cómo QSOX1 remodela el “andamiaje” que rodea los vasos, qué partes del receptor de angiotensina puede modificar, y cómo las diferencias en la grasa perivascular influyen en qué regiones del árbol vascular son más vulnerables a la enfermedad.
Las conclusiones también plantean la posibilidad de nuevas estrategias terapéuticas contra la hipertensión, incluyendo el bloqueo de QSOX1 como diana específica. “Cuanto más sepamos sobre estos vínculos moleculares, más podremos avanzar hacia la idea de un mundo en el que podamos recomendar terapias dirigidas en función de las características médicas y moleculares de cada individuo”, remarcó Cohen. En un mercado donde hoy predominan fármacos antihipertensivos de acción sistémica, la identificación de este eje grasa‑vaso sugiere un futuro nicho de tratamientos de precisión que podría reconfigurar tanto la cardiología clínica como la agenda de innovación de la industria farmacéutica cardiovascular.
Imágen: Laboratorio Cohen



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