La Crisis del Hantavirus: organismos de salud se ponen a prueba frente al desafío de la comunicación post‑COVID

hantavirus epidemia crisis

El brote del hantavirus Andes en el crucero de lujo Hondius, con 11 casos y 3 muertes confirmadas hasta ahora, reactivó temores de pandemia y teorías conspirativas, y obligó a la OMS, al Africa CDC y a agencias nacionales a ensayar en tiempo real una nueva estrategia de comunicación de riesgo: hablar rápido, reconocer incertidumbres y, al mismo tiempo, insistir en que “esto no es otro COVID”.

La escena tiene todos los ingredientes para disparar alarmas. Un virus transmitido por roedores, un barco en cuarentena en medio del océano Atlántico, viajeros que vuelven dispersos a unos 20 países y un recuerdo muy fresco de lo que ocurrió con el Diamond Princess en 2020. No extraña que el brote del hantavirus Andes a bordo del Hondius haya encendido redes sociales llenas de miedo a nuevos encierros, barbijos y cierres de fronteras.

Pero, a diferencia de hace cuatro años, las autoridades sanitarias intentan que la conversación pública no quede librada a la inercia del pánico y la desinformación.

Lo que se sabe del brote en el Hondius

Hasta el jueves, se habían registrado 11 casos de hantavirus ligados al crucero, todos en personas que viajaban a bordo de la nave, con 3 fallecidos y decenas de pasajeros bajo monitoreo al regresar a sus países de origen.

Los análisis de laboratorio mostraron que se trata de la cepa Andes, un virus que circula desde hace décadas en zonas de Argentina y Chile y que, a diferencia de SARS‑CoV‑2 en 2020, no presenta cambios genómicos significativos respecto de lo ya conocido.

Los expertos remarcan que hay medidas de control establecidas. El hantavirus no es nuevo, no se transmite con la misma facilidad que un virus respiratorio como la COVID‑19 y los brotes suelen ser acotados cuando se aplican protocolos de aislamiento, rastreo de contactos y control ambiental adecuados.

Gustavo Palacios, profesor de la Icahn School of Medicine at Mount Sinai y especialista en hantavirus, lo planteó de manera directa: “Hemos perdido en parte la perspectiva”. Para el científico, un brote puede ser “un gran evento de salud pública que merece atención y acción sin necesidad de convertirse en una pandemia”.

Un manual de comunicación reescrito después de la pandemia

Si algo dejó la COVID‑19 es una herida de confianza. Entre 2020 y 2022, la fe en las instituciones de salud pública cayó en 20 de 27 países de la Unión Europea, según un estudio reciente. Fallas en la velocidad de respuesta, mensajes contradictorios, restricciones aplicadas de forma desigual y la politización de vacunas y medidas sanitarias alimentaron un escepticismo que hoy condiciona cualquier anuncio sobre virus emergentes.

Con ese telón de fondo, organismos como el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) aseguran dedicar tanto esfuerzo a la ciencia como al relato. “Pasamos la mitad del tiempo discutiendo cómo vamos a comunicar”, admitió Gianfranco Spiteri, responsable de emergencias del ECDC.

El desafío, dice, es explicar por qué el hantavirus es un evento serio —y merece conferencias de prensa, cartas abiertas y operativos en puertos— sin sobredimensionar el riesgo ni minimizar las incertidumbres que todavía existen sobre un virus que rara vez ha mostrado transmisión sostenida entre humanos. “Hay quienes dicen que estamos exagerando y, en el otro extremo, que no hacemos lo suficiente. Siempre basamos nuestros mensajes en la evidencia que tenemos”, subrayó Spiteri.

En Estados Unidos, los equipos de salud intentaron un tono más pedagógico y cercano. El Departamento de Salud de Illinois abrió un hilo en redes sociales sobre un caso de hantavirus sin vínculo con el crucero con un mensaje que buscaba bajar la ansiedad: “Hilo sobre hantavirus en camino. Pero tienen que prometer leerlo completo antes de entrar en pánico en el grupo de WhatsApp. ¿Trato?”.

El objetivo: adelantarse al tsunami de rumores con información clara, pero también con empatía y lenguaje comprensible.

Conspiraciones, ivermectina y el fantasma del “nuevo COVID”

Como era previsible, el brote del Hondius también reactivó la maquinaria de desinformación. En distintas plataformas comenzaron a circular mensajes que presentan al hantavirus como una amenaza mayor que la COVID‑19, o que recomiendan ivermectina, vitamina D y zinc como supuestas medidas preventivas, pese a la ausencia de evidencia científica.

Otras teorías conspirativas van más lejos y sugieren, falsamente, que el brote es un efecto secundario de la vacuna de Pfizer o incluso un “montaje” para favorecer a la industria farmacéutica.

Para Sander van der Linden, profesor de psicología en la Universidad de Cambridge y experto en desinformación, el problema no se resuelve solo con desmentidos puntuales. “Necesitamos hacer mucho más trabajo preparatorio para crear resiliencia en la población”, sostuvo, incluyendo mostrar a la gente, por adelantado, qué tipo de teorías conspirativas pueden aparecer frente a un brote y cómo identificarlas.

En este sentido, algunos especialistas valoran que la OMS haya reaccionado más rápido. Desde que se conoció el brote, el organismo viene realizando conferencias de prensa, alertas técnicas y sesiones de preguntas y respuestas en redes sociales. Incluso su director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, decidió escribir una carta abierta a la población de Tenerife, donde atracó el Hondius.

“Necesito que me escuchen con claridad: esto no es otro COVID”, escribió. “El riesgo actual para la salud pública por hantavirus se mantiene bajo. Mis colegas y yo lo hemos dicho de forma inequívoca y voy a repetirlo ahora para ustedes”.

Para Gabby Stern, quien encabezó las comunicaciones de la OMS hasta septiembre pasado, se perciben avances: “Estoy viendo mejoras, sobre todo en compartir lo que se sabe en el momento en que se sabe”. Aun así, admite que “no todas las lecciones han sido completamente absorbidas”.

El peso simbólico de un crucero en cuarentena

Más allá de los datos, la imagen de un crucero aislado en medio del mar vuelve a tocar fibras sensibles. La memoria del Diamond Princess, en Japón, donde 14 pasajeros murieron y casi una cuarta parte de las 3.000 personas a bordo se infectaron al inicio de la pandemia, sigue presente.

“La cuestión del crucero es una memoria muy fuerte del inicio del COVID”, señaló Krutika Kuppalli, profesora asociada de Medicina en la Universidad de Texas Southwestern. “Hay una reacción emocional que se está activando”.

En Tenerife, el operativo de desembarco bajo estrictas medidas de control infectológico reforzó esa sensación. Laura Millán, de 40 años, lo expresó así al ver llegar a Tedros junto a funcionarios españoles: “Me dio la impresión de que esto no es solo una gripe; si no, toda esta gente no estaría viniendo”, dijo, aunque reconoció que su presencia también le transmitía que se estaban tomando “las medidas correctas”.

Para Michael Osterholm, infectólogo de la Universidad de Minnesota, hay una lección que no debería olvidarse: “Una de las cosas que nos está enseñando esto es una lección que deberíamos haber aprendido con la COVID: lo que decimos es realmente importante”.

En un ecosistema mediático saturado, donde un brote puede convertirse en tendencia global en cuestión de horas, la forma en que se comunican riesgos como el hantavirus Andes a bordo del Hondius no solo determinará el nivel de confianza ciudadana en las próximas alertas, sino también la manera en que los sistemas de salud, los gobiernos y el propio sector de tecnologías médicas y farmacéuticas podrán sostener, sin parálisis ni pánico, las inversiones necesarias para prepararse frente a futuras emergencias infecciosas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

WP to LinkedIn Auto Publish Powered By : XYZScripts.com