Aspirina y Cáncer de Colon: un estudio realizado en China desarma el mito de la prevención

Un metaanálisis de 10 ensayos clínicos con casi 125.000 personas concluyó que el uso diario de aspirina no reduce el riesgo de cáncer colorrectal en la población general y, en cambio, aumenta el riesgo de sangrados graves, lo que cuestiona su uso preventivo masivo.

El cáncer colorrectal es el tercer tipo de cáncer más frecuente en el mundo y representa alrededor del 10% de todos los diagnósticos oncológicos, con 1,9 millones de nuevos casos y más de 900.000 muertes solo en 2022, según la Organización Mundial de la Salud. Aunque la mayoría de los casos se concentra en mayores de 50 años, la incidencia en personas más jóvenes viene en aumento, lo que reavivó el interés por estrategias de prevención, entre ellas la aspirina.

Distintos estudios habían mostrado que, en personas con riesgo genético elevado —como quienes tienen síndrome de Lynch— y en pacientes con adenomas previos o cáncer de colon tratado, una dosis baja diaria podría reducir el riesgo de recurrencia. Sin embargo, la nueva revisión sistemática y metaanálisis del West China Hospital de la Universidad de Sichuan, publicada en la Cochrane Database of Systematic Reviews, se centró en otra pregunta: ¿sirve la aspirina diaria para prevenir el cáncer colorrectal en adultos sin riesgo genético conocido ni antecedente de la enfermedad?

La respuesta de los autores es clara: “no hay evidencia” de beneficio preventivo en la población general y sí señales consistentes de daño potencial por eventos de sangrado.

10 ensayos, casi 125.000 personas y hasta 15 años de seguimiento

El equipo incluyó 10 ensayos clínicos aleatorizados con casi 125.000 participantes, todos adultos mayores sin diagnóstico previo de cáncer colorrectal, que compararon aspirina frente a placebo o ninguna intervención. La edad media oscilaba entre 53 y 71 años, y la mayoría de los participantes eran personas blancas.

Siete estudios utilizaron dosis bajas diarias de entre 75 y 100 mg de aspirina, mientras que tres emplearon dosis más altas de hasta 500 mg por día. Los investigadores siguieron la incidencia de cáncer colorrectal y pólipos precancerosos (adenomas) durante periodos de entre 5 y más de 15 años, y en seis trabajos también registraron muertes por cáncer de colon.

Además, se monitorizaron eventos adversos graves asociados a la aspirina, incluidos sangrados extracraneales importantes (hemorragias fuera del cráneo pero bajo el cuero cabelludo) y accidentes cerebrovasculares hemorrágicos.

“La historia de la aspirina y el cáncer es más compleja que un ‘sí’ o ‘no’”

Bo Zhang, MD, del Departamento de Cirugía General del West China Hospital y coautor principal de la revisión, fue categórico al presentar los resultados: “Como científicos, debemos seguir la evidencia a donde nos lleve. Nuestro análisis riguroso de los ensayos de mayor calidad revela que la historia de la ‘aspirina para la prevención del cáncer’ es más compleja que un simple ‘sí o no’”. Y remató: “La evidencia actual no respalda una recomendación general de usar aspirina únicamente para prevenir el cáncer de intestino”.

En su análisis, los autores concluyeron que:

  • La aspirina “probablemente tiene poco o ningún efecto” sobre la incidencia de cáncer colorrectal o adenomas en seguimientos de 5 a 15 años.
  • Podría incluso “aumentar la mortalidad por cáncer colorrectal” en los primeros 5 a 10 años, posiblemente porque favorece la progresión de tumores subclínicos ya presentes pero no detectados.
  • Más allá de los 15 años se observan señales de posible reducción de incidencia y mortalidad, pero los investigadores consideran esa evidencia incierta, ya que muchos participantes pueden haber interrumpido o iniciado aspirina por su cuenta, o recibido otros tratamientos.

Riesgo de sangrado: el efecto adverso que sí aparece rápido

En términos de seguridad, el trabajo señala que la aspirina tuvo poco impacto sobre el total de eventos adversos graves, pero sí “aumentó la probabilidad de hemorragias extracraneales importantes” y “probablemente incrementó el riesgo de accidente cerebrovascular hemorrágico”. Estos riesgos fueron más marcados con dosis más altas de aspirina.

Zhang advirtió sobre la falsa sensación de protección inmediata: “Mi mayor preocupación es que la gente pueda asumir que tomar una aspirina hoy los protegerá del cáncer mañana. En realidad, cualquier posible efecto preventivo tarda más de una década en aparecer, si es que aparece, mientras que el riesgo de sangrado comienza de inmediato”.

“Debemos abandonar el enfoque de talla única”: hacia una prevención de precisión

La revisión también cuestiona el modelo de recomendación masiva y uniforme. “Este estudio refuerza que debemos alejarnos de un enfoque de talla única para todos”, afirmó Dan Cao, MD, de la División de Tratamiento Multimodal de Tumores Abdominales del Cancer Center del West China Hospital y coautor senior del trabajo. “El uso generalizado de aspirina en la población general simplemente no está respaldado por la evidencia”, añadió. “El futuro está en la prevención de precisión: utilizar marcadores moleculares y perfiles de riesgo individuales para identificar quién podría beneficiarse más y quién está más expuesto al riesgo”.

Hoy, la aspirina en dosis bajas se recomienda de forma clara para personas con enfermedad cardiovascular establecida, como estrategia para reducir el riesgo de nuevos infartos o ACV, porque en esos casos el beneficio supera al riesgo de sangrado. Pero en individuos sin antecedentes cardiovasculares, las principales guías coinciden en que el incremento de hemorragias supera el potencial beneficio preventivo, tanto en eventos cardíacos como en cáncer, y la prioridad es controlar presión arterial, colesterol, peso, tabaquismo y otros factores de riesgo mediante cambios de estilo de vida.

Qué se sabe hoy sobre aspirina, cáncer y próximos pasos en investigación

La posible propiedad “anticáncer” de la aspirina lleva décadas en debate. Algunos estudios observacionales y ensayos en grupos específicos han sugerido que podría reducir el riesgo de cáncer colorrectal, especialmente en personas con adenomas previos o síndromes hereditarios como el de Lynch. Otros trabajos, como esta nueva revisión, no encuentran un beneficio claro cuando se analiza a la población general sin selección por riesgo.

Organismos como Cancer Research UK destacan que la aspirina “puede tener usos en el tratamiento y la prevención del cáncer, pero se necesita más investigación”. Actualmente, grupos académicos están evaluando si podría funcionar como tratamiento adicional en determinados tumores o ayudar a “evitar que el cáncer reaparezca después del tratamiento” en poblaciones cuidadosamente seleccionadas.

Mientras tanto, los autores insisten en que cualquier decisión de iniciar aspirina debe tomarse de forma individualizada, en diálogo con el equipo médico, y nunca como automedicación para “prevenir el cáncer” basándose solo en titulares.

En un contexto de envejecimiento poblacional y creciente carga de cáncer colorrectal a nivel global y regional, estos nuevos datos obligan a la industria farmacéutica, a los desarrolladores de guías clínicas y a los sistemas de salud a reorientar sus estrategias de prevención hacia un modelo más selectivo y de medicina de precisión, donde la aspirina deje de ser vista como una solución universal y pase a ocupar un lugar más acotado dentro del arsenal oncológico y cardiovascular.

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