
Cáncer y verano: las claves para proteger la piel durante la quimioterapia e inmunoterapia, según LALCEC
- curecompass
- 9 enero, 2026
- Campañas, Salud
- Cáncer, Carlos Silva, dermatología, Laboratorios Panalab, Lalcec, Portada
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Durante el verano, los tratamientos oncológicos como la quimioterapia y la inmunoterapia pueden volver la piel más sensible al sol y aumentar el riesgo de lesiones, por lo que especialistas de LALCEC Argentina, junto al Dr. Carlos Silva, recomiendan evitar la exposición en horas pico, usar FPS 50 y consultar siempre al oncólogo y al dermatólogo ante cualquier cambio cutáneo sospechoso.
Cómo afecta el tratamiento oncológico a la piel
Según LALCEC Argentina, algunos medicamentos usados para tratar tumores pueden generar efectos secundarios en la piel, tanto en el contexto de quimioterapia como de inmunoterapia. El Dr. Carlos Silva explica que estos fármacos “pueden producir distintos tipos de lesiones”, y aclara que en la mayoría de los casos “la gran mayoría son reversibles y no dejan secuelas”.
De todos modos, enfatiza que es clave no minimizar cambios aparentes: muchas personas “pasan por alto ciertas señales porque piensan que son irrelevantes o que no tienen relación con el tratamiento”, por lo que recomienda consultar al médico para verificar si el medicamento recibido puede estar generando efectos secundarios en la piel y así realizar un seguimiento adecuado.
Cuidados básicos de la piel durante el tratamiento
Durante el tratamiento oncológico, el equipo de LALCEC sostiene que es fundamental tomar recaudos adicionales frente al sol. Entre las medidas destacadas se incluyen:
- Evitar el sol entre las 10 y las 16 horas, o siempre que la sombra sea más corta que la propia altura.
- Usar protector solar, idealmente con FPS 50, y reaplicarlo según indicación, especialmente en jornadas largas al aire libre.
- No tomar sol si se reciben medicamentos fotosensibilizantes: se sugiere preguntar al oncólogo “cuáles de las drogas del tratamiento pueden aumentar la sensibilidad a la radiación ultravioleta”.
- Mantener una buena hidratación, tanto bebiendo suficiente agua como aplicando cremas hidratantes diariamente para reforzar la barrera cutánea.
Respecto del riesgo diferencial, Silva aclara que en algunos casos los pacientes oncológicos sí corren mayor riesgo ante la exposición prolongada al sol, porque ciertos fármacos pueden volver la piel más sensible, pero esto no sucede con todos los tratamientos; por eso insiste en la consulta individualizada con el equipo médico.
Recomendaciones para el verano: ropa, sombrero y FPS 50
De cara a los meses de mayor radiación, el médico resume una serie de pautas concretas. Señala que “es fundamental evitar la exposición al sol en las horas pico, incluso cuando está nublado”, dado que los rayos ultravioletas atraviesan las nubes.
También indica que es importante “usar protector solar con FPS 50, aplicarlo antes de salir y volver a colocarlo cada dos horas o después de actividades acuáticas”. A esto se suma la recomendación de “usar ropas claras y de mangas largas, para cubrir brazos y piernas, que son las más expuestas”, así como proteger el cuero cabelludo con un sombrero, ya que esa área también recibe una alta carga de radiación solar.
Estas medidas se integran a los esquemas de tratamiento oncológico como parte del cuidado integral, donde el control de la fotosensibilidad inducida por fármacos resulta clave para evitar complicaciones adicionales.
Cuándo consultar al dermatólogo y qué señales vigilar
Desde LALCEC se aconseja realizar un control anual con un dermatólogo, preferentemente antes del verano, para recibir indicaciones personalizadas y detectar posibles lesiones de alto riesgo que requieran seguimiento.
Más allá del chequeo programado, se sugiere consultar de inmediato si aparece alguna lesión cutánea que:
- Persiste en el tiempo.
- Es asimétrica.
- Tiene bordes irregulares.
- Cambia de color o es muy oscura.
- Supera los 6 milímetros.
- Crece, sangra o muestra algún cambio importante.
En un contexto donde los tratamientos oncológicos conviven con una alta exposición estacional al sol, la integración de hábitos de fotoprotección, controles dermatológicos regulares y coordinación con oncología se consolida como un eje crítico para la seguridad de los pacientes y para la buena práctica en el ecosistema de salud y la industria que desarrolla y acompaña estas terapias.



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