
Caída de la natalidad: cuánto pesa la infertilidad frente a los factores sociales y ambientales
- curecompass
- 25 enero, 2026
- Actualidad, OTC, Salud
- Departamento de Proyecciones de Población de Naciones Unidas, Destacado, Dinamarca, Emmanuel Macron, fertilidad, Francia, natalidad, PAMI, Portada, Unión Europea
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El de la baja de la natalidad ya es un problema que preocupa a la Argentina pero en Francia el asunto ya es un tema de Estado. El desplome de la fecundidad en Francia hasta 1,56 hijos por mujer –el nivel más bajo desde el final de la Primera Guerra Mundial– reavivó la discusión sobre cuánto del descenso de la natalidad responde a una elección y cuánto a una incapacidad biológica para concebir.
Sin dudas, el estilo de vida Occidental está bajo escrutinio. Mientras el presidente Emmanuel Macron señalaba en 2024 a la infertilidad como una de las causas del descenso de la natalidad y la calificaba como una “plaga” y el “tabú del siglo”, demógrafos y especialistas en medicina reproductiva se cruzan en torno al peso real de los factores biológicos frente a los socioeconómicos, en un debate que ya desborda las fronteras francesas y se proyecta sobre todas las sociedades que entran en transición demográfica avanzada.
Una de cada seis personas sufre infertilidad y el esperma se ha reducido a la mitad
A escala global, las estimaciones internacionales más recientes apuntan a que alrededor de una de cada seis personas ha experimentado infertilidad al menos una vez en su vida, definida como 12 meses de relaciones sexuales regulares sin protección que no culminan en embarazo. Esa proporción se mantiene sorprendentemente estable entre regiones: cerca del 16,5% de la población en edad reproductiva en países de ingresos bajos y medios y del 17,8% en países de ingresos altos. En Francia, esto se traduce en casi 3,3 millones de personas en edad reproductiva afectadas por algún tipo de infertilidad.
Paralelamente, estudios de gran escala han documentado una caída drástica en la concentración espermática en la población masculina general. El análisis global más reciente muestra que la media pasó de 101 millones de espermatozoides por mililitro (M/ml) en 1973 a 49 M/ml en 2018, acercándose al umbral de 40–50 M/ml por debajo del cual la probabilidad de concepción disminuye con rapidez. Los autores describen esta aceleración como “alarmante” y la vinculan con un deterioro más amplio de la salud reproductiva, que incluye un aumento mundial del cáncer testicular en varones jóvenes y una mayor necesidad de recurrir a técnicas de reproducción asistida (TRA).
En países como Dinamarca, las TRA ya explican alrededor del 10% de los nacimientos, mientras que en Francia su uso creció de forma casi lineal en las últimas cuatro décadas, hasta representar cerca del 4% de los nacimientos, es decir, uno de cada 25 niños. Para Niels Skakkebaek, endocrinólogo de la Universidad de Copenhague, estos datos son una señal de que “la prosperidad ligada a la industrialización tiene un precio: la contaminación industrial”, y sostiene que el aumento del cáncer testicular y la caída de la calidad seminal apoyan una hipótesis de origen ambiental, en particular la exposición a disruptores endocrinos y pesticidas.
Demógrafos: la edad materna y las decisiones de vida siguen siendo el motor principal
Pese a la magnitud de estas cifras, muchos demógrafos sostienen que, por ahora, la infertilidad explica solo una parte minoritaria de la caída de la natalidad. “El descenso de la fertilidad masculina es un indicador importante de salud pública, una señal temprana del impacto de la contaminación en la salud, pero no podemos concluir que afecte automáticamente a la fecundidad”, advierte Elise de La Rochebrochard, investigadora del INED‑Inserm‑Universidad París‑Saclay.
“El descenso global de la fertilidad se considera principalmente el resultado de factores sociales, económicos y conductuales, más que de una disminución generalizada de la fertilidad biológica”, coincide Patrick Gerland, director del Departamento de Proyecciones de Población de Naciones Unidas. Según explica, la edad actúa como puente entre ambos mundos: a mayor edad, menor fertilidad. Para las mujeres, la probabilidad de concebir por ciclo ronda el 25% a los 25 años, cae al 12% a los 35 y se reduce al 6% a los 40, por lo que el retraso de la maternidad se convierte en una de las principales fuentes de infertilidad “por calendario”.
En Francia, la edad media al primer parto subió de unos 27 años en la década de 1970 a 31,2 años hoy, según el INSEE, lo que aumenta el riesgo de no concretar el número de hijos deseados. “En este sentido, la infertilidad es más bien una consecuencia de los cambios demográficos que conducen a la disminución de la tasa de natalidad, y no al revés”, plantea De La Rochebrochard. Para Gerland, estos efectos ya están incorporados “implícitamente” en los modelos demográficos de la ONU, que agregan tasas específicas por edad y se apoyan en la teoría de la transición demográfica para proyectar el futuro.
Una nueva métrica: embarazos no asistidos para medir la fertilidad “real”
Frente a esta lectura sobre todo socioeconómica, algunos investigadores –especialmente en los países nórdicos– argumentan que los modelos demográficos clásicos subestiman el deterioro biológico de la fertilidad. En Dinamarca, un grupo liderado por Skakkebaek y Rune Lindahl‑Jacobsen, profesor de epidemiología y demografía en la Universidad del Sur de Dinamarca, propuso en 2025 un nuevo indicador: la “tasa general de embarazos no asistidos”, que contabiliza todos los embarazos concebidos de forma natural (nacidos vivos y abortos inducidos), pero excluye los nacimientos por TRA.
“Esta tasa refleja mucho mejor el potencial reproductivo de una población que el número de nacidos vivos”, sostiene Lindahl‑Jacobsen. El seguimiento de este indicador en Dinamarca muestra que el descenso de la fertilidad natural comenzó antes y de forma más pronunciada de lo que sugiere la tasa de fecundidad convencional. En un artículo publicado en The Lancet en junio de 2025, el equipo aboga por que demógrafos y expertos en reproducción colaboren para “reducir las brechas entre sus respectivos campos de investigación” y anuncia un estudio destinado a desentrañar el peso relativo de los factores socioeconómicos y biológicos en la capacidad reproductiva.
“Esto puede trasladarse fácilmente al contexto de la Unión Europea, algo que, dado el problema del envejecimiento de nuestra población, es una decisión que deberíamos haber tomado hace tiempo”, enfatiza la investigadora en biodemografía citada en el informe, subrayando que la discusión no es solo científica, sino también estratégica para la sostenibilidad de los sistemas de pensiones y de salud.
Contaminación, estilos de vida y retrasos en las políticas de prevención
Más allá de la edad y de la química ambiental, otros expertos señalan que los estilos de vida occidentales desempeñan un papel nada menor. En el “Informe sobre las causas de la infertilidad” presentado al gobierno francés en 2022, el especialista en reproducción Samir Hamamah y su equipo subrayan “el impacto negativo de los estilos de vida occidentales” en la fertilidad masculina y femenina, especialmente en los seis meses previos al embarazo.
El consumo de tabaco y alcohol, los trastornos alimentarios y la alta ingesta de alimentos ultraprocesados han sido relacionados con alteraciones en los gametos, en las etapas clave de la fecundación y en el desarrollo embrionario y fetal. Un estudio coordinado por Romain Barrès, del Instituto de Farmacología Molecular y Celular de Sophia Antipolis (Inserm, CNRS y Université Côte d’Azur), mostró que la dieta rica en ultraprocesados y calorías se asocia con una disminución de la testosterona y de la motilidad espermática. “Algo ha alterado la secreción de hormonas sexuales”, señala el biólogo. “Podrían ser los ftalatos, los ácidos grasos saturados o una absorción más rápida de nutrientes en el torrente sanguíneo”.
Mientras tanto, la estrategia nacional francesa contra la infertilidad sigue sin aplicarse plenamente. La reunión del comité directivo, prevista para finales de enero, se postergó a febrero. “Es urgente”, advierte Hamamah, que plantea el reto de proporcionar información y medidas preventivas “sin culpabilizar a las mujeres” y respetando al mismo tiempo la disminución del deseo de tener hijos.
En una Europa donde más del 95% de los países podrían situarse por debajo del nivel de reemplazo poblacional hacia 2100, según proyecciones recientes, la convergencia entre caída de la fecundidad, aumento de la infertilidad vinculada a la contaminación y cambios profundos en los proyectos de vida obliga a gobiernos, sistemas de salud y a la propia industria de medicina reproductiva a repensar tanto el negocio de las TRA como las políticas de prevención y regulación ambiental que marcarán el futuro del mercado de la fertilidad humana.
Mientras tanto, en países como Argentina donde pocos mencionan el tema como preocupante, sistemas de salud como el del PAMI, ya no pueden sostener a tres veces más adultos mayores que hace poco más de una década. Por si no se entendió, si, tres veces más viejos que en 2010.



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