Lugones lanza el Programa Nacional de ACV: red federal, StrokeApp y foco en hipertensión y obesidad

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Argentina pondrá en marcha un Programa Nacional de ACV que articulará una red federal de hospitales, cuatro centros coordinadores regionales y una plataforma digital unificada, con el objetivo de reducir tiempos de atención, ampliar el acceso a tratamientos y atacar factores de riesgo como hipertensión, diabetes y obesidad.

En el “2026 Global Stroke Alliance – VII Latin American Ministerial Meeting”, realizado en Buenos Aires, el ministro de Salud de la Nación, Mario Lugones, anunció la creación de un programa nacional para el diagnóstico y tratamiento del accidente cerebrovascular (ACV), una patología que causa más de 50.000 eventos por año y es la segunda causa de muerte en la población adulta en Argentina y el mundo. Según el ministro, “más del 80% de los casos ocurre en personas mayores de 65 años”, lo que convierte al ACV en un desafío central de salud pública y de financiamiento sanitario.

Lugones explicó que el programa creará “una red de hospitales nacionales para atención del ACV con protocolos unificados, coordinación en tiempo real y criterios comunes para la activación, derivación, tratamiento y rehabilitación de pacientes en todo el país”. La iniciativa integrará hospitales, servicios prehospitalarios y un sistema digital de alcance nacional para “reducir los tiempos de atención y ampliar el acceso a tratamientos que pueden salvar vidas y evitar incapacidades graves”.

Una red federal con cuatro centros coordinadores y código ACV

El esquema contempla cuatro centros coordinadores regionales que funcionarán como nodos de referencia y articulación, conectados con hospitales y servicios de emergencia provinciales y con un sistema digital capaz de coordinar en tiempo real la ruta del paciente. Para el ministro, el abordaje del ACV “requiere una articulación dinámica entre múltiples actores de una cadena que incluye al paciente o familiar —que debe poder reconocer los signos o síntomas—, un sistema prehospitalario entrenado y un hospital preparado para la atención del ACV”.

En esa lógica, los centros aptos para atender ACV deberían “quedar definidos de antemano en los protocolos locales”, y se recomienda implementar un dispositivo de alerta institucional como el “código ACV”. Ese código activa circuitos internos para ganar minutos críticos: preparar el tomógrafo, disponer equipos antes de la llegada del paciente, recibir la ambulancia en el acceso y asegurar que haya medicación y capacidad de intervención disponibles. La razón es matemática y brutal: “cada minuto de atención perdido implica la pérdida de cerca de 2 millones de neuronas” y, en los ACV isquémicos, existe una ventana de apenas 4,5 horas para indicar el tratamiento adecuado.

StrokeApp, registro nacional y articulación público‑privada

La doctora María Susana Azurmendi, de la Subsecretaría de Vigilancia Epidemiológica, Información y Estadísticas de Salud, subrayó que el país parte de una base sólida: “Argentina no comienza de cero. Muchas de las jurisdicciones tienen ya sus reglamentaciones definidas y redes a nivel jurisdiccional, también soluciones de software y aplicaciones”. Mencionó redes consolidadas en centros como Fleni, Hospital Italiano, Santa Familia y Güemes, así como desarrollos provinciales en Córdoba, Tierra del Fuego, Formosa y la provincia de Buenos Aires —con su ley de ACV y 26 hospitales en red—, además de experiencias en Mar del Plata, Tucumán, Entre Ríos, Neuquén y Salta.

El Programa Nacional de ACV unificará esos esfuerzos en cuatro herramientas clave: “En primer lugar, un protocolo nacional de ACV. En segundo lugar, los centros coordinadores regionales. En tercer lugar, la tecnología, como siempre presente, aplicada a esto: la StrokeApp y, por último, un registro nacional de ACV”, detalló Azurmendi. Sobre la aplicación, explicó: “Su función es geolocalizar al paciente, georreferenciarlo al centro más cercano que tenga las características que requiere de acuerdo al análisis que se hizo del paciente. Alertas y notificaciones también incluye porque el centro que lo recibe ya está avisado mientras el traslado de toda la información del paciente”.

La funcionaria remarcó que “sabemos que el ACV no es un problema simplemente médico, también es un problema de coordinación y de tiempo. Y la coordinación sí se puede gestionar”. El objetivo, dijo, es “articular entre las jurisdicciones, entre las obras sociales y también entre lo público y lo privado”.

PAMI: 25.000 ACV al año y protocolo con código stroke

Dentro del nuevo esquema, PAMI aparece como actor clave. Su director, Esteban Leguizamo, recordó que la obra social de los jubilados y pensionados “atiende a 5.400.000 afiliados” en todo el país y que dentro de ese universo “25.000 ACV son esperados al año”, con el 64% de la población concentrada en el AMBA. “La complejidad de la prestación médica de nuestro instituto es realmente importante”, admitió.

Leguizamo detalló que PAMI rediseñó su protocolo en la mesa de derivación para adaptarlo a la lógica del ACV. “Nuestro canal de comunicaciones es el 139 y contamos con 230 móviles diarios, distribuidos estratégicamente para implementar este programa. El 64% de la población que atendemos requiere que todos los eslabones del sistema estén involucrados: médicos, receptores, ambulancias y enfermeros”, explicó.

“El principal cambio tecnológico consistió en incorporar la opción de stroke en nuestra central. De este modo, al detectar un código rojo, se activa un apartado específico para el triage de ACV. Esta modificación en la tecnología nos permitió adaptarnos a la atención prehospitalaria, que es clave para mejorar la evolución de los afiliados”, señaló. En paralelo, “el sistema de despacho y derivación abre canales directos en tiempo real con los centros de stroke, que confirman de inmediato la disponibilidad de camas con los centros asociados”.

Para el titular del organismo, la experiencia de PAMI “se tiene que replicar y tiene que ser un anclaje para que se inicie una red tanto nacional, como también la red nacional de stroke de nuestro instituto”, mediante la expansión basada en sus Unidades de Gestión Local (UGL) en cada provincia.

ACV, hipertensión y obesidad: la prevención empieza en la infancia

Más allá de la logística de emergencia, Lugones dedicó buena parte de su mensaje a los factores de riesgo. Recordó que el 88% de los ACV en Argentina está asociado a hipertensión, que se gesta desde la infancia, y que “41% de los niños de 5 a 17 años en Argentina tiene sobrepeso u obesidad”, el principal factor modificable de riesgo cardiovascular.

El ministro dividió el problema en “stock” y “flujo”. El stock es la población que hoy ya está en riesgo —adultos con factores de riesgo, personas hipertensas, mayores de 65 años, pacientes con otras enfermedades—; el flujo, los niños y adolescentes que podrían integrar ese grupo en el futuro si no cambian sus hábitos. Para Lugones, un sistema que solo se ocupa de los que ya están en riesgo “corre detrás de la enfermedad”, mientras que uno que solo trabaja sobre la población futura deja sin respuesta a quienes hoy necesitan atención. “Abordar el ACV es trabajar los dos al mismo tiempo, y eso es exactamente lo que proponemos”, afirmó.

El ministro vinculó directamente el riesgo cerebrovascular con tres diagnósticos recurrentes en las historias clínicas: “diabetes, hipertensión y obesidad”. Aseguró que estas condiciones “comparten en la mayoría de los casos un origen ligado a la alimentación” y configuran el contexto ideal para un evento cerebrovascular. Describió el ACV como el final de un proceso de “años o décadas” marcado por exceso de sodio, azúcares y grasas saturadas, sedentarismo, hipertensión no tratada o mal tratada y diabetes no diagnosticada o mal manejada.

Por eso, enfatizó la prevención infantil: educación alimentaria desde la escuela, regulación de ultraprocesados, acceso a actividad física y un primer nivel de atención capaz de intervenir antes de que el daño esté instalado. Recordó que el 35% de los ACV no tratados a tiempo deja secuelas graves, con cuadros que se traducen en “rehabilitaciones, internaciones recurrentes y atención domiciliaria”, con impacto sobre el sistema y las familias.

Concientización, redes y certificación de centros: el nuevo estándar

Durante el encuentro, referentes como el neurólogo Pablo Ioli, presidente de la Sociedad Neurológica Argentina, insistieron en que existe “consenso internacional” sobre tres pilares de política pública en ACV: unidades de ACV institucionales, protocolos para todos los eslabones de la cadena y articulación entre actores, “incluyendo a la comunidad, que cumple un rol vital”.

El doctor Federico Giner, del Hospital Lagomaggiore y coordinador de la Red de TeleACV de Mendoza, destacó que “comienzan a verse los resultados de múltiples iniciativas de diferentes jurisdicciones del país” que articularon protocolos, servicios de emergencia, telemedicina y redes hospitalarias. Provincias como Mendoza y Salta ya trabajan en redes que conectan hospitales de alta complejidad con centros alejados mediante telemedicina, y experiencias similares se replican en CABA, Córdoba y Mar del Plata.

En el ámbito prehospitalario, el emergentólogo Adolfo Savia subrayó que, ante la sospecha de ACV, el servicio de emergencias debe aplicar un protocolo que permita reconocimiento, estabilización inicial y traslado a un centro preparado, “que no siempre es el más cercano”, y que la implementación de un “código ACV” institucional es clave para ganar tiempo.

La neuróloga Virginia Pujol Lereis, jefa de Neurología Vascular de FLENI y vicepresidenta de la SIECV, remarcó que “así como desde la cardiología se logró que la comunidad internalizara que un dolor de pecho es un síntoma de infarto, desde la neurología debemos continuar insistiendo para una mejor identificación de las manifestaciones del ACV, para que nadie minimice sus síntomas y pierda tiempo irrecuperable”. Recordó que Argentina cuenta ya con 16 centros de ACV certificados por la World Stroke Organization y la SIECV, y que esa certificación “garantiza que el centro se rige por las estrategias que demostraron modificar la historia natural de la enfermedad”.

Con la puesta en marcha del Programa Nacional de ACV —que incorpora veinte hospitales, cuatro centros coordinadores regionales, servicios de emergencia y herramientas digitales como StrokeApp—, Argentina busca consolidar un ecosistema de atención cerebrovascular que combine prevención, respuesta rápida y rehabilitación, elevando el estándar de cuidado en un segmento donde la articulación entre sistemas de salud, industria de dispositivos, tecnologías digitales y prestadores será determinante para reducir mortalidad, discapacidad y costos de largo plazo.

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